El nombre de Alexander Belov ha pasado a la historia del baloncesto soviético como el del héroe que anotó la canasta que derrotó al equipo olímpico de USA en la final de los Juegos de Múnich. Siempre quiso quitar importancia a aquella gesta. «No soy ningún héroe. Sergei es el verdadero héroe, anotó 20 de los 50 puntos de nuestro equipo». Aquella canasta significó la gloria eterna, al contrario que su carrera y su vida, que terminaron de forma prematura.
Vladimir Kondrashin fue su mentor, padre espiritual y padre deportivo y prácticamente el único entrenador que tuvo en su carrera desde que lo descubriera a los once años sondeando las escuelas de Leningrado en busca de jóvenes talentos. Belov estudiaba en un centro del área de Sovetskaya. Kondrashin convenció a su madre para enrolar a Belov en las filas del Spartak de Leningrado. Shasha, huérfano de padre, vio en Kondrashin una figura paterna. Cinco años más tarde debutaba con el primer equipo. En su primer entrenamiento, el pívot titular del equipo Boris Grigorashenko, un veterano que fácilmente anotaba 20 puntos contra cualquier pívot de la nación, le retó a uno contra uno. Al principio no se lo tomó en serio, pero cuando se vio impotente para anotar delante de Shasha, Grigorashenko recurrió a su movimiento favorito, un gancho del que aseguraba que nadie había podido frenar. En su primer intento, Belov envió el balón al campo contrario, en el segundo el resultado volvió a ser el mismo. «Demonios, Boris. ¿Qué te está haciendo este crío?», le decían sus compañeros de equipo.
Su debut en liga fue contra el letón Janis Krummins, el gigante de 2,20 del VEF Riga. Belov salió en la segunda mitad, en la primera acción que defendió a Krummins atrapó el balón que lanzó contra el tablero. Mientras tanto todo el público se preguntaba si realmente ese niño de apenas 2 metros tenía solo 16 años. En 1968, Gomelski programó un amistoso contra el Spartak de Leningrado para preparar los Juegos Olímpicos de México. El Spartak liderados por Leonid Ivanov con 24 puntos y por el joven Belov vencieron a selección soviética. Belov anuló a Paulauskas, quien no se tomó muy bien la insolencia del joven jugador del Spartak.
Belov poseía un potente tren inferior, muy poco común en los jugadores europeos de la época. A pesar de tener recursos ofensivos, destacaba por su defensa y su capacidad de intimidación. Se puede afirmar que él fue uno de los responsables de que la FIBA considerara como tapón ilegal los balones que eran interceptados después de tocar el tablero. Además de su evidente presencia física, corría muy bien el campo, pocos jugadores había tan estéticos como Alexander; todas sus acciones eran ejecutadas con admirable elegancia. Cerca del aro era poco más que indefendible, era tremendamente coordinado y tenía un don natural para el atletismo y la natación. Desde sus 2 metros era capaz de defender a jugadores mucho más altos que él.
Ese mismo verano conquistó la medalla de oro en el campeonato de Europa junior disputado en Vigo al vencer en la final a Yugoslavia (82-73) y un año más tarde debutó con la selección absoluta conquistando la medalla de oro en el Eurobasket de Nápoles. Desde entonces acudió regularmente a la selección. Kondrashin recogió el testigo de Golmelski y se llevó a su jugador al campeonato del mundo de Lujbljana y al campeonato de Europa de Essen. En la final de 1971, entre Shasha y Zharmukhamedov dejaron a Cosic en un 3/20 impropio para el jugador de Zadar. En el Spartak de Leningrado todos los sistemas defensivos orbitaban alrededor de Belov. Uno a uno fueron destronando al Dinamo Tblisi, al ASK de Riga, al Stroitel de Kiev y al Zalgiris de Kaunas como alternativas al CSKA Moscú.
Su meteórica ascensión le llevó a formar parte de un combinado de jóvenes estrellas europeas que participó en una gira por Estados Unidos en 1971. Alex Hannum, leyenda de los banquillos ganador de dos títulos NBA, otro de la ABA e improvisado seleccionador estadounidense quedó maravillado del joven jugador soviético de 19 años: «Alexander es el sueño de cualquier entrenador. Daría una fortuna por él». Hannum estaba convencido de que era un jugador que podía jugar en la NBA con esa edad.
Kondrashin lo citó para los Juegos Olímpicos de Múnich con veinte años. El equipo soviético se enfrentó en la final a Estados Unidos. Era la quinta final entre estas dos selecciones. El desenlace y el resultado de esta final ha sido objeto de teorías de la conspiración, libros e incluso una película, con Alexander Belov como gran protagonista. Con 49-48 favorable a la URSS Belov envió un mal pase Zurab Sakandelidze que fue interceptado por Doug Collins. El jugador estadounidense recibió una falta que le otorgaba dos tiros libres. Allí comenzó la secuencia más famosa de la historia de las finales de los Juegos Olímpicos.
De acuerdo con la normativa vigente en la época, un entrenador tenía la opción de solicitar un tiempo muerto antes del primer o segundo lanzamiento de tiro libre nunca después de los dos. En aquellos Juegos, se había estrenado un botón con el que se encendía una luz roja que alertaba a la mesa de la petición de tiempo muerto. La intención de Kondrashin era la de solicitar un tiempo muerto tras el primer tiro libre, pero, por alguna extraña razón, los colegiados alemanes no se percataron. Las probabilidades de que Kondrashin no pidiese el tiempo muerto en el momento preciso no son muy altas al tratarse de un entrenador excepcionalmente metódico. Con total certeza, podemos asegurar que Kondrashin conocía la normativa FIBA mejor que sus rivales norteamericanos, lo que descarta la posibilidad del error del entrenador de Leningrado. Después de lanzar el primer tiro libre Collins, Kondrashin solicitó el tiempo muerto, pero fue ignorado por los jueces. Collins anotó el segundo tiro libre, colocando a Estados Unidos delante en el marcador por 50 a 49 ante las airadas protestas de Kondrashin al observar cómo los árbitros obligaban a los soviéticos a poner el balón en juego.
Con Kondrashin prácticamente dentro de la pista, los árbitros detienen el juego. Hank Iba, entrenador norteamericano, y Kondrashin se encararon delante la mesa de jueces. La expedición soviética exigió el tiempo muerto, lo que obligó a bajar de las gradas a William Jones, secretario general de la FIBA, que dictaminó que, al no haberse concedido el tiempo solicitado por la URSS, el partido debía reanudarse con tres segundos en el reloj después de que la URSS disfrutara del tiempo muerto requerido. El balón se puso en movimiento con un pase en corto sobre Sergei Belov, que trató de hacérselo llegar a Alexander Belov mediante un pase largo que no consiguió alcanzar su objetivo.
Los norteamericanos celebraban un nuevo oro olímpico en medio de una invasión de aficionados y fotógrafos. Parecía que todo había terminado, pero nada más lejos de la realidad. El reloj apenas había contado un segundo de los tres que debían jugarse. Ante la indignación de los norteamericanos, la cancha fue desalojada de nuevo y se entregó el balón a los soviéticos. Ivan Edeskho cogió el balón detrás de la línea de saque en su propia canasta. El otro Belov, Sergei, atraía la atención de dos defensores, pero Edeskho lanzó el balón de un lado a otro de la cancha. Shasha haciendo gala de su fortaleza atrapó el balón barriendo a dos jugadores norteamericanos y dejándolos tendidos en el suelo para presenciar como anotaba sin oposición la canasta del triunfo. Fue la canasta más importante del baloncesto soviético. Después de aquello se convirtió en un héroe. La gloria era agradable para un chico de 20 años, pero al mismo tiempo muy difícil de digerir. Allá por donde fuera era el centro de atención: apariciones en televisión y radio, artículos elogiando su figura en los periódicos, favores de los funcionarios. Su teléfono no paraba de sonar día y noche. La presión de los aficionados era incesante: lo paraban en la calle, le pedían autógrafos, le ofrecían servicios y otros favores.
A nivel de clubes tuvo que convivir con el dominio del CSKA de Moscú. En 1971 Alexander Belov estuvo a punto ganar su primera liga, pero Spartak y CSKA se fueron a un partido de desempate que decidió Sergei Belov, el del CSKA, con un tiro milagroso sobre la bocina lanzando por encima de la figura imponente de Alexander. La sequía se cerró en 1973 con la conquista de la Recopa. El Spartak de Leningrado se vio las caras con el Joventut de Badalona en semifinales doblegando a los verdinegros en los dos partidos (95-64 y 54-57). Miguel Angel estrada, que tuvo un amago de pelea con Belov lo recuerda así: «Era un fenómeno. Desgraciadamente, duró poco y no pudo terminar la proyección que esperaba en su carrera deportiva. Durante el tiempo que estuvo en activo, me vi las caras con él varias veces y puedo decir que fue uno de los mejores jugadores a los que me he enfrentado». En la final se encontraron con la Jugoplastika que venía de perder la final de la Copa de Europa la temporada anterior con el Ignis Varese. Los de Kondrashin dieron una exhibición (77-62) con Sergei Fedorov destrozando las redes rivales y Belov desbaratando los ataques de los dálmatas.
Belov, que no acudió al Eurobasket de Barcelona en 1973, volvió a la selección en 1974 para jugar el Mundial de Puerto Rico. El campeonato que se jugaba a modo de liguilla dejó una última jornada en la que se enfrentaban URSS y USA, y la selección yugoslava a la espera del resultado para resolver un hipotético triple empate. Los soviéticos habían perdido de tres puntos contra los plavi, que a su vez habían caído contra los estadounidenses. El equipo de Kondrashin necesitaba ganar por más de tres puntos y se impuso por 105-93. Gene Bartow, el seleccionador estadounidense, declaró que Alexander Belov fue el jugador que más le había sorprendido y que según él no desentonaría en la NBA. Con solo 22 años la vida iba muy deprisa para Shasha que estaba a punto de vivir la mejor temporada de su carrera. El Spartak de Leningrado interrumpió la racha ganadora del CSKA de Moscú en la liga soviética. El equipo del ejército ganó 15 de 16 títulos desde 1968 a 1984. Aquella idílica temporada llegó a su jornada final con un desenlace vibrante. El Spartak llegaba líder al último fin de semana, en el que tenía que defender su liderato en un doble enfrentamiento con el CSKA. Una sola victoria en su feudo, el Yubileiny, era suficiente para los de Leningrado. El CSKA llegó al descanso con una ventaja de 17 puntos, pero una gran actuación de Belov (21 pts) permitió a su equipo llegar con opciones: 76-77 y balón en poder del Spartak. Kondrashin sorprendió a propios y extraños. Gomelski esperaba un tiro de Belov o Arzamaskov, pero no de un joven Sergei Kuznetsov, que anotó la canasta del triunfo. La guinda del pastel ese año fue el angustioso triunfo de la Recopa ante el Estrella Roja (63-62) sobreviviendo a la expulsión de Belov a falta de cinco minutos y a un tiro errado de Moka Slavnic en el último segundo.
Desafortunadamente para Belov, no pudo participar en la Copa de Europa con el Spartak de Leningrado. Los equipos rusos declinaban jugar los torneos continentales cuando había una cita olímpica y los Juegos Olímpicos de Montreal estaban a la vuelta de la esquina. Para entonces, Belov era un jugador codiciado y comenzó a recibir presiones para fichar por el CSKA de Moscú. En enero de 1977 cuando pasaba una inspección aduanera para salir del país le requisaron algunos artículos (vodka, caviar, cintas y equipos electrónicos) con los que los jugadores soviéticos ganaban un dinero extra con su venta más allá de sus fronteras. Dependiendo de quien fuera el infractor los agentes del departamento de aduanas hacían la vista gorda, pero Alexander fue utilizado como chivo expiatorio. Le despojaron del título de Maestro Honorable de Deportes y de su beca (que complementaba gran parte de su salario) y fue apartado de la selección nacional y del Spartak de Leningrado. La mujer de Kondrashin Yevgeniya fue testigo de cómo Gomelsky le dijo a su marido que si Shasha Belov aceptaba jugar para el CSKA le retirarían todos los cargos y le restituirían su nombramiento y la dote económica.
Con mucho trabajo, Kondrashin logró que Belov pudiera jugar en el Spartak nuevamente casi un año después. Pero no era el mismo jugador. Alexander se había venido quejando de un dolor en el pecho durante su periodo de inactividad. Kondrashin se veía obligado a darle descansos durante los partidos. Durante un tiempo fue saliendo del paso dosificando sus minutos e incluso Gomelsky le llamó para formar parte de la selección de la URSS que participaría en el campeonato del Mundo de Filipinas. Shasha se incorporó a la concentración del equipo soviético en la localidad letona de Talej. Cayó enfermo, pero intentó continuar con el equipo nacional entrenando por su cuenta. El doctor Korchevsky le prohibió entrenar hasta no descubrir las causas de su enfermedad.
Belov padecía un sarcoma cardíaco, una especie de tumor que se forma en el corazón. El 90% de los casos resultan ser benignos, pero el otro 10% corresponden a sarcomas su gran mayoría. Concretamente Belov desarrolló un angiosarcoma, una enfermedad que presenta síntomas como pérdida de peso, fatiga, fiebre, dolores articulares y que suelen tener una esperanza de vida de unos nueve meses. Su orgullo no le permitía recibir visitas de cualquier persona ajena a su círculo más íntimo. Unas pocas semanas más tarde, el 3 de cotubre de 1978, su corazón dejaba de latir, a la edad temprana edad de 26 años. Nos dejaba de esta triste manera, uno de los proyectos de jugador más prometedores en la historia del baloncesto ruso y europeo.
Ficha del autor
Aficionado al baloncesto y al deporte en general
En 'Tiempo de Basket' desde 05.04.2021












