miércoles, febrero 21, 2024
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Europa como medida de todas las cosas

El verano es una época donde todo se descontrola un poco, los niños no tienen clase, una buena parte de los adultos está de vacaciones y las actividades habituales que durante el resto del año reinan en la sociedad, se suelen substituir por algún tipo de producto adulterado de menor calidad. El deporte no queda ajeno a esta suspensión de lo cotidiano, las ligas terminan, los vencedores celebran y los vencidos se lamentan, convencidos que, el año que viene traerá mejores resultados. Durante este intervalo aparece lo que solemos llamar competiciones internacionales, pueden estar bajo distintos paraguas: Mundial, Europeo, JJOO, Copa América, Copa África, etc… pero en esencia no dejan de ser lo mismo.

Lejos nos quedaremos de comentar la esperpéntica muestra de nacionalismo de los equipos cuyos países son famosos por renegar e incluso penalizar los mismos aspectos de los que presumen, lo que sí nos interesa analizar es un elemento que surge cada verano a raíz de este tipo de competiciones, un debate que produce posturas muy duras a cada bando y difícilmente se dejan intoxicar las unas por las otras. Pero antes, para entender lo que quiero transmitir, me gustaría contar una anécdota de mi edad adolescente. Era el año 2000 y estaba hablando con un amigo americano sobre la posibilidad que Pau Gasol estuviera en el top 5 del draft del 2001, mi amigo, llamado Dein, lo veía como una auténtica quimera. Yo no dejaba de darle datos; “Pero Dein, Pau mide 2’15m, se muevo como si midiera 1’90m, lanza como un alero de 2m y tiene la visión de juego de un base de élite, ¿cómo no va estar top 5 del próximo draft?”, “eso no importa”, me respondía. No dejaba de repetirme que eso no era posible porque era un jugador europeo y así estaban las cosas, los europeos no podían reinar en el draft por una cuestión casi de justicia divina.

Dein no era la única persona que pensaba de este modo, por supuesto, se había establecido la norma no escrita por la que el jugador europeo siempre había sido inferior al americano y esto no cambiaría por mucho que los datos mostraran lo contrario. Al igual que pasó con Divac, Pretrovic o Nowitzski, la figura de Pau contribuyó a romper muchos muros de incomprensión. Pasaron los años y los talentos europeos finalmente desbordaron la NBA, esto es tan así que, ahora mismo podemos estar hablando que, de los 5 mejores jugadores del mundo, seguramente 3 sean europeos y, para más clarificación, dudo que ningún analista estadounidense se atreva a llevarnos la contraria. Volviendo a los torneos internacionales, en los inicios de la hegemonía de los jugadores estadounidenses sucedió lo inevitable, al principio respeto e incluso adoración por compañeros o colegas que parecían que jugaban a otro deporte, más adelante apareció la competitividad para demostrar que se les podía hacer frente, y finalmente llegamos hasta los irrespetuosos partidos que tenemos hoy en día de tú a tú.

Pau Gasol Memphis Grizzlies

Ciertamente la actitud de los jugadores norteamericanos nunca ha ayudado a quitar esa fama de antipáticos cuando se presentan a competiciones internacionales, pero no excluye la enorme presión que se les presupone en cada torneo, como que si el hecho de no ganar todos los partidos por una abultada diferencia fuera otro de sus fracasos internacionales, uno tiene la sensación que son ellos contra el mundo. Hoy en día estamos ante un escenario distinto al del año 2001, año en el que Dein me decía que no importaba lo bueno que fuera Pau si era europeo, ya que ser bueno en lenguaje europeo significaba ser mediocre en la NBA, pero entonces ¿en qué escenario nos encontramos ahora mismo? Creo que esta es la pregunta clave.

Desplacémonos ahora hacia el otro lado del espectro. Desde hace unos años ha aparecido un orgullo europeo desacomplejado que empieza a creer que todo lo que vemos al otro lado del Atlántico es más un espejismo por exceso de respeto que algo más cercano a la realidad. Este movimiento eurofílico se cree en condiciones de afirmar, no solo que los jugadores europeos están al mismo nivel que los americanos, sino que son mejores. Tampoco se esconden cuando discuten acaloradamente que la mejor liga del mundo se llama Euroleague, desplazando a la NBA a una especie de circo romano donde sus espectadores demuestran su ignorancia en cada aplauso después de canasta. Y, al igual que ocurre con toda postura, llevan sus armas cargadas de argumentos para poder utilizar en caso que sea necesario; “en la NBA no se defiende”, “no se pitan pasos”, “es muy fácil anotar” o “en temporada regular los partidos se hacen tediosos” suelen ser los mantras repetidos con la esperanza que puedan agarrar algo de realidad. Todo este argumentario ha sido reforzado cada vez que el equipo USA no quedaba campeón en alguna competición internacional, como si los eurofilos señalaran con el dedo al mismo tiempo que decían “¿lo veis? Yo tenía razón, tienen mucha publicidad, pero no son tan buenos”.

Al fin y al cabo, la sociedad que rodea el baloncesto no deja de ser parte de una sociedad donde sus integrantes se mueven más por prejuicios que por decisiones basadas en datos con su posterior reflexión y asimilación. La mayoría de las opiniones suelen estar sesgadas, por lo motivos que sean. Dein creía firmemente que los europeos eran peores jugadores y punto, no se podía negociar con él un posible cambio de postura, paradójicamente podemos hallar dentro del grupo de los eurofílicos el mismo mecanismo de pensamiento de Dein, pero en el otro meridiano; la NBA apesta y punto. Puede que la respuesta esté, como casi siempre, en el término medio. Ciertamente el nivel de los jugadores americanos se ha equilibrado mucho con el resto del mundo, ya no se parecen a esos semidioses inalcanzables si no que se han vuelto mortales y, por consecuencia, vencibles. Pero esto no nos debe hacer caer en el error de pensar que son simples mortales, menospreciar su físico, su talento y su historia nos haría caer en el mismo error del que estamos intentando huir.

La historia es caprichosa y puede que en algún momento no notemos diferencia entre las partidas de nacimiento de los mejores jugadores de baloncesto del mundo, sin embargo, este día aún no ha llegado.

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