miércoles, febrero 21, 2024
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Básquet Girona: Anatomía de una mala jugada

Una de las decisiones más importantes que un equipo debe tomar en su momento es quien deberá dirigir a sus jugadores, estas decisiones pueden estar sujetas a la presión del momento o sencillamente a la respuesta de una necesidad real de la plantilla. Este año el Básquet Girona, cuyo presidente es Marc Gasol, tenía una línea de trabajo muy definida en este sentido. Después que la temporada 2022/23, su primera temporada en ACB en muchos años, Aíto hubiera salvado “in extremis” del descenso al equipo, este año se presentaba como una oportunidad de consolidación en una de las mejores ligas del viejo continente, de este modo, la planificación en pretemporada fue mucho más reflexiva que el año anterior.

El fichaje de Salva Camps fue, según mi opinión, un movimiento brillante. Cierto era que el club iba a por el actual entrenador del Manresa, Pedro Martínez, cuyo estilo de juego alegre y divertido a la par que efectivo era un reclamo para el aficionado. Sin embargo, las negociaciones no fructificaron y se tomó la decisión de hacerse con los servicios de lo más parecido que había en el mercado; Salva Camps. El entrenador de Badalona por entonces ejercía de asistente en Manresa al lado de Pedro y compartía con él esta filosofía alegre de entender el baloncesto. Dicho en otras palabras, Salva importó el estilo de su maestro a la ciudad de Girona. Este atrevido estilo es heredero del “small ball” que tantas alegrías dio a los aficionados de los Warriors con Stephen Curry como máximo exponente. También lo podemos identificar, si nos vamos un poco más hacia atrás, con los Phoenix Suns de Mike D’Antoni, donde Steve Nash y Amaré Stoudemire fueron una pareja que se quedó en la retina de sus aficionados durante muchos años por la espectacularidad de su juego.

Los Suns de D’Antoni fueron una auténtica revolución salvaje en la NBA, en una liga plagada de defensas acérrimas hubo alguien que se atrevió a combatir con las armas del talento en lugar de los músculos. “Hay que dejar que el rival tire lo más rápido posible para que nosotros ataquemos cuanto antes” fue una de las frases, seguramente apócrifas que se le atribuyen a D’Antoni como símbolo de su estilo de juego. Posesiones cortas, lanzamientos rápidos y ataques en apariencia simples pero efectivos eran las señas de identidad de su juego, un juego basado en estudios de estadística avanzada donde se demostraba que tirar de 3 puntos es más efectivo que tirar de 2. Por desgracia los Suns nunca consiguieron el anillo, pero demostraron que se podía competir a un nivel altísimo a la vez que se ejercía un juego alegre y estético.

Pedro Martínez es un heredero de D’Antoni pasado por el filtro europeo y, si añadimos un filtro más, tenemos el estilo de Salva Camps. El entrenador del Básquet Girona maravilló en las primeras jornadas, victoria en casa del Valencia y paliza al Gran Canaria en Fontajau, parecía que su estilo encajaba como anillo al dedo y los resultados acompañaban. Las siguientes jornadas siguió ganando pese a no volver a demostrar tal brillantez en su juego hasta que llegamos a los días actuales donde se encadenan 7 derrotas consecutivas. ¿Qué ocurrió entonces con este estilo tan estético como efectivo? En primer lugar, hay que tener en cuenta que en el deporte profesional existe un sinfín de condicionantes que, nos guste o no, son completamente incontrolables, sin embargo, sí podíamos ver que algo extraño ocurría en las primeras jornadas, cuando se ganaba de manera contundente. En ocasiones los detalles nos muestran mejor la realidad de lo que nos pensamos, y si observamos con detenimiento esos primeros partidos ya podíamos detectar elementos que no deberían estar ahí.

Ike Iroegbu Salva Camps Girona

Teníamos a un jugador como Ike Iroegbu que sobresalía como uno de los mejores exteriores de la competición, anotador de tiros de larga distancia y bien punteados y un penetrador de élite. Juani Marcos se rebeló como un jugador que se movía como pez en el agua en este estilo tan ofensivo, Ive Pons añadía físico y tiro de 3, Colom conducía el equipo como nadie y Sergi Martínez demostró que su lugar está en el olimpo de los defensores exteriores de Europa. No quisiera dejarme a más nombres por el camino, pero realmente todos aportaban más de lo que deberían aportar y, aquí, creo yo que reside la clave de todo. Las primeras jornadas el equipo maravilló sencillamente porque, por determinadas razones, todo salió de manera inmejorable. No quiero quitar mérito al staff técnico, creo que Salva fue muy valiente y el equipo funcionó gracias a su trabajo, pero esta máquina era difícilmente perdurable porque, según mi opinión, los jugadores no eran los ideales para ejercer este tipo de baloncesto. Ni mejores ni peores, simplemente no daban el perfil que su entrenador les exigía.

Podemos volver al ejemplo de Iroegbu, un jugador completamente anárquico, de rachas, de los que te puede anotar 3 triples consecutivos o fallarte 5 seguidos. Se le dio el margen para que tuviera la libertad de tirar y penetrar las veces que quisiera en pro del estilo del equipo, siempre que tuviera un lanzamiento abierto o sin defensa. El resultado fue que cuando estaba acertado el equipo funcionaba y cuando no lo estaba se hundía con él, no parecía haber más soluciones que esa, “Ike, sigue tirando” parecía que le decía Salva “Ya entrarán”, y no entraron. Iroegbu no era el único que ejercía este tipo de baloncesto, pero era su exponente más claro, estuvo también Markel Brown, que se dice que se le cortó porque no se entendía con Salva o jugadores como Corey Davies o el más reciente Brae Ivey que siguen siendo del perfil del estilo de juego que el entrenador quería imponer. Davies y Ivey son buenos jugadores ofensivos exteriores, que pueden ayudar en algunas facetas del juego, pero no son ni Stephen Curry ni Steve Nash y se les ha visto las costuras des del primer día.

Tampoco podemos olvidarnos de los interiores, Goloman debería ser la referencia interior cuando no le encaja este estilo para su perfil, un jugador grande, móvil y con buena mano, pero parece que se pierde en el movimiento continuo de atacar rápido. Y no hablemos de Dorjevic, un jugador chapado a la antigua en el sentido que se siente mucho más cómodo atacando de espaldas al aro utilizando su zurda en semiganchos que no corriendo por toda la cancha esperando un pase rápido. Y si preferimos dejar el terreno de las sensaciones para adentrarnos en los del dato o de la estadística, podemos ver como el Girona ha sido el undécimo equipo que más anota en la competición con 81,9 puntos por partido, que no estaría mal si no fuera porque su juego se basa exclusivamente en anotar. También podemos revisar sus porcentajes de acierto; siendo con 47,8% en tiros de 2 el peor de la competición y con 33,9% en tiros de 3 el duodécimo. Por otro lado, vemos que se lanza más de 3 que de 2 y son los que pierden más balones con 15,8. Todas estas estadísticas están maquilladas por el gran inicio de temporada, si nos centrásemos en los últimos dos meses de competición, serían completamente escandalosas. La defensa ha sido otro de los factores que ha ido claramente a menos, la lesión de Sergi Martínez ha provocado parte de este bajón, pero no lo explica completamente.

Para resumir y, siempre bajo mi punto de vista, el Básquet Girona de la mano de Salva Camps puso sobre la mesa un estilo de juego valiente y atractivo que funcionó porque en ocasiones las piezas más extrañas encajan durante un tiempo, aunque sepas que el estado natural es que no encajen. Esto me recuerda al inicio de Match Point, la película de Woody Allen, cuando una voz en off nos dice mientras vemos una pelota de tenis bailando sobre la red, que gran parte de nuestra vida está gobernada por lo incontrolable y esto es algo que difícilmente estamos dispuestos a admitir.

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