domingo, febrero 25, 2024
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Apuestas, asfalto y juzgados, la odisea de Connie Hawkins

Connie Hawkins era el jugador prototipo del futuro, jugando 15-20 años por delante de su tiempo. Allanó el camino -mejor: abrió las vías respiratorias- a jugadores de la talla de Julius Erving y Michael Jordan. Pasaba el balón como un base, tiraba como un alero, dominaba los tableros como un pívot, inventaba jugadas como Dr. J y MJ después hicieron.
Manos enormes, gran coordinación, amplias zancadas, vuelos sin motor con una extensión de mano perfecta que terminaban en mates tan terroríficos (para la época) como revolucionarios. Todo esto y mucho más era ‘The Hawk’. Un apodo asumido por la raíz de su apellido, y muy apropiado por sus vuelos hacia la canasta.

Si se pregunta a cualquier entendido por los ídolos en la edad de oro del playground neoyorquino, nadie dejaría de mencionarle, junto a los habituales y conocidos Goat (Earl Manigault), Fly (James Williams), ‘Copter (Herman Knowings), Jumpin’ Jackie (Jackson), Destroyer (Joe Hammond) y Pee Wee (Richard Kirkland). Con una diferencia, Hawk fue uno de los pocos pioneros del baloncesto callejero que conservó su estatus de leyenda también en la NBA. Aunque, a diferencia de otros especímenes como él, Lew Alcindor (más tarde Kareem Abdul-Jabbar) y Nate Tiny Archibald, no llegó a la liga con un gran futuro a sus espaldas.

Cornelius Lance Hawkins nació el 17 de julio de 1942 en el barrio neoyorquino de Bedford-Stuyvesant en Lexingon Avenue, un gueto afroamericano que los más optimistas siguen llamando, con un suave eufemismo, una parte muy mala de Brooklyn.

Era el quinto de seis hermanos, su madre Dorothy era ciega y su padre Isaiah alcohólico. Connie vio por última vez a su padre cuando tenía diez años, después de que abandonara a su familia. Busco evadirse de su dia a día en aquellas canchas de asfalto y hormigón. Era demasiado flaco y débil para ser reclutado por las oandillas y demasiado tímido para hacer amigos. Sin embargo el joven Cornelius demostró tener talento en un campo en el que muchos habían fracasado. A la edad de once años, Hawkins ya era capaz de hacer mates. Su fama para escapar a las leyes de la gravedad se extendió por todo el barrio.

Connie Hawkins Phoenix Suns

Sin embargo no pudo evitar en las tentaciones que suponía vivir en un guetto como suyo. A los 13 años se colocaba con marihuana y a los 14 bebía con bastante frecuencia. Su destino no parecía muy halagüeño a pesar de que estaba considerado el mejor prospecto de high school de la ciudad. Connie Hawkins empezó a jugar con el equipo varsity de Boys High School un año antes que todos los chicos de su edad. En su temporada junior se proclamó campeón invicto con su equipo en la Public School Athletic League. El New York Post ya se hacía eco de sus andanzas.

En su último año, tras experimentar un notable crecimiento, volvió a quedar campeón sin perder un solo partido, promediando 25,5 puntos. Fue nombrado All American por la prestigiosa revista Parade. Más de 250 universidades pretendían reclutarle a pesar de su limitado coeficiente intelectual (muy por debajo de la media). Le ofrecieron dinero en efectivo, tickets de comida gratuita y entradas para los partidos. Incluso la universidad de Kentucky reticente a reclutar jugadores de color, le ofreció una beca. Hawkins se decantó finalmente por la universidad de Iowa.

En su primer año Hawkins no pudo competir con los Hawkeyes porque la normativa vigente impedía jugar a los jugadores freshman, sin embargo en los entrenamientos, destrozaba una sesión tras otra a la estrella de la universidad, un alero blanco que respondía al nombre de Don Nelson. Pero en diciembre de 1961, durante las vacaciones de Navidad, fue reclamado para declarar en una investigación de un escándalo de apuestas. Hawkins nunca fue detenido ni recibió ninguna acusación. Sin embargo fue relacionado con Jack Molinas, el instigador de todo este asunto de apuestas amañadas. Connie Hawkins conoció a Molinas un año antes. A menuda se le veía montado en un coche de su propiedad que conducía otra gran leyeda del baloncesto de las calles de New York y coetáneo suyo, Roger Brown. Hawkins había recibido algunos favores de Molinas como aceptar un préstamo de $250.
Molinas ya había sido detenido 10 años antes por un asunto similar. Su modus operandi era acercarse a chicos jovenes con un gran talento, ganarse su confianza a traves de favores y luego involucrarles en amaños de partidos en los que ellos participaban. Entre 1957 y 1961, Molinas había involucrado a 476 jugadores de 27 universidades distintas. A cambio de sus servicios les ofrecía dinero y prostitutas. Cuando Molinas fue detenido reconoció que no había involucrado a Hawkins quien no tuvo que ver nada con sus chanchullos. Pese a todo, Hawkins pasó a formar parte de la lista negra de los centros universitarios y los equipos profesionales. Iowa le retiró la beca y le expulsó de la universidad. Aunque no hubo ningún veto oficial de la NBA, era evidente que el comisionado Walter Kennedy había prohibido que Hawkins fuera drafteado, y así ocurrió en 1964, cuando todas las franquicias le omitieron en sus elecciones.

Hawkins fue considerado persona non grata por parte de la NBA. Le arrebataron la posibilidad de demostrar su talento en los mejores años en cuanto a su condición física. Por su forma de juego habría sacudido todos los pilares del orden establecido del baloncesto tradicional. Probablemente su impacto habría sido mayor que el de Julius Erving en la década de los 70. Tras la sanción de Iowa volvió a su barrio como un paria. Tuvo que empezar de nuevo y buscarse la vida después de que se le cerraran casi todas las puertas.
En otoño de 1961 se comprometió con los Pittsburgh Renaissance de la recién creada ABL por una cifra de $5.000. Aquella liga paralela a la NBA fue fundada por Abe Saperstein, propietario de los Harlem Globetrotters. Hawkins fue MVP y máximo anotador (con una media de 27,5 puntos). Llevó a su equipo hasta los playoffs en los que caerían derrotados por los Washington-New York Tapers. El nivel técnico de la la liga no era muy alto, pero al menos permitía a Hawkins hacer lo que más le gustaba, jugar a baloncesto. Había dos peculiaridades que hacían de esta liga un torneo atractivo, la primera, fue la primera competición oficial que añadió una línea de 3 puntos y la segunda, la que más gustaba a los jugadores, tenía una franquicia en Hawaii. Sin embargo la liga no llegó a completar los dos años de vida.

Hawkins que llevaba un promedio de 27,9 pts por partido cuando quebró la liga se quedó de nuevo sin perspectivas de seguir haciendo carrera en el mundo del baloncesto. Un año después Abe Saperstein le ofreció una salida, formar parte de los Harlem Globetrotters. Puede que no fuera el trabajo soñado por Hawkins, pero era una manera de ganarse la vida, porque en esos momentos corría el riesgo de quedarse en la ruina. Nunca se adaptó a aquel entorno, pero no tenía otra alternativa. En su fuero interno el sabía que su sitio estaba en la NBA, conquistando un sitio entre los mejores jugadores de la liga. Y los propios atletas de la NBA lo sabían. «The Hawk jugaba con nosotros en verano. Todos sabíamos que era un jugador con condición de superestrella de la NBA», relataba Willis Reed, que compartió cancha con Hawkins en los playgrounds neoyorquinos.

Hawkins comenzó a alejarse cada vez más de la órbita de los Harlem Globetrotters. En su infancia había sufrido las burlas de otros niños por su aspecto harapiento. Aquello no hizo otra cosa que refozar el aspecto tímido e introvertido de su carácter, por eso odioaba ser el hazmerreir y hacer el payaso, que era una de las prerrogativas de la forma de actuar de los Globetrotters. Lo único que le gustaba de aquel circo era viajar. Cuando se alejaba de Estados Unidos comprendía mejor el estado de segregación que vivían en comparación a como eran tratados en otros países. Hawkins se desvinculó de los Globetrotters y se estableció en Pittsburgh jugando en una liga amateur industrial. Durante esa epoca recibió una noticia que fue el último clavo de su ataúd, la junta de gobernadores de la NBA votó oficialmente contra la inhabilitación de Connie Hawkins, evitando la tentación de que cualquier equipo le pudiera contratar.

Hawkins había tocado fondo. Vivía en un cuchitril del North Side de Pittsburgh con sus dos hijos, su mujer y el hermano de ésta, que padecía una minusvalía mental. Una vez más se abrió en su vida una ventana a la esperanza en forma de una nueva competición, la American Basketball Association. Firmó por los Pittsburgh Pipers. El comisionado de aquella liga era George Mikan, la primera superestrella de la NBA. Su primera medida fue abrir las puertas a los jugadores de la lista negra de 1961, todos aquellos que fueron sancionados, estuvieran involucrados o no. Entre esos jugadores había nombres como los de Roger Brown o Doug Moe. Connie se convirtió súbitamente en una de las caras de la nueva competición. Era uno de los pocos jugadores que eran capaces de atraer público a las semivacías canchas de la ABA. La gente pagaría una entrada solo por verle a él.
Gracias al juego de Hawkins, y apoyado por los Art Heyman, Charlie Williams, Chico Vaughn o Trooper Washington, los Pipers lograron el primer puesto de su división con un récord de 54-24. Hawkins fue el maximo anotador de la liga con 26,5 pts por partido y el segundo máximo reboteador con 13,8 capturas por noche. Solo Mel Daniels promediaba más rebotes que él. Además también promedió 4,6 pases de canasta por partido, el cuarto mejor registro de la liga. Fue elegido MVP en esta campaña de estreno. En playoffs llegaron a las finales contra los New Orleans Buccaneers de Larry Brown, Jimmy Jones y Doug Moe. Los Pipers remontaron un 2-3, y Hawkins anotó 41 puntos en el séptimo partido. Hawkins fue elegido MVP de las finales tras promediar 30,7 pts y 11,2 reb.

Al final de esa temporada, Hawkins faltó a su habitual cita con el Rucker Park, y no se inscribió con ningún equipo. Cuando la organización tuvo que votar a los integrantes del partido All Star en el que tomarían parte los mejores jugadores, Connie Hawkins fue uno de los más votados a pesar de que no había participado en la edición de ese año. «Si decides organizar un partido de estrellas en el Rucker, o votas por Connie, o no votas», dijo Bob McCollough, una antigua leyenda del lugar. Hawkins tuvo que comparecer al partido por petición popular y fue nombrado MVP.

El propietario de los Pipers decidió trasladar la franquicia a Minneapolis. El equipo tuvo una plaga de lesiones de la que ni siquiera Hawkins pudo librarse (solo jugó 47 partidos). Mientras estuvo sano dejó constancia de su calidad: 30,2 pts y 11,4 reb. A duras penas lograron meterse en playoffs para caer en primera ronda. Sería la última aparición de Hawkins an la ABA.

En 1969 se produjo un cambio de paradigma en relación a su inhabilitación por el tema de las apuestas. La revista Life publicó un artículo en el que afirmaban que Hawkins había sido intimidado y amenazado por agentes del gobierno para admitir delitos que no había cometido. No hubo abogados presentes, él y otra media docena de muchachos estuvieron aislados en un edificio federal sin que pudieran tener contacto con nadie. Hawkins había interpuesto una demanda contra la NBA por su inhabilitación, demanda que fue ganada por el jugador. El veredicto obligaba a la NBA a llegar a un acuerdo con Connie Hawkins si no quería desembolsar de golpe $6M.

Hawkins quedó liberado para firmar con Phoenix Suns en un sorteo realizado para determinar sus derechos entre el equipo de Arizona y los Seattle Supersonics. Era el final de una pesadilla que duró demasiado tiempo y que se llevó los mejores años de Hawkins y la salud de sus rodillas.

En otra ocasión hablaré de su periplo en la NBA y de su corta pero intensa estancia en Italia.

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