Entrevista a Marc Bret y Nacho Morejón

Hoy tenemos con nosotros a Marc Bret y Nacho Morejón, autores de El Gigante Rojo. Historia del baloncesto soviético. Novedad editorial, que repasa la historia del deporte de la canasta de la URSS.

Entrevista a Marc Bret y Nacho Morejón, autores de El Gigante Rojo

Tiempo de Basket (TdB): La primera pregunta es un clásico ¿Cómo surge la idea de escribir este libro sobre el baloncesto de la URSS?

Marc Bret: La idea del libro surge, en gran parte, por la publicación en su día del libro Sueños Robados, de Juanan Hinojo, además de las Crónicas Lituanas, de Juan Carlos Gallego, escritas de manera más informal en el foro ACB. Con la historia del baloncesto yugoslavo cubierta, quedaba por contar la del otro gran coloso del baloncesto europeo del siglo XX. Ayudaron también mis circunstancias personales: hablo ruso y he estado en Moscú en muchísimas ocasiones, además de tener mucho interés en la historia del baloncesto europeo y la URSS en general. Yo no las tenía todas conmigo, pero Nacho me convenció de que el proyecto era muy necesario e iba a ser muy interesante. Y así fue. A través de Jose Biriukov y posteriormente Sergey Tarakanov conseguí contactar con la plana mayor de los jugadores soviéticos, y a partir de esos testimonios hemos construido el libro.

Nacho Morejón: Era el libro que quedaba por escribir, ya que no estaba hecho ni en castellano ni en otro idioma. A mí me pareció que Marc, al hablar ruso y estar metido en el mundo del baloncesto, era la persona indicada para ponerse con un proyecto de este estilo y le planteé la estructura que tenía en mente, dejando mucho protagonismo a las opiniones de los jugadores y que ellos mismo contasen lo ocurrido. Mediado el proyecto me uní para contar la década de los 80 ya que por mi edad había vivido esa década y había visto los partidos en su momento.

TdB: ¿Cuál es el mayor reto que se te ha presentado al escribir este libro?

Marc: Si bien he podido entrevistar a la mayoría de jugadores de los años 80, en las épocas anteriores había muchos menos testimonios. Por poner un ejemplo, del equipo que gana la medalla de oro en Múnich 72 solo quedan cuatro integrantes vivos. Y si nos vamos un poco más atrás, los años 50-60, apenas hay jugadores que todavía estén entre nosotros. Por suerte, hemos encontrado revistas deportivas soviéticas de la época escaneadas, entrevistas que dieron en su día y autobiografías que nos han ayudado a rellenar esos huecos.

Nacho: En mi caso ha sido el olvidar lo que estaba grabado a fuego en mi memoria y que consideraba como verdades absolutas y mantener una mentalidad abierta para reaprender lo que pasó en realidad.

TdB: De toda la información recopilada sobre el baloncesto soviético ¿Qué es lo que más te ha sorprendido?

Marc: En general, creo que había unos ciertos prejuicios respecto a las presiones que llevaban los deportistas soviéticos. Es cierto que estaban vigilados por agentes de la KGB cuando viajaban al extranjero, pero cuando preguntas a los jugadores, en muchos casos te dicen que, aunque sabían que debían tener un cierto cuidado con ellos, tampoco están de acuerdo con la versión extrema que a veces se daba en occidente. Por ejemplo, todos ellos intentaban comprar cosas en el extranjero para venderlas en la URSS por los beneficios que ello conllevaba. A los agentes eso parece que les traía sin cuidado, y estaban ahí mas para vigilar que no hubiera ninguna defección que para controlar esas cosas.

Nacho: Más que una parte en concreta, ha sido la calidad y la cantidad de información a la que hemos tenido acceso. La disposición y amabilidad de los jugadores soviéticos (y hemos hablado con prácticamente todos los que quedan vivos) ha sido increíble, así como el que en muchos casos hablaran sin pelos en la lengua sobre temas espinosos.

TdB: ¿Qué historia te has quedado con ganas de contar?

Marc: Si le soy sincero, ninguna. Es indudable que hay material para “engordar” el libro, y desde luego me hubiera gustado tener acceso a testimonios directos de la época de los años 40-50, pero hemos incluido todo lo que consideramos esencial. Esperamos haber mantenido un equilibrio adecuado entre dar suficientes detalles y mantener un ritmo de lectura ágil y ameno.

Nacho: La longitud del libro no ha sido un problema, así que no nos hemos dejado nada importante en el tintero de lo que teníamos en mente al principio. Quizás me hubiese gustado añadir un capítulo dedicado al baloncesto femenino como resumen general.

TdB: Si tuvieras que definir a la URSS y su baloncesto con una sola palabra ¿Cuál seria y por qué?

Marc: Efectivo. Una constante que nos hemos encontrado cuando hablábamos con jugadores no soviéticos es el comentario de que practicaban un baloncesto algo rustico, incluso algo atrasado. Mi impresión es que eso en los 80 ya no es tan cierto, pero algo de verdad hay. Pese a todo, es indudable que los resultados que obtuvieron no fueron ni mucho menos malos, pero si queda la sensación de que a veces no aprovechaban todo su potencial.

Nacho: Rodillo, una palabra que se usaba constantemente para definir al equipo soviético. Muchas veces ganaban por aplastamiento aplicando su abrumadora superioridad física.

TdB: ¿Cuál dirías que es la mayor herencia que ha dejado la URSS al baloncesto actual?

Marc: Esa es una pregunta de difícil respuesta. Una de las cosas que comentamos en el libro es que, a diferencia del baloncesto yugoslavo, que aun después de su desmembramiento ha seguido exportando técnicos y jugadores que han dominando el panorama europeo, con el soviético tal cosa no ha ocurrido. En Lituania si ha habido algo de eso, no así en Rusia, donde sus mayores éxitos han llegado con técnicos extranjeros en el banquillo (Messina, Blatt, Itoudis…), mientras que la generación que ganó el oro en Seúl se vio superada, en líneas generales, por la yugoslava que ganó el Mundial Junior de Bormeo 1987. Muchos jugadores cuentan que no había una escuela soviética como tal, sino un agregado de varias repúblicas con sus diferentes estilos, incluso dentro de Rusia había varios frentes distintos. Así que su mayor herencia, en mi opinión, son unos récords que muy probablemente perdurarán por mucho tiempo, como los 14 oros en el Eurobasket, con ocho de ellos seguidos, o el ser los únicos que han ganado el oro olímpico en más de una ocasión (exceptuando a los EEUU, claro está).

Nacho: Yo creo que no demasiado, el entorno soviético era muy específico y en una gran parte murió con la URSS. Quizás un sentido colectivo del juego, aunque gente como Shved se muera de risa al leer esto.

TdB: ¿Por qué debemos comprarnos este libro?

Marc: Lo que creo que será interesante para los lectores es que el libro cubre un periodo del baloncesto europeo del que hay relativamente poca documentación, sobre lo anterior a los años 80, donde las retransmisiones televisivas eran todavía escasas. Además, el hecho de haber podido hablar directamente con muchos de los protagonistas en su lengua ha ayudado mucho a la hora de despejar mitos que pudiera haber respecto a la URSS y sus jugadores.

Nacho: Porque el libro bebe directamente de las fuentes originales: entrevistas actuales a los jugadores, revistas de la época soviética, biografías que solo han sido publicadas en ruso, periodistas deportivos que vivieron en la URSS, etc. Ello hace que el libro de una visión mucho más cercana a los hechos tal y como ocurrieron, sin filtros, que no siempre coincide con lo que nos enterábamos aquí.

TdB: Y, por último, una pequeña píldora para nuestros lectores. Revélanos algún dato íntimo y curioso del libro

Marc: Una de mis partes favoritas del libro es la de los 70, con el Spartak de Leningrado consiguiendo competir con el CSKA de Moscú e incluso arrebatarle un título de liga, en gran parte gracias a la figura de Aleksandr Belov en cancha y Kondrashin en el banquillo. Son dos personajes muy importantes en el devenir del baloncesto soviético de la época, pero que creo que son poco conocidos, y merecían ser reconocidos. Esperamos haber conseguido hacer honor a sus contribuciones al deporte que tanto amamos.

Nacho: A mí me gustan bastante el exhaustivo análisis de los celebérrimos tres segundos finales de Munich’72 y la parte que cuenta el largo camino hacia el oro de Seul’88. Durante el proceso de creación del libro siempre me sorprendía las ganas de ayudar de los jugadores, algo que nos permitía resolver dudas, algunas bastante complejas, en pocos minutos.

Agradecer a Marc Bret y Nacho Morejón su tiempo y paciencia con nosotros.

Con los 24 segundos entre ceja y ceja

En 'Tiempo de Basket' desde 11.05.2020

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