jueves, febrero 22, 2024
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Un ‘Yugo’ aterriza en Hollywood

No cabe duda de que el chico tenía carácter. Con 18 años perdió un balón en las semifinales del campeonato del mundo que llevó el partido a la prórroga, en la que la URSS derrotó a la extinta selección de Yugoslavia, en uno de los desenlaces más increíbles de la historia del torneo. Los soviéticos habían remontado 9 puntos en apenas 90 segundos para llevar el partido a la prórroga. En otras circunstancias (otro país, otro entrenador, otra personalidad distinta) podría haber supuesto el final de la carrera como jugador de élite, pero Vlade Divac creció en una escuela, la balcánica, en la que los errores son algo inherente al juego y hay que procesarlos con rapidez y naturalidad para continuar con el proceso de aprendizaje (cuanto antes te equivoques, antes aprenderás). Divac tuvo un entrenador como Kresimir Cosic que intuyó su potencial y premió el error de su jugador con la titularidad en el partido por la medalla de bronce. Y por último Divac poseía el espíritu y el coraje para superar un revés de esa naturaleza.

El pívot serbio apareció en la escena internacional en el momento adecuado. Tras la retirada de una generación yugoslava que ganó todos los títulos posibles. En ese proceso de transición floreció una generación de jugadores con unas características únicas y con una forma de entender el baloncesto que enamoró a todo el mundo. Aquel estudiante de mecánica de 212 cm. de altura, era una de las piezas que faltaba en ese proceso de transición, un hombre alto que llenara el hueco dejado por Cosic.

Dejó su club hasta entonces, el Sloga Kraljevo para enrolarse en las filas del Partizan de Belgrado. La mezcla de veteranía y juventud cristalizó en un extraordinario equipo que conquistó una liga, una copa y una copa Korac. El Partizan estaba llamado a hacer grandes cosas en el baloncesto continental con una joven generación liderada por el propio Divac, Zarko Paspalj o Aleksander Djordjevic.

A pesar de su juventud, Divac era increíblemente maduro para su edad, se movía con gran soltura por el campo, manejaba el balón como un base, podía anotar desde posiciones exteriores y pasaba el balón realmente bien, algo inusual en el estereotipo de pívot que imperaba en aquella época. Estaba siguiendo los pasos de Kresimir Cosic. Junto a otros talentos del país como Drazen Petrovic, Dino Radja, Toni Kukoc, Arijan Komazec, Predrag Danilovic o su compañero Zarko Paspalj, dominaron la escena internacional primero en Europa (1989) y luego en el Mundo (1990). En apenas cuatro años, aquel chico nervioso e impreciso que perdió un balón decisivo en el campeonato del mundo, se convirtió en uno de los mejores pívots del planeta. Sólo Arvydas Sabonis estaba por encima de él en el baloncesto FIBA.

Era inevitable que al otro lado del Atlántico, en pleno proceso de expansión y globalización de la NBA, fijaran sus ojos en este «chico» de 21 años. La primera vez que en el entorno NBA tomaron nota de este talento, fue en 1988 durante la celebración de los JJOO de Seúl y durante el Open McDonald´s celebrado en Madrid en el que la selección yugoslava se enfrentó a los Boston Celtics. Divac no era un desconocido en el ámbito del baloncesto amateur en Estados Unidos. En el mundial junior de Bormio en 1987, la selección yugoslava de la que formaba parte derrotó en dos ocasiones al combinado norteamericano. En vista del interés suscitado, Vlade Divac decidió declararse elegible a los 21 años, un año antes de los 22 que solía ser la edad habitual por entonces para la mayoría de los jugadores seleccionables en el draft. Su compañero Zarko Paspalj que no fue drafteado por ningún equipo era libre para negociar con cualquier franquicia que le pretendiera.

El 27 de junio de 1989 tuvo lugar la ceremonia del draft en New York. Existían muy buenos informes sobre Vlade Divac por parte de todas las franquicias pero los jugadores europeos eran vistos con mucho recelo todavía en el entorno de la liga. No importaba el talento que encerraran dentro, eran ‘sospechosos’. Así fueron pasando las elecciones de la primera ronda del draft hasta llegar a la penúltima, en poder de Los Angeles Lakers. Jerry West que tenía pensado escoger un base suplente para Magic Johnson, vio la oportunidad de seleccionar a Divac y cambió sus planes.

«Nosotros estimábamos que iba a salir entre el nº 9 y el 16, pero los demás equipos le descartaron. Me imagino que para el resto de managers no era una apuesta, sino un riesgo. Nosotros creemos que puede jugar, pero no es un proyecto de jugador, puede jugar desde ahora».

Divac era un jugador al que los Lakers habían seguido, tenían cintas de él, habían hablado con colaboradores europeos, pero nunca habían pensado que estarían en disposición de elegirle. Cuando esa posibilidad se volvió una realidad, Jerry West asumió la responsabilidad de apostar por el jugador serbio ante la negativa de su equipo de asesores y ojeadores. ‘Es un gran riesgo’, le decían. ‘No, chicos, vamos a por Vlade’.

Vlade Divac Lakers

Aunque West creía en Divac, había una serie de inconvenientes con los que los Lakers tenían que lidiar, el primero era el idioma. El jugador apenas hablaba inglés, y la franquicia tuvo que facilitarle un profesor. El segundo era el servicio militar. Divac estaba pendiente de una llamada para incorporarse al ejército yugoslavo. Aunque pedir un receso en su incorporación era posible, no estaba garantizado que se lo concedieran. Y el tercer inconveniente era llenar el gran vacío que había dejado en el centro de la zona uno de las más grandes leyendas del baloncesto, Kareem Abdul Jabbar.

La comparativa era injusta pero L.A. era una ciudad tan seductora como traicionera, y la presión por ganar estaba implícita en la franquicia ‘no importa quien eres ni de donde vienes’. La procedencia y la inexperiencia de Divac no servirían como eximentes, no se aceptaría el fracaso. Divac muy pronto empezó a comprender la idiosincrasia de la franquicia. Fue puesto a prueba por Magic Johnson, llegando a límites casi insospechados, casi al borde de la tortura psicológica. Magic no estaba dispuesto a conceder tiempo al jugador serbio, tendría que aprender a marchas forzadas. Detrás de la sonrisa embelesadora de Magic Johnson se escondía uno de los mayores competidores de la historia de este deporte.

»Si no sabe hablar inglés no me importa con tal de que sea capaz de depositar la pelota en el aro» MAGIC JOHNSON.

A pesar de tener contrato con el Partizan de Belgrado, el club yugoslavo permitió su salida, algo que la Jugoplastika de Split no concedió a Dino Radja. ‘La NBA debe respetar los contratos firmados entre los clubes y los jugadores’ declaraba Bozidar Maljkovic entrenador de Dino Radja.

La vida de Vlade Divac ya no volvería a ser la misma tras ese verano. En el mes de agosto contrajo matrimonio con Snezana Orbovic, una aspirante a actriz a la que se le abrió un mundo lleno de oportunidades al mudarse a la tierra de la meca del cine. La popularidad de Divac era tal, que la ceremonia fue televisada. Tras el enlace, un viaje relámpago a Los Angeles para unirse al equipo en el training camp en la universidad de Loyola Marymount a las órdenes de Pat Riley. La primera toma de contacto en la Summer League fue positiva (15 pts 12 reb contra Milwaukee y 20 pts 18 reb contra Denver). En medio de esta ‘balsa de aceite’ llegaron malas noticias desde Yugoslavia. Divac que había prorrogado su incorporación al ejército hasta 1990 cuando estaba en el Partizan recibía una notificación para presentarse ante las autoridades yugoslavas. La federación yugoslava que no veía con buenos ojos la marcha de Divac a la NBA notificó este hecho al ejército yugoslavo que dejó sin validez la prórroga concedida. Divac tenía que presentarse en la localidad de Trebinje, el 19 de septiembre o se podía enfrentar a una pena de 3 años de cárcel.

»Sabíamos que Vlade tenía que cumplir sus obligaciones pero esperábamos que no fuera hasta dentro de un año, en el que negociaríamos una nueva recesión. Yo creo que el problema viene porque no han visto el contrato de Vlade. El jugador tiene permiso para acudir a cualquier cita internacional con su selección» JOSH ROSENFELD, representante de los Lakers.

Finalmente Boris Stankovic, presidente de la FIBA, intercedió en las negociaciones con la federación yugoslava y el ejército, y Divac obtuvo una nueva prórroga hasta 1992, después de los JJOO. Stankovic estaba movido por un interés particular, conseguir que los jugadores norteamericanos de la NBA acudieran con su selección a eventos internacionales, empezando por el campeonato del mundo que se disputaría en Argentina en el verano de 1990. Con el asunto de sus obligaciones militares resuelto, los Lakers continuaron el plan que habían establecido para Divac y contrataron a Kareem Abdul Jabbar para que trabajara su juego al poste bajo con el jugador yugoslavo. El propio Pat Riley viendo la características de su juego se atrevía a pronosticar

»Estas últimas temporadas, si no podíamos correr parábamos nuestro juego porque teníamos que dar tiempo para que Kareem estableciera su posición. Cuando Vlade esté en la cancha correremos siempre. Él lo hace muy bien, y además tiene muy buenas manos, es capaz de recibir el balón en carrera y ponerlo en el suelo»

En la ya clásica estancia de los Lakers en Honolulu de cada año Divac mostraba interesantes muestras de su potencial en los primeros partidos de pretemporada (12 pts contra Sacramento y 11 pts 10 reb contra New Jersey). La expectación alrededor de él aumentó cuando endosó 23 puntos a los Suns. A pesar de todas estas muestras de su calidad, Pat Riley era consciente de que tendrían que tener paciencia con el jugador serbio. Su primera temporada sería de aprendizaje y el puesto en el quinteto titular estaba reservado para el veterano Mychal Thompson.

La pretemporada había servido para sacar dos conclusiones: Divac tenía mucho que aprender, pero también mucho que ofrecer. Así llego el ansiado día que esperó desde niño, un 3 de noviembre de 1989, hacía su debut contra los Mavericks en Dallas. Los Lakers vencieron 102-94 y Vlade disfrutó de 15 minutos de juego en los que anotó 2 puntos, capturó 8 rebotes y puso 3 tapones.

Por delante quedaba una temporada completa para desvelar si aquel jugador yugoslavo, que 3 años antes lloraba desconsoladamente de rodillas por un error que propició la derrota de su equipo, tendría la calidad suficiente para jugar en la liga. Dieciséis años después se retiraba en la franquicia en la que había comenzado tras haber ofrecido lo mejor de sí en Lakers, Hornets y Kings. No había ninguna duda acerca de sus capacidades. Divac junto a Petrovic y Marciulionis, dejaron la puerta abierta a futuras generaciones que siguieron sus pasos. Ya no había vértigo, el camino estaba señalado.

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