viernes, enero 30, 2026
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Keyonte George, de promesa intrigante a estrella incuestionable en Utah

Keyonte George ha pasado en apenas unos años de ser un anotador prolífico de instituto en Texas a convertirse en la referencia exterior de los Utah Jazz, firmando una explosión estadística que lo coloca ya en conversaciones de All-Star en el Oeste. Nacido en 2003 y formado en Lewisville, allí promedió más de 23 puntos con casi un 41% en triples, perfilándose como uno de los mejores escoltas de su generación.

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Su salto a la élite colegial llegó de la mano de Baylor, donde en solo una temporada dejó una huella histórica. En su curso freshman anotó 506 puntos, la segunda cifra más alta para un novato en la historia del programa, y batió el récord de la universidad en partidos de 20 o más puntos y triples anotados por un freshman. Con 15,3pts/4,2rebs/2,8asists de media, fue nombrado Big 12 Freshman of the Year y miembro del All-Big 12 Second Team, un reconocimiento que consolidó su estatus de talento de primera ronda para el Draft.

Utah apostó por George como base-escolta moderno, con la misión de ir heredando peso en el ataque según madurara su lectura del juego. En sus dos primeras campañas NBA, su perfil fue el de combo guard con volumen de tiro exterior, pero aún con dudas de eficiencia: en sus primeros 174 partidos, lanzó 6,7 triples por noche, superando el 50% de sus intentos desde más allá del arco, pero se quedó en un discreto 33,9% de acierto. Casi la mitad de esos triples eran en catch-and-shoot (3,3 intentos), donde tampoco pasaba del 34,1%, lo que alimentaba la narrativa de tirador volátil más que de especialista fiable.

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Esos primeros años, sin embargo, tuvieron un valor formativo claro: mucho balón en las manos, lectura constante de bloqueos directos y exposición tanto a situaciones de creador primario como de finalizador sin balón. La franquicia le exigió mejorar su selección de tiro y su toma de decisiones, y los informes desde el vestuario apuntaban a un jugador muy receptivo al feedback técnico, especialmente tras entrevistas de salida duras al final de temporada en las que se le pedía ser más eficiente y organizar mejor al equipo.

La temporada 2025-26 ha supuesto la auténtica irrupción del escolta como primera espada ofensiva y motor organizativo de los Jazz. A mediados de enero, George promedia alrededor de 23,6pts/6,9asits/4,2rebs en unos 34 minutos por partido, con un 45,4% en tiros de campo y 36,5% en triples, firmando además más de 23 puntos de media en los últimos 30 partidos. Esto es una subida notable respecto a las temporadas pasadas: ya no es solo volumen, sino eficiencia sostenida con responsabilidad creciente en la estructura ofensiva. Sus splits por mes refuerzan la idea de un salto consolidado y no de un simple tramo caliente. En octubre se movió en 21,2 puntos y 9,2 asistencias con un 93,3% desde la línea de tiros libres; en noviembre elevó su anotación a 23 tantos con un 45% en tiros de campo y cerca de 35% en triples. En partidos clave frente a contenders del Este como Boston alcanzó picos de 31 puntos y 5 asistencias, evidenciando que su producción no llega solo en encuentros de baja tensión competitiva.

El corazón de esta explosión no está solo en el volumen, sino en el refinamiento de su tiro exterior y en la manera de llegar a sus puntos. En 2025-26 ha mejorado de forma clara su rendimiento en catch-and-shoot, elevándose hasta un 37,4% en triples con 7,1 intentos por noche, generando alrededor de 8,1 puntos por partido desde el perímetro, el 32,9% de su producción total. Según datos de seguimiento de jugadas, en situaciones de tiro tras recepción llega a 1,22 puntos por posesión y roza el 53,7% en triples abiertos, cifras propias de un tirador élite en ese tipo de acciones Esa amenaza sin balón abre espacios para que pueda castigar como manejador en pick and roll y media distancia. Al obligar a las defensas a salir más arriba, encuentra líneas de pase para castigar con sus casi siete asistencias por encuentro y, al mismo tiempo, caminos hacia la línea de tiros libres, donde se muestra prácticamente automático con un 90,5% de acierto, sumando más de seis puntos por noche solo desde la línea. El resultado es un perfil ofensivo cada vez más completo: puede iniciar sistema, finalizar tras bloqueo, castigar rotaciones como tirador estacionado y mantener el ataque a flote en minutos sin otros generadores.

La progresión de George ha cambiado la conversación en torno al proyecto de Utah. Pese a un balance colectivo todavía modesto, con los Jazz rondando el 35% de victorias y situados en la parte baja del Oeste, la organización ya lo trata como pieza central del futuro núcleo competitivo, incluso contemplando la posibilidad de “descansarlo” estratégicamente para proteger su pick de primera ronda. Su nombre aparece con frecuencia en comparaciones con bases consolidados como Jamal Murray, tanto por su combinación de anotación y dirección como por su capacidad de elevarse en escenarios de alto nivel. En términos individuales, su línea estadística y su impacto en la ofensiva lo colocan de lleno en la carrera por su primer All-Star a los 22 años, algo que Murray, por ejemplo, aún no ha logrado pese a su impacto en playoffs. Si mantiene eficiencia en torno al 45% en tiros de campo, supera el 36% en triples y sostiene esa mezcla de casi 24 puntos y 7 asistencias, el relato pasará de hablar de “breakout año” a referirse a George como la piedra angular de un proyecto que, por fin, ha encontrado su jugador franquicia para la próxima década.

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