De canastas, cervezas y sentidos

Escribía recientemente acerca del tirador puro y como sus habilidades permanecían intactas incluso años después de retirarse. Las constantes repeticiones y el perfeccionamiento de su mecánica son interiorizadas de tal manera que son capaces de ejecutarla con total naturalidad sin perder un ápice de eficiencia.

Chris Mullin y el ‘six pack’

“Todo el mundo necesita creer en algo, yo ‘creo’ que me beberé otra cerveza” W.C. FIELDS

Relataba Chris Ballard, periodista de Sports Illustrated, que un amigo suyo trabajaba en un club en Long Island. Una noche de verano después de cerrar, su amigo se disponía a volver a su casa cuando oyó un ruido de una cancha cercana de baloncesto. Uno, dos botes, una pausa y un sonido ¡Swish!. El patrón se repetía una y otra vez , uno, dos botes, una pausa y un sonido ¡Swish!. La curiosidad llamó la atención de su amigo y se acercó a la cancha para ver quién estaba allí a esas horas.

Según se acercaba, los sonidos se hacían más nítidos. Al llegar a la cancha descubrió un hombre joven de unos 23-24 años. Tenía una cerveza en la mano, al mismo tiempo que lanzaba triples con su mano izquierda. El balón como si estuviera imantado besaba las redes y volvía a sus pies. Aquel individuo cogía la pelota, daba un sorbo a la lata de cerveza y lanzaba. Aquel sonido ¡Swish! se escuchaba una y otra vez después de cada lanzamiento. A sus pies había dos six packs vacíos, probablemente su contenido se hallaba en el interior del organismo del tirador misterioso.

El amigo de Chris Ballard no pudo reprimir su curiosidad y se acercó más, para descubrir ante su sorpresa a un personaje que le era bastante familiar. Aquel individuo misterioso en la noche lanzando (anotando) triples con su mano izquierda mientras apuraba la cerveza que sostenía en su mano derecha, se llamaba CHRISTOPHER PAUL MULLIN, más conocido como Chris Mullin.

Los problemas de Mullin con el alcohol, estaban más presentes que nunca en aquella época. Los efectos del alcohol pueden nublar nuestros sentidos y producirnos visión de túnel, fatiga ocular, descoordinación motora, psicomotora y alteración del equilibrio. A pesar de ello, Mullin podía mostrar una relativa eficiencia con cierto grado de embriaguez. Esto sólo se debía a un mecanismo tan interiorizado que no requería de una orden consciente de nuestro cerebro para ejecutar aquellos movimientos. Incluso con sus sentidos nublados.

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