Los Boston Celtics empezaron la temporada sin su mejor jugador, con una plantilla renovada a la baja y las expectativas por los suelos. La terminaron eliminados en primera ronda tras desperdiciar una ventaja de 3-1 ante los Philadelphia 76ers. El resultado duele, pero el cómo duele todavía más.
Porque Boston no cayó ante un equipo superior ni en un partido donde todo salió mal desde el principio. Cayó en casa, en un séptimo partido, ante su rival histórico, después de haber tenido la eliminatoria prácticamente resuelta. Eso no es mala suerte. Eso es un colapso.
Boston Celcits, el equipo que no debía estar aquí
Antes de hablar del fracaso, hay que reconocer lo que fue la temporada regular, porque sería injusto ignorarla. Sin Jayson Tatum durante la mayor parte del curso, los Celtics terminaron con 56 victorias, segundos en el Este, con una de las mejores eficiencias ofensivas y defensivas de la liga. Jaylen Brown firmó la mejor temporada de su carrera. Payton Pritchard se consolidó como uno de los mejores bases reservas de la NBA. Derrick White también alcanzó máximos personales.
Joe Mazzulla hizo un trabajo extraordinario gestionando ausencias, rotaciones y expectativas durante seis meses. Cuando Tatum regresó, lo hizo sin fricciones y con el equipo funcionando a pleno rendimiento. Todo apuntaba a que Boston era el favorito del Este. Nada de eso sobrevivió a la postemporada.
Las razones del colapso
La eliminación de los Celtics no tiene una sola causa, pero sí una suma bastante clara de factores que se fueron acumulando hasta hacerse insostenibles.
El primero y más evidente fue el juego interior. Nikola Vucevic, fichado en febrero como solución para la pintura, resultó ser el problema. Fue incapaz de plantar cara a Joel Embiid, dejó a Boston sin un referente fiable en el poste y obligó a Mazzulla a tomar decisiones que nunca debería haber tenido que tomar en un séptimo partido. Neemías Queta, que había tenido una buena temporada, cargó con demasiada responsabilidad y pagó el precio con problemas de faltas en los momentos críticos.
El segundo factor fue el tiro exterior. Los Celtics son un equipo construido alrededor del triple y en los partidos decisivos simplemente no entraron. Por debajo del 30% en los juegos 5 y 6, y con fallos consecutivos en los tramos finales del séptimo. Cuando ese mecanismo falla, el resto del ataque se resiente y Boston no encontró otra forma de generar ventaja.
El tercer factor fue la ausencia de Tatum en el séptimo partido. Se puede debatir si la decisión de protegerle fue acertada a largo plazo, pero el hecho es que Boston afrontó el partido más importante de la temporada sin su mejor jugador y con una alineación titular difícil de justificar. Garza de salida, Harper sobre Paul George, apuestas que no tenían recorrido real.
Y por encima de todo esto, Philadelphia quiso más. Los Sixers llegaron a la serie como un equipo que había pasado la temporada entre lesiones y sanciones, y encontraron su mejor versión exactamente cuando más importaba. Embiid, Maxey y George juntos en los últimos partidos fueron demasiado para una defensa verde que no tenía respuestas.
Verano de decisiones difíciles
El problema de los Celtics es que este tropiezo obliga a replantearse cosas que en mayo nadie esperaba tener que discutir. Boston entra en la offseason con 187 millones garantizados en contratos, margen por debajo del umbral del impuesto de lujo y una lista de decisiones que no admiten aplazamiento.
La más urgente es Payton Pritchard, elegible para extensión y con un valor de mercado que ha crecido enormemente. Si no le renuevan ahora, tendrán que traspasarle el próximo verano o perderle. La de Neemías Queta también merece atención inmediata: los pivots buenos no abundan y el portugués ha demostrado ser una pieza real, no un parche.
Pero la decisión más complicada —y la más incómoda— es qué hacer con Derrick White. Cobra 30 millones, viene de una temporada irregular y de una eliminatoria donde su rendimiento fue claramente inferior a lo esperado. Moverle permitiría generar flexibilidad para ir a por un interior de garantías, que es exactamente lo que le faltó a este equipo cuando más lo necesitaba.
Este verano no es una offseason de ajustes. Es el momento en que Brad Stevens tendrá que decidir qué proyecto quiere construir alrededor de Tatum, qué piezas forman parte de ese futuro y cuáles, pese a todo lo que han aportado, ya no encajan. Y esas decisiones, como siempre, serán más fáciles de describir que de tomar.
La temporada de los Celtics fue, en su mayor parte, una historia de superación. El final la convierte en algo mucho más difícil de calificar. Desperdiciar un 3-1 en casa, ante los Sixers, sin poder dar una explicación clara, es el tipo de eliminación que deja marca. Y que obliga a cambiar cosas.

