martes, enero 20, 2026
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NBA Europa, Pau Gasol y la esencia del baloncesto europeo

Hay momentos en la historia del deporte que marcan un antes y un después. Y todo indica que el baloncesto europeo está entrando en uno de ellos. No por una final legendaria, ni por una generación irrepetible, sino por una batalla de despachos que puede cambiar para siempre el mapa del baloncesto en nuestro continente.

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La NBA ha decidido venir a Europa. Pero no a colaborar. Ha venido a conquistar.
Y en medio de esta guerra fría entre Euroliga y NBA Europa aparecen nombres, intereses, reuniones secretas, amenazas legales… y una figura que nunca pensábamos ver en este papel: Pau Gasol.

Pau Gasol y el Barça: cuando los intereses pesan más que el escudo

Que Pau Gasol sea una de las caras visibles del proyecto NBA Europa no es una casualidad. Es una elección estratégica. Nadie representa mejor el puente entre ambos mundos. Nadie tiene más prestigio, más credibilidad y más influencia en Europa que él.

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Pero también es legítimo preguntarse: ¿A quién representa ahora Pau Gasol?

Porque en la reciente reunión con el FC Barcelona, en la que Adam Silver intentó seducir al club azulgrana para que apostara por la futura NBA Europa, Pau estaba allí. No como leyenda del Barça. No como defensor del baloncesto europeo. Sino como emisario de un proyecto que amenaza directamente a la competición que ha construido la grandeza del club durante décadas.

El Barça eligió la Euroliga. Eligió su historia. Eligió su identidad. Y Pau, por primera vez, quedó al otro lado de la mesa.

Es lícito que un exjugador busque su futuro en los despachos. Es lógico que quiera estar en el gran proyecto global del baloncesto. Pero también es evidente que aquí no manda el romanticismo. Manda el negocio. Y cuando el negocio entra en juego, los escudos pesan menos que los contratos.

NBA Europa: un proyecto que nunca termina de explicarse

Adam Silver habla de octubre de 2027 como si fuera mañana. Pero la realidad es que el proyecto NBA Europa sigue siendo una nebulosa.

¿Franquicias cerradas? ¿Acceso deportivo? ¿Con FIBA? ¿Sin Euroliga? ¿Con clubes de fútbol? ¿Con fondos soberanos?

Cada mes el discurso cambia. Cada reunión deja más preguntas que respuestas.
La NBA vende ilusión, pero no concreta el modelo. Vende modernidad, pero no respeta las estructuras existentes. Vende colaboración, pero negocia a espaldas de la Euroliga.
Y eso en Europa no funciona.

Aquí el baloncesto no es una franquicia. Es un barrio. Es una cantera. Es una ciudad. Es una historia.

La Euroliga contraataca: licencias largas y amenaza de tribunales

La respuesta de la Euroliga ha sido clara: modo guerra. Licencias de diez años para blindar a los grandes clubes. Advertencias legales si la NBA toca a sus accionistas. Reuniones de urgencia para cerrar filas.

La Euroliga sabe que sin Madrid, Barça, Olympiacos, Panathinaikos, Fenerbahce o Partizan, su producto pierde valor. Y también sabe que la NBA no quiere una liga sin esos nombres.
Por eso el choque es inevitable.

La gran mentira: la NBA no arriesga nada

Hay una realidad que conviene decir alto y claro: la NBA no pone el riesgo. La NBA pone el nombre. La NBA pone la marca. La NBA pone el relato.

Pero el dinero lo ponen los clubes. Las pérdidas las asumen los clubes. Las estructuras las crean los clubes. Si el proyecto fracasa, la NBA seguirá siendo la NBA. Si fracasa, los clubes pueden quedar arruinados.

Es un modelo donde el socio pequeño arriesga y el gigante cobra.

Europa no quiere ser una sucursal

Quizá el error más grande de la NBA es pensar que Europa está esperando ser rescatada. El baloncesto europeo tiene problemas, sí. Tiene desigualdades, sí. Tiene una Euroliga mejorable, sí. Pero tiene algo que la NBA no puede fabricar: identidad. Rivalidades centenarias. Pabellones con alma. Viajes imposibles. Canchas hostiles. Aficiones que viven y sufren.

Una liga cerrada, igual que la actual Euroliga, artificial, construida desde un despacho en Nueva York no conecta con esa cultura. Y la afición lo sabe. Por eso el rechazo es amplio. Silencioso, pero profundo. El partido más importante no se juega en la pista. El baloncesto europeo está ante su mayor encrucijada en décadas. O protege su modelo, su historia y su identidad. O se vende al mayor postor.

La NBA tiene dinero. La Euroliga tiene tradición. Los clubes tienen la decisión y la afición tiene la memoria. Porque cuando se rompe una cultura deportiva, ya no hay vuelta atrás.
Y esta vez, el resultado no se decidirá en el último segundo. Se decidirá en una sala de reuniones.

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