La próxima temporada tendremos hasta cinco jugadores españoles en la NBA. Una cifra que confirma la buena salud de nuestro baloncesto, pero que también viene acompañada de muchas preguntas.
Aday Mara, Sergio de Larrea y Baba Miller afrontan su primer año en la liga. Santi Aldama cambia Memphis por Dallas en un momento importante de su carrera, mientras que Hugo González encara su segunda temporada en Boston con la obligación de seguir demostrando que puede ser algo más que un especialista defensivo.
No todos parten desde el mismo punto. Tampoco tienen las mismas oportunidades. Y, sobre todo, no todos necesitan conseguir lo mismo.
Aday Mara: paciencia en Oklahoma
Aday Mara llega a Oklahoma City Thunder, probablemente uno de los peores destinos posibles si lo que buscamos son minutos inmediatos, pero uno de los mejores si pensamos a medio y largo plazo. El problema es evidente: los Thunder cuentan con Chet Holmgren, Isaiah Hartenstein y Jaylin Williams, tres jugadores perfectamente integrados en la rotación interior. Además, habrá que comprobar qué ocurre con Thomas Sorber, elegido en el draft anterior y que se perdió toda la temporada por lesión.
Sobre el papel, Mara parte como cuarto o incluso quinto interior del equipo. No parece realista pensar que vaya a convertirse en una pieza importante antes de los playoffs. Oklahoma compite por el anillo y Mark Daigneault no va a regalar minutos si considera que el jugador todavía no está preparado para responder en un contexto de máxima exigencia. Pero eso no significa que no pueda jugar. Los Thunder utilizan con frecuencia dos interiores en pista y, en ese contexto, el perfil de Mara puede tener sentido.
Su tamaño, su capacidad para proteger el aro, su finalización cerca de canasta y, especialmente, su visión de juego son recursos interesantes para un equipo que necesita mantener su identidad defensiva sin renunciar a mover el balón. La clave será que Aday entienda su situación. Este no es el año de convertirse en el segundo pívot de Oklahoma. Es el año de adaptarse, aprender y aprovechar cada oportunidad que aparezca: lesiones, descansos, partidos decididos o problemas concretos de tamaño frente a determinados rivales.
Santi Aldama: de tener jerarquía a ganársela
Santi Aldama cambia Memphis por Dallas y el movimiento puede ser positivo para su carrera. En los Grizzlies había conseguido convertirse en una pieza muy importante de la segunda unidad. Era una bisagra ofensiva, un jugador capaz de conectar el juego, generar desde el pase y aportar puntos de diferentes maneras. En Dallas, sin embargo, tendrá que empezar prácticamente de cero.
Su principal problema será la competencia. P.J. Washington mantiene una jerarquía importante dentro del equipo, especialmente por su capacidad defensiva y por el papel que desempeñó en la carrera hacia las Finales de 2024. Además, los Mavericks han apostado fuerte por otros jugadores como Cooper Flagg y el rookie elegido en el número nueve, que también llega con expectativas elevadas. Tampoco parece sencillo que Aldama tenga muchos minutos como pívot. Jason Kidd ha utilizado tradicionalmente interiores más clásicos como Dereck Lively II o Daniel Gafford.
Pero aquí aparece la gran oportunidad. Dallas necesita mejorar ofensivamente. La temporada pasada fue un equipo con problemas para mover el balón, generar tiros liberados y dar continuidad a sus posesiones. Y Santi Aldama es precisamente uno de los perfiles que puede ayudar a corregir parte de esas carencias. No estamos hablando únicamente de anotar 12 o 14 puntos por partido. Aldama puede aportar circulación, lectura del juego, bloqueos, pases desde la parte alta y capacidad para castigar a defensas que le concedan espacio. En Memphis tenía jerarquía. En Dallas tendrá que ganársela.
Sergio de Larrea: la oportunidad más clara
De los tres rookies españoles, probablemente Sergio de Larrea sea quien tenga el camino más despejado hacia la rotación. Dallas necesita un base. No es una interpretación, sino una necesidad evidente después de los problemas que tuvo el equipo la pasada temporada en esa posición. Los Mavericks probaron distintas alternativas y ninguna terminó de solucionar el problema. Kyrie Irving volverá a ser una pieza fundamental, pero no debería ser la única respuesta.
Ahí es donde encaja Sergio de Larrea. Durante la Summer League dejó buenas sensaciones como generador. Su tamaño le permite ver líneas de pase que otros bases no encuentran y tiene capacidad para alimentar a jugadores que juegan por encima del aro. Si Dereck Lively o Daniel Gafford están sanos, puede beneficiarse mucho de ese tipo de conexiones. Sin embargo, hay una condición imprescindible: debe demostrar que también puede ser una amenaza ofensiva por sí mismo.
En la NBA, si un base no castiga las defensas, los rivales empiezan a flotar, pasan por detrás de los bloqueos y cierran las líneas de pase. De Larrea no necesita convertirse en un anotador compulsivo, pero sí debe transmitir la sensación de que puede hacer daño cuando le conceden espacio. Su objetivo no debería ser competir con Kyrie Irving. Debería ser convertirse en un complemento útil para él y en una alternativa fiable cuando Irving no esté en pista. Si termina la temporada con la sensación de que puede dirigir una segunda unidad NBA, habrá dado un paso enorme.
Baba Miller: un encaje interesante con muchas dudas
Baba Miller es probablemente el perfil más difícil de analizar. Su tamaño, movilidad y capacidad para defender varias posiciones le convierten en un jugador muy interesante para la NBA actual. Puede jugar como alero grande o como ala-pívot, tiene capacidad para rebotear y puede defender diferentes perfiles físicos. Además, su llegada a Los Angeles Clippers puede ofrecerle oportunidades. El equipo se encuentra en una situación complicada. Ha perdido talento veterano, no dispone de sus propias rondas de primera ronda durante los próximos años y necesita empezar a construir una nueva identidad.
La competencia tampoco parece insalvable. Brook Lopez afronta una temporada avanzada de su carrera y otros interiores no han conseguido consolidarse de forma estable en la rotación. Si Miller demuestra estar preparado, puede encontrar minutos antes de lo que muchos esperarían de un jugador elegido en segunda ronda. La gran duda está en cómo trasladará sus virtudes al nivel NBA. Miller ha generado ventajas ante jugadores de la NCAA, del Combine y de la Summer League, pero la exigencia física y táctica será muy distinta.
También tendrá que mejorar su eficiencia, reducir las pérdidas y convertirse en un tirador más fiable. Ese 19% en triples es un dato que no se puede ignorar. En la NBA, un jugador de su perfil necesita poder castigar las ayudas y mantener abierta la pista. Si los defensores pueden desentenderse de él, su capacidad para atacar desde el bote pierde buena parte de su valor. Aun así, su contexto puede ser favorable. Los Clippers necesitan encontrar jugadores que puedan formar parte de su siguiente proyecto y Baba Miller tiene características difíciles de encontrar en un jugador de su tamaño.
Hugo González: el tiro vuelve a marcar la diferencia
Hugo González completó una temporada rookie más que interesante. No solo por sus números, sino por el impacto que tuvo en aspectos que no siempre aparecen en la estadística tradicional. Defendió, compitió, rebotó y aportó energía. Se convirtió en un jugador incómodo para los rivales y en una pieza valorada por Joe Mazzulla. Su capacidad para cambiar el ritmo de los partidos desde la segunda unidad le permitió disputar 14 minutos por encuentro en su primer año. Ahora el escenario cambia. Jaylen Brown ya no está y Boston incorpora a Paul George, pero la salida de Brown puede abrir algunos minutos adicionales para González.
La cuestión es que el equipo sigue necesitando espacio y amenaza exterior. Y ahí está el gran reto de Hugo: ser más peligroso en ataque. No tiene que convertirse en un creador principal. Tampoco necesita tener el balón constantemente en las manos. Su camino pasa por ser eficiente sin balón, moverse mejor, cortar, correr la pista y castigar las ayudas con lanzamientos abiertos. La temporada pasada dejó momentos en los que los rivales podían ignorarle ofensivamente. En playoffs, cuando el tiro exterior de Boston no funcionó, esa limitación se hizo todavía más evidente.
Si Hugo consigue convertir sus triples abiertos con mayor regularidad, su valor crecerá mucho. No se trata únicamente del porcentaje final, sino de que los rivales perciban que no pueden dejarle solo. En defensa ya tiene una identidad. Puede marcar aleros y escoltas, presionar líneas de pase y asumir la responsabilidad de defender a jugadores importantes en momentos concretos. En ataque necesita construir la otra mitad de su perfil.

