El hecho de firmar el primer año en blanco de los últimos quince hizo virar el proyecto de Scariolo-Chacho hacia una sorprendente llegada de Pedro Martínez y el regreso de Juan Carlos Sánchez como director de baloncesto. La dinámica cambió con el nuevo tándem y, apenas un mes y medio después, los blancos ya tienen la primera alegría del curso con la Supercopa de la Euroliga.
Nadie duda de que el objetivo vuelve a ser pelear por todos los títulos, como cada temporada. Entre ellos, una Euroliga que se presenta, una vez más, como la más exigente de la historia, con transatlánticos como los equipos griegos, Fenerbahçe o Dubái. Para afrontar ese reto, el cambio de proyecto también ha traído salidas importantes: Mario Hezonja y Trey Lyles, dos primeras espadas que fueron determinantes en muchos momentos del pasado curso. Sus puestos han sido ocupados por jugadores como Timothé Luwawu-Cabarrot y Pradilla, perfiles muy completos que ya han dejado buenas sensaciones, especialmente en la final de la Supercopa.
Pero había una necesidad que iba más allá de los nombres. El pasado curso el Real Madrid abusó en demasiados momentos de los ataques en estático y quedó patente que hacía falta un ‘2’ capaz de generar puntos por sí mismo. Cuando el ataque se vuelve plano, gris y no consigue sacar ventajas de los sistemas, aparece la necesidad de un talento exterior capaz de romper el partido desde el bote y el uno contra uno. Un jugador del perfil de Edwards, Nunn o Fournier. Una situación que, inevitablemente, puede volver a aparecer en algún tramo de la temporada.
La dirección deportiva se puso manos a la obra. Fueron muchos los nombres que estuvieron sobre la mesa, entre ellos Armoni Brooks o Lester Quiñones, pero en Valdebebas tenían muy claro qué perfil buscaban. Y también quién debía ser el elegido: Nick Smith Jr. Herreros y Rudy Fernández hablaron en numerosas ocasiones con el jugador, al igual que Pedro Martínez, mientras que la directiva hizo un esfuerzo importante para convencerle. JCS lo reconoció en Real Madrid TV: fue una negociación larga, de más de 20 días, en la que llegaron a hablar con sus agentes, con el propio jugador e incluso con su entorno más cercano para conseguir que el estadounidense apostara por Madrid.
En esa operación también tuvo un papel especial Luka Doncic. El esloveno, que compartió vestuario con Smith Jr. la pasada temporada, ejerció de ‘celestino’ para facilitar su llegada a la capital y ayudar al Real Madrid a convencer al que fuera jugador de los Lakers.
El club tenía muy claro lo que podía aportar el escolta estadounidense. Precisamente ese ‘2’ que tanto necesitaba el equipo: puntos, capacidad para generar desde el uno contra uno, lectura de los bloqueos, habilidad tras bote y una notable facilidad para encontrar soluciones cerca del aro. Recursos diferentes para un equipo que, en determinados momentos, puede necesitar precisamente eso: alguien capaz de inventar cuando los sistemas no encuentran ventajas.
Si todo encaja, Smith Jr. puede convertirse en un fichaje de quilates. El estadounidense llegó a España arrastrando unas molestias que han retrasado su puesta a punto, pero este martes ya pudo estrenarse con la camiseta blanca. A partir de ahí, tendrá que recuperar el ritmo y adaptarse a un nuevo equipo y a una competición tan exigente como la Euroliga.
El Real Madrid ya tiene su primera alegría de la temporada. Ahora espera a su nueva pieza. Porque si Nick Smith Jr. consigue ser ese generador exterior que el equipo echó en falta el pasado curso, Pedro Martínez tendrá en sus manos una pieza diferencial para competir contra las grandes plantillas de Europa. El tiempo dirá hasta dónde llega, pero en Madrid ya saben que buena parte de sus opciones de éxito pueden pasar por su nuevo ‘as’ en la manga.

