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El trance de Danilovic y la final de las dos Bolonias

Las cifras son una herramienta objetiva que en ocasiones nos pueden ayudar en el análisis pero no dejan de ser un concepto matemático. En nuestro deporte la estadística es sólo el reflejo de acciones que se desarrollan sobre una cancha. Pero la estadística necesita del factor humano para explicar con fidelidad el objeto de nuestro análisis, y para ello debe venir acompañado de la observación, como cualquier método empírico. Si alguien cogiera una cuadro estadístico correspondiente al quinto partido de serie final de 1998 de la Lega italiana entre Virtus y Fortitudo de Bolonia, probablemente intentaría descifrar cuales fueron las claves del resultado final, y no llegaría nunca a una conclusión que se ajustara a la realidad.

A veces no hay más explicación que una manifestación del virtuosismo o del talento de un jugador en un momento puntual, ayudado por un cúmulo de factores favorables. Lo que ocurrió aquel 31 de mayo de 1998 quedó grabado como uno de los momentos más recordados del baloncesto italiano y el baloncesto europeo, con un claro protagonista, el jugador de nacionalidad serbia, Predrag Danilovic. Pero para situar mejor a lector pongámonos en antecedentes.

Para entender mejor la magnitud de lo sucedido, explicaremos el contexto. La edición de la Lega de 1998 tenía como contendientes a la Fortitudo y la Virtus, ambos equipos pertenecientes a la ciudad de Bolonia, una localidad situada en el nordeste de Italia con una población que no llega a los 400.000 habitantes. Bolonia es una de esas localidades italianas en las que la afición al baloncesto tiene tanto o más arraigo entre los aficionados que el todopoderoso hermano mayor, el fútbol. El nacimiento de la sección de baloncesto de la Virtus data de principios de los años 20, una década más tarde nacería su vecino y némesis, la Fortitudo.

Bolonia es una ciudad dividida por la Via Emilia, una recta que corta la ciudad en dos bruscamente. Al igual que esta vía romana, la ciudad vive dividida por sus gustos baloncestísticos, los aficionados de la Virtus y los aficionados del Fortitudo. Durante la gran época dorada del baloncesto en Bolonia, sus habitantes ocupaban gran parte de su tiempo discutiendo sobre esta rivalidad. No había un bando neutral. Por eso el derbi de baloncesto de Bolonia es un gran patrimonio de la ciudad, algo que la hace discutir, emocionar, sufrir, amar. Es lo que la mantiene viva.

Al igual que la ciudad no se divide en dos partes iguales, sino que una es un poco más grande y poblada, y la otra un poco más rica y verde, la relación de estos clubes nunca fue de equidad. La Fortitudo de Bolonia vivió siempre a la sombra de los éxitos, espaciados en el tiempo, de la Virtus. Esta relación de subordinación se mantuvo hasta la segunda mitad de la década de los 90, en la que ambas escuadras competirían de igual a igual.

En 1998 ambos equipos tenían grandes plantillas. La Virtus de Bolonia tenía en nómina a Antoine Rigodeau, Sasa Danilovic, Hugo Sconochini, Zoran Savic, Rasho Nesterovic o Alessandro Abbio. La Fortitudo también presumía de grandes jugadores: Dominique Wilkins, David Rivers, Carlton Myers, Gregor Fucka, Giacomo Galanda o Roberto Chiacig. Antes de llegar a la mencionada cita hubo antecedentes entre ambos equipos.

Se vieron las caras en los cuartos de final en una eliminatoria que dirimía la clasificación a la Final Four de Barcelona. En el primer partido, con una ventaja cómoda a favor de la Virtus (62-49), y a falta de 2 minutos para el final del partido, estalló una pelea multitudinaria, los primeros en desencadenar las hostilidades fueron Fucka, Savic y Abbio. Luego se unirían más jugadores. Myers y Danilovic estaban particularmente acalorados. Finalmente la reyerta se saldó con diez expulsados. La Virtus acabaría ganando el partido por 64-52. Dos días después se jugó en cancha de la Fortitudo el segundo partido con las bajas de Abbio y Savic por los bianconeros y Myers y Fucka por los biancoblú, todos ellos sancionados. La Virtus de Bolonia ganó tras remontar desventajas de más de 10 puntos, por 56-58, pasando así a la Final Four, donde se proclamaría campeón de la Euroliga tras vencer al AEK de Atenas (58-44).

Unos días más tarde ambos equipos se enfrentarían otra vez en las semifinales de la Copa, partido disputado en el Palamalaguti de Casalecchio. Esta vez la victoria cayó del lado de la ‘F’, por 73-64 gracias a los 22 puntos de Rivers y los 19 puntos de Myers. La Fortitudo se llevaría este trofeo al derrotar en la final a la Benneton de Treviso.

Como si de una saga de El señor de los Anillos se tratara, la trama tendría su desenlace en una tercera entrega, la final de la Lega. En una serie a cinco partidos con factor cancha a favor de la Virtus de Bolonia, ambos equipos se enfrentarían por el título. La rivalidad entre ambas formaciones no era una mera cuestión de pasión desbordada de los aficionados, había saltado de las gradas a la cancha. Habían sucedido demasiadas cosas entre algunos jugadores, se convirtió en algo personal.

La final desembocó en un quinto partido tras salvar la Virtus un matchball en un cuarto choque agónico (57-59). El partido empezó con ligeras ventajas para el equipo visitante, con una excelsa dirección de David Rivers y un Carlton Myers desatado. Danilovic, que no había estado bien en los dos partidos previos, sufría por un maltrecho tobillo, a pesar de los intentos de sus compañeros en dejarle buenas posiciones de tiro tras innumerables bloqueos. Los visitantes se marchan al descanso con una renta de 8 puntos (36-44). Durante la segunda parte, tras un toma y daca y movimientos tácticos de ambos entrenadores, la Fortitudo consiguió su máxima ventaja (55-66). Faltaban 6:30 y la situación era crítica para los locales. No había apenas señales de Danilovic. La Virtus buscó un refugio para la esperanza en su defensa y gracias al empuje de su afición lograron reducir la ventaja a un sólo punto tras un 2+1 de Abbio (67-68).

La concatenación de factores que se aliaron para el desenlace final comenzó cuando en la otra canasta, Fucka falló un tiro libre y Carlton Myers cometió una falta estúpida en el rebote sobre Nesterovic, siendo eliminado. Los visitantes se quedaban sin su máximo anotador (27 pts) cuando más lo iban a necesitar. El esloveno sólo anotó un tiro de los dos y en la siguiente acción la Virtus cometió una falta sobre Wilkins que dio 3 puntos de ventaja a su equipo (68-71). Tras tiros errados Abbio y Rigodeau, Fucka atrapó el rebote y recibió una falta. Anotó el primer tiro para dar una ventaja de 4 puntos a la Fortitudo, los visitantes acariciaban la victoria.

Hay gestas que trascienden en la historia porque se condensan en un minúsculo espacio de tiempo dando más relevancia a su magnitud. Lo que allí ocurrió desde ese momento fue la culminación de una serie hechos que hicieron posible lo que segundos antes parecía un milagro. Fucka falló el segundo tiro libre, Abbio cruzó rápido a campo de ataque y ordenó un movimiento para liberar a Danilovic, Wilkins que defendía al base italiano saltó en el bloqueo y asumió la marca de Danilovic. El jugador serbio casi desaparecido durante el partido llevaba una horrible serie de 3 canastas en 10 intentos (0/5 en triples), pero no era el momento de dudar, recibió el balón a unos 8 metros en perpendicular y sin mirar al aro, dio dos botes, giró su cuerpo y lanzó a canasta. Wilkins con una inocencia impropia de un jugador curtido en mil batallas, puso su brazo en la trayectoria de la mecánica de tiro del serbio, que anotó el triple y recibió falta. Danilovic anotó el adicional, aunque quedó tiempo para que ambas escuadras tuvieran dos posiones surrealistas antes de llegar a la prórroga.

A partir de entonces el escolta serbio agrandó su leyenda una vez más. Hizo suyo el partido en la prórroga, siendo el dueño y señor de todo lo que ocurrió sobre el campo en esos cinco minutos. Asistió a Nesterovic y a Binelli en las dos primeras posesiones de su equipo. Después recibió una falta en una transición tras una pérdida de sus rivales. Anotó los dos tiros libres. En la siguiente posesión, Petar Skansi, técnico de la Fortitudo, ordenó una zona 2-1-2, Danilovic consiguió dividir la defensa y anotar por encima de Chiacig cuando el tiempo expiraba. Un ataque después y con 4 puntos de ventaja para Virtus (79-75), los locales movieron el balón sin un criterio muy claro, pero Danilovic recogió el balón a falta de 2 segundos para el final de la posesión y clavó una daga en el corazón de los biancoblú que sentenciaba el partido a falta de un minuto. Todavía quedaría tiempo para que se colgara del aro en un contraataque. Danilovic cerró de esta manera el trance en el que estuvo inmerso durante cinco minutos y 28 segundos, tiempo suficiente para anotar 13 puntos y dar el título a su equipo.

Aquel 31 de mayo, al finalizar el día, una parte de la ciudad llenaba sus copas para celebrar, mientras la otra lo hacía para olvidar. Dividir para unir, o como entender el baloncesto en Bolonia.

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