miércoles, febrero 8, 2023
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Stephen Curry, el orden del caos

Hay pocos jugadores que sean capaces de desafiar las cánones establecidos, escoger su propio camino, salir victorioso y obligar a reescribir todos los preceptos o las viejas creencias que teníamos ya asumidas. Uno de esos jugadores es sin ningún género de duda Stephen Curry.

Con Curry se empezó a redefinir el concepto de lo que es un buen tiro, los sistemas defensivos se empezaron a estirar y tensar presionados hasta límites antes insospechados, los espacios en ataque que en otros tiempos eran como un vergel en el desierto comenzaron a expandirse. Donde antiguamente ninguna defensa veía una amenaza, ahora existe la obligación de estar en guardia apenas el balón traspasa el medio campo.

Todo ello de la mano de una efectividad asombrosa en un tirador con un volumen elevadísimo de lanzamientos y una vigilancia muy estrecha. Curry establece alrededor de él un centro de gravedad tan pesado que facilita la labor de sus compañeros incluso cuando no entra en contacto con el balón.

Hemos ido conviviendo con este sujeto durante la última década hasta el punto de que nos parece normal todo lo que hace. Decía Tsun Zu en ‘El arte de la guerra’: «Haz que los adversarios vean como extraordinario lo que es ordinario para ti; haz que vean como ordinario lo que es extraordinario para ti». Sin embargo no todas las virtudes de Curry son tan apreciadas a simple vista, algunas pasan desapercibidas. La atracción que ejerce el balón en el transcurso de un partido provoca que en muchas ocasiones nos veamos privados de disfrutar (un día sí, otro también) de un máster de como desenvolverse en una cancha sin balón.

Todos sabemos de la capacidad Stephen Curry para tirar tras bote y generarse sus propios tiros, algunos de ellos nos dejan perplejos. Esto hace que no veamos nada extraordinario en sus acciones de catch&shoot. Siendo un tirador tan letal, ¿como es posible que siempre encuentre el espacio para lanzar?. Es obvio que los sistemas diseñados por Kerr y el buen trabajo de sus compañeros en las pantallas le facilitan estas cosas, pero hay mucho talento en la forma en la que Curry se mueve sin balón, y ahí es también un jugador diferencial. Nadie en la liga tiene su talento en esas situaciones.

Curry domina los cambios de ritmo, de dirección y las salidas orientadas. Es un maestro en las acciones continuadas, bien sea cuando ejecuta un bloqueo o cuando pasa. Y es en este aspecto donde es más peligroso porque en la mayoría de los casos cuando el atacante suelta el balón, hay unas décimas de segundo de relajación por parte del defensor, que son las que aprovecha precisamente Curry para sacar la ventaja suficiente para crear ese espacio necesario. Son muchos los tiros que él se genera en lo que los americamos llaman ‘relocate’. Por eso es un jugador cuya defensa es estresante, porque no permite un solo segundo de relajación a su par, si lo hace le castigará porque es un experto en volar bajo el radar y detectar el instante en el que nadie presta atención. En ese movimiento continuo, descompone defensas, distrae la atención, es cazador y a la vez el señuelo, impone una especie de caos en el que se mueve como pez en el agua. Pero no hay nada de aleatoriedad en ese desorden, todos y cada uno de sus movimientos tienen un objetivo y un fin, están perfectamente ordenados en su cabeza.

Hay jugadores que tienen más peso en la historia que Stephen Curry, probablemente vendrán en un futuro otros jugadores (no muchos) cuyos logros puedan eclipsar los suyos, pero de lo que no hay ninguna duda es de su singularidad, no ha habido ningún jugador de sus características y es difícil que salga otro igual. Disfrutemos de él mientras esté en activo.

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