jueves, febrero 22, 2024
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Bernard King, un anotador con muchas aristas

Es un error común creer que los jugadores son una realidad transparente y de una sola dimensión. El lado oscuro de estos deportistas de élite está presente en todos y cada uno de ellos, aunque no siempre se manifiesten. La historia ha mostrado el lado oscuro de algunos de ellos, emergiendo en contextos específicos.

En el caso de Bernard King este lado oscuro podría tener una explicación desde un punto de vista clínico. Una madre maltratada por sus padres que replicó ese comportamiento con su hijo, un legado de victimización perpetuado a través de varias generaciones de su familia. Aquellos que sufren abusos son tres veces más propensos a cometerlos, que aquellos que no los padecieron. Una correa y el palo de la escoba eran herramientas habituales con las su madre aplicaba sus severos castigos. Aquel castigo recibido sería su secreto durante muchos años. Su padre tampoco fue un personaje del que recibió mucho cariño. Era una persona extremadamente religiosa. Mantenía a su familia en una especie de aislamiento, prohibiéndole salir con sus amigos o ir al cine. Era inflexible en el cumplimiento de sus reglas. Probablemente aquel confinamiento enterró todos los buenos sentimientos de su madre y acabó por destruirla espiritualmente. King afirmaba que no recordaba haber recibido un abrazo de su madre. De su padre heredó la ética de trabajo y la fé en los resultados obtenidos por la consistencia en el día a día. De ahí se explica alguno de sus milagrosos regresos tras las lesiones.

A estos abusos de los que hemos hablado antes, se unió el desinterés de sus padres por sus pasiones o actividades. Aún cuando ambos hermanos habían alcanzado el honor de ser nombrados All American, sus padres jamás pisaron una cancha para seguir sus evoluciones; ni un sólo partido en toda su etapa colegial. Todas estas experiencias hicieron de Bernard King una persona incapaz de expresar sus sentimientos y soltar sus frustraciones. Su única vía de escape era el baloncesto y las canchas de Fort Greene. Fueron su santuario y el lugar donde moldeó sus habilidades. Aquellas canastas con el tablero en forma de media luna, le obligaron a perfeccionar su puntería sin margen para jugar con los bordes del tablero. Como muchos de los chicos de su edad creció adorando a los Knicks de Willis Reed, Walt Frazier, Dave Debusschere y como no de Earl Monroe, del que imitó muchos de sus movimientos. Paradójicamente aquella vía de escape fue una prisión en la que se encerró para evitar hacer frente a su baja autoestima y su carencia de habilidades para socializar, pero al fin y al cabo, era el lugar más seguro de un barrio que se había convertido en un de los principales focos del tráfico de drogas. Cuando no estaba jugando al baloncesto, se refugiaba en la lectura. Cultivó una gran afición por los libros de psicología, y utilizó muchas de sus herramientas para aplicarlas en las rutinas pre-partido para eliminar la ansiedad. No deja de ser irónico que esos mismos libros no le ayudaran a lidiar con otro tipo de problemas que llevaba arrastrando desde su infancia.

Un personaje importante en este tramo de su carrera fue el de Gil Reynolds, entrenador de uno de los mejores equipos pertenecientes a la AAU (Amateur Athletic Union) del área de New York. Reynolds venía precedido de una fama de hombre duro, de los que aplicaba métodos más propios de una disciplina espartana, a los que King se adaptó sin ningún problema. Ya estaba acostumbrado a los métodos de su padre y a los castigos de su madre. Bajo la batuta de Reynolds, King se convirtió en uno de los mejores jugadores del estado de New York. Mientras tanto, en invierno jugaba para Fort Hamilton High School, donde se fue labrando una reputación que llegó a oídos de Tom Konchalski, uno de los mejores ojeadores del ilustre campus de Howard Garfinkle, el Five Star Camp. Garfinkle no vio en King las virtudes que sí había visto Konchalski y cursó una invitación para George Johnson al que ya muchos consideraban el mejor jugador del estado de New York. Hay que recordar que a este campus se podía asistir como en cualquier otro campus pagando una cantidad de dinero, pero luego había una serie de invitaciones para gente sin recursos, los cuales pagarían su estancia prestando servicios con trabajos como camarero y otras actividades. ¿Por qué era tan importante para King asistir al campus de Garfinkle? Porque Garfinkle lanzaba una especie de boletín o gaceta con con las valoraciones de los jugadores en su campus en el que se les valoraba de 1 a 5 estrellas. Esta guía era considerada la Biblia para conocer a los jugadores de HIgh School de New York y New Jersey y muchos entrenadores universitarios se suscribían a ella y en función de las pautas de Garfinkle seguían a esos jugadores. King tomó su como una ofensa, había superado a George Johnson todas y cada una de las ocasiones en las que se habían enfrentado, y en la siguiente ocasión que su equipo se vio las caras con el de George Johnson, en una actitud un tanto jordanesca le masacró anotando 36 puntos. George Johnson jugaría posteriormente en la NBA, una carrera correcta pasando por cinco equipos en 8 años. Por aquel entonces King jugaba de pívot en muchas ocasiones, hecho este que le ayudó a desarrollar muchos de los movimientos al poste bajo que replicó más tarde durante su carrera ante defensores más bajos.

A pesar de un gran año senior en Fort Hamilton, sus actuaciones no tuvieron una gran repercusión y no recibió muchas ofertas: Arizona State, Dayton y Marquette fueron las únicas que consideraron reclutarle. Se unió a un combinado de jugadores de high school, los New York Gems, con la intención de ser expuestos ante reclutadores de toda la nación. Los Gems conquistan el torneo y King destacó, derrotando en uno de los duelos individuales a uno de los mejores jugadores del país Mike O’Koren. Konchalski que estaba entre el público se acercó a King y le invitó a cenar y de paso le trasladó una oferta de la universidad de Tennesee, un centro con el que tenía mucha relación por su amistad con el entrenador asistente. Los Volunteers no tenían mucha fama por su programa de baloncesto, sino por su equipo de football, pero estaban intentando revertir esa situación y querían reclutar buenos jugadores para ello. Pusieron tanto empeño y mimo en ello, que en su visita al campus en Knoxville trataron a Bernard como a un rey. King desechó las otras ofertas y se decidió por Tennessee. Hay un episodio de su biografía en la que King relata cómo fue la despedida de su familia el día partía hacia la universidad de Tennessee. Su padre madrugó como todos los días a trabajar, no se despidió de él. Sus hermanos estaban en las clases de verano. Solo estaban su madre y él. No hubo unas palabras de ánimo ni de cariño, ni siquiera un par de consejos. Le metió algunos artículos de primera necesidad en la maleta, y se quedó para delante de la puerta para despedir a su hijo con un triste y simple ADIOS. Bernard King confiesa que no sintió tristeza ni ansiedad por abandonar su hogar, sabía que nunca volvería a vivir allí, pero estaba entusiasmado y extasiado por su nueva etapa en la vida.

Bernard King y Ernie Grunfeld

En la universidad de Tennessee conectó desde el primer día con otro chico de la Gran Manzana, y que posteriormente tendría relevancia en su futuro profesional, Ernie Grunfeld. Su relación fue muy estrecha tanto dentro como fuera de la cancha. Este hecho cobra especial relevancia cuando se trataba de los dos mejores del equipo con diferencia. Su simbiosis fue perfecta desde el principio, eran jugadores de características complementarias. En Tennessee descubrió una método distinto para las rutinas de estiramientos y calentamiento, era un método que su entrenador Ray Mears había diseñado e hizo de los momentos previos al partido un espectáculo en sí mismo que fue bautizado como ‘the Ernie and Bernie show’. Hay vídeos en youtube para aquellos que tengan curiosidad. Aquel espectáculo y la relación entre sus dos estrellas, dos jugadores sin nada en común más que el baloncesto y una dura infancia, fue el germen para uno de los documentales de la serie de ESPN 30 for 30 BERNIE AND ERNIE. Ray Mears no tardó mucho en descubrir el talento de King, y entendió que debía buscar la forma en que adaptar el estilo de juego del equipo a sus habilidades como jugador.

Una lesión de Grunfeld en su primer año, hizo que King tuviera que asumir más responsabilidad ofensiva de la que en un primer momento estaba planeado. Respondió a la perfección y se destapó como un arma ofensiva de primer nivel, con porcentajes de tiro extraordinarios. A partir de entonces se tuvo que enfrentar a una serie de defensores destinados a sacarle del partido mediante subterfugios y juego duro. Todo se debía a un scouting de una de las muchas publicaciones sobre los jugadores de high school que decía lo siguiente: “cuando es atosigado, desaparece del juego”. No podía estar más errado aquel informe. No conocían su carácter forjado en uno de los barrios más duros de New York en el que para sobrevivir no podías dejarte pisar por nadie. Al igual que ocurrió con George Johnson, Bernard King fue comparado con otros jugadores universitarios con los que compartía posición y en algunas ocasiones fue denostado por analistas y periodistas en las comparaciones. Ray Mears se aseguró de King leyera cada una de estas reseñas para alimentar el fuego competitivo que ya ardía en su interior. Hay una anécdota con Jack Dorsey un jugador de la universidad de Georgia, al cual muchos de los periodistas consideraban el mejor rookie de la South East Conference. En una situación que luego replicaría Michael Jordan, King marcó en rojo en el calendario su enfrentamiento con Dorsey. Al descanso las pancartas de apoyo al jugador local, fueron retiradas tras la exhibición de Bernard King, 31 puntos para un total de 42 al final del partido acompañados de 18 rebotes.

Pero no todo eran parabienes, al terminar su primer año, King sufrió una especie de persecución policial por parte de algunos de los hombres del sheriff de Knoxville. El sheriff fue a hablar con Ray Mears para avisarle de la actitud amenazante de algunos de sus ayudantes. ‘No me gusta ese negro arrogante’, era la frase más escuchada entre ellos. Incluso tuvo que ser retirado en mitad de un partido cuando recibió una llamada anónima afirmando que alguien iba a dispararle en mitad del encuentro. Bernard King vivía con una espada de Damocles constantemente sobre él, con pánico a caminar por las calles de Knoxville, donde le era imposible pasar desapercibido. Todo el mundo conocía su rostro. A pesar de que el estado de Tennessee ya había superado la segregación en la década anterior, todavía quedaban los vestigios del racismo latente en algunos de sus habitantes.

Se refugió en el campus, apenas salía de allí. Cuando todos los alumnos volvían a casa en vacaciones, King permaneció en Knoxville, pese a las amenazas recibidas. Las bandas callejeras de Fort Greene, su barrio, querían reclutarle, y no pararían hasta conseguirlo. Escapar de la sinrazón del racismo para caer en las garras del crimen de los ghettos tampoco era la solución. King no se apoyó en ninguno de sus compañeros, quiso superar las adversidades en secreto, en el anonimato, e intentó huir de los problemas a través del alcohol y la marihuana. La década de los 70 representó una época de apertura y de libertad en los campus universitarios, el consumo de todo tipo de sustancias en las celebraciones se normalizó, y el alero neoyorquino hizo de estos malos hábitos el remedio para disfrazar sus problemas no resueltos sin llegar a las raíces de su dolor. Al principio fue un consumidor ocasional, pero a medida que sus frustraciones aumentaban, las drogas y el alcohol serían sus principales compañeros de viaje en los inicios de su carrera profesional.

En 1975 aprovechó el parón entre temporadas para someterse a una cirugía para extraer el menisco. No se habían desarrollado todavía técnicas artroscópicas. Lo hizo para evitar que su rodilla se inflamara de forma continuada sin llegar a comprender las consecuencias que tendría para el resto de su carrera. Tuvo que prescindir de un elemento diseñado por la naturaleza para absorber los impactos que sufre la rodilla y mantenerla estable.

Tras una gran temporada sophomore donde es nombrado All American y jugador del año de la SEC por segunda vez recibe una invitación para los Trials de los JJOO de Montreal 1976. King rindió muy bien en los entrenamientos, pero incomprensiblemente fue descartado. Este revés le hizo volver con fuerza, se machacó durante todo el verano en el gimnasio. Tenía decidido que su año junior será su último año. Su intención era dar el salto a la NBA para demostrar su valía. Aquel último año como junior sirvió para afianzar sus malos hábitos fuera de la cancha que derivaron en cinco detenciones por conducir bajo los efectos del alcohol. Se declaró elegible al amparo de la hardship rule.

Bernard King fue elegido por New Jersey Nets, lo cual era un buen escenario para él. No eran sus soñados Knicks, pero jugaría muy cerca de casa. En los Nets se encontró con una circunstancia especial. Apenas llevaban un año en la liga, habían tenido que comprar su ingreso vendiendo a Julius Erving. Nate Archibald, su estrella, se había lesionado gravemente. Tuvo que soportar la presión de intentar llenar el vacío dejado por el doctor J. Los Nets no solo se desprendieron de Erving, sino de casi todos sus jugadores de calidad para hacer frente a los requisitos económicos para entrar en la NBA. Tenían una plantilla de circunstancias. Tuvieron una mala temporada pero contaron con un Bernard King colosal. En su primer duelo importante en la liga anotó 41 puntos precisamente ante Julius Erving. King terminó como el séptimo máximo anotador de la regular season y luchó por el premio al mejor novato del año con el alero de Phoenix Walter Davis, pero el mejor récord de los Suns decantó el voto de los periodistas. A pesar de su gran temporada, le costó adaptarse a la NBA, no soportaba perder tantos partidos ni tener algunos compañeros a los cuales no les parecía preocupar este hecho. Se refugió en la soledad de su casa con la única compañía del alcohol que comenzaba a tener un preocupante protagonismo en su vida cotidiana.

Durante su segunda temporada, los Nets hicieron algunos ajustes en su plantilla y comenzaron bastante bien la temporada. Bernard King mantuvo la misma línea que en su año rookie, pero su vida fuera de las canchas fue degenerando hasta derivar en una espiral peligrosa. Fue detenido por conducir en estado de ebriedad y por posesión de cocaína. A pesar de todos estos avatares, New Jersey se clasificó para playoffs y jugó en primera ronda contra Philadelphia. King mantuvo un bonito duelo con Julius Erving, pero fueron los Sixers los que se llevaron el gato al agua.

Los Nets intentaron reconducirle, pero King se negaba a reconocer que era alcohólico. Así que no se complicaron la vida, y 10 días antes de comenzar la temporada decidieron no lidiar más con el problema de sus adicciones, y desistieron de recuperar para la causa a un jugador con un talento muy superior al de la media. La gota que colmó el vaso fue una semana antes del día de Navidad; la policía le encontró desplomado sobre el volante de su coche en una intersección en Brooklyn con el vehículo en marcha bajo los efectos de las drogas y el alcohol, además no tenía permiso de conducir. Los Nets se lo quitaron de encima enviándolo a Salt Lake City. La sucesión de todos estos acontecimientos sacaron a la superficie lo peor de Bernard King. Ese lado oscuro que todos llevamos dentro y que en él se manifestó de forma violenta. Tras una temporada complicada en lo deportivo y en lo personal, tocó fondo. En enero de 1980. Rebbeca Pratt, una mujer de 25 años, llamaba a la policía para denunciar que King la había obligado a desnudarse y forzado para que le practicara sexo oral. Cuando la policía llegó a su apartamento media hora después, encontraron a King desmayado en la cama. Intentaron despertarlo, pero apenas respiraba. Fue arrestado por dos cargos de sodomía forzada y tres cargos de agresión sexual forzada. Todos estos cargos se añadieron a una acusación por posesión de cocaína. Los Jazz y la NBA suspendieron al jugador que tuvo que permanecer bajo arresto domiciliario hasta que el juicio tuviera un veredicto. Fue condenado por dos delitos menores de intento de agresión sexual, después de pasar seis veces el detector de mentiras en el que declaró que estaba tan drogado que no se acordaba de nada. Fue condenado a dos años de libertad condicional. Fue tratado en una clínica por alcoholismo en Santa Mónica, y siguió un programa estricto de desintoxicación. En ese impás fue traspasado a Golden State Warriors. Durante el tiempo que pasó en rehabilitación, contó con la inestimable ayuda de un personaje fundamental para su recuperación como deportista, el ex jugador Rudy Hackett que se encargó de sus entrenamientos de forma individual. Pete Newell, toda una institución en el baloncesto universitario, más tarde, general manager de los Lakers en los 70 y en aquella época consultor de los Warriors, entrenó a King en la Summer League de Los Angeles para monitorear los progresos de King y determinar si los Warriors debían quedarse con el jugador o cortarlo. King fue nombrado MVP de Summer League y fue ratificado como nuevo miembro de los Warriors.

Se incorporó a un equipo en reconstrucción que intentaba subsanar algunos errores graves en la confección de sus plantillas. Al Attles logró reunir a gente con mucho potencial ofensivo como el propio King, World B. Free, Purvis Short, el novato Joe Barry Carroll, todos ellos dirigidos por John Lucas como point guard. Las motivaciones individuales de un grupo de repudiados convergieron en un objetivo común que ayudó a los Warriors a ganar quince partidos más que la temporada anterior. Era una especie de clínica de rehabilitación, un equipo hecho para correr, que desarrolló una química sobre la cancha de manera inmediata. King resurgió de sus cenizas y recibió el Comeback player of the year, un galardón que premiaba a aquellos jugadores que regresaban a un buen nivel de juego tras una ausencia prolongada ya fuera por lesión o por otros problemas extradeportivos. Los Warriors tuvieron dos magníficas temporadas, todo hacía pensar que era un equipo con un gran potencial, hasta que John Lucas, cedió a sus problemas con el consumo de drogas. Los Warriors carentes de un base de garantías tomaron una decisión que cambiaría la vida de King. No quisieron atender las pretensiones económicas de Bernard King que se convertía en agente libre y decidieron buscar un equipo para él. Con el puesto de alero bien cubierto gracias a la presencia de Purvis Short, no igualaron la oferta de los Knicks por Bernard King y consiguieron a cambio un base, Michael Ray Richardson, que tenía los mismos problemas con las drogas que John Lucas. Bernard King dudó en aceptar la oferta de los Knicks porque acababan de contratar a Hubbie Brown y no estaba seguro de querer verse involucrado con un entrenador de su carácter, pero tras sopesar pros y contras, dio el sí a Dave Debusschere, al fin y al cabo era el equipo de sus sueños. Además se reuniría con su compañero Ernie Grunfeld.

«Yo crecí viendo a Willis Reed, Dave DeBusschere, Earl Monroe y Walt Frazier. Cuando me puse ese uniforme estaba representando la historia de los Knicks, representaba a mi hogar, a Brooklyn, a mi ciudad. Sabía que iba a dar lo mejor de mí«

No comenzaron bien las cosas, ni en el plano deportivo ni en su relación con Hubbie Brown. Los abusos verbales de Brown no eran del agrado de King, algo que le trasladó en privado. Ambos firmaron una tregua provisional por el bien del equipo. Hubbie prometió no volver a recurrir a ciertos términos para dirigirse a él. Los Knicks fueron capaces de enderezar el rumbo. Los jugadores se acostumbraron al sistema de Hubbie Brown con rotaciones de 10-11 jugadores algo que afectó como es natural a los números de un anotador como Bernard King que apenas llegaba los 33 minutos por partido. «Devuelve a King a la cancha y dale el balón» se convirtió en el cántico más coreado por el Madison (algo parecido le pasó a Pau Gasol en su época en Memphis con este mismo entrenador). Bajo el liderazgo de Bernard King que fue nombrado capitán del equipo lograron alcanzar los playoffs donde se vio las caras con su hermano Albert, que jugaba en los Nets. King tuvo un primer partido de playoffs como Knickerbocker inconmensurable anotando 40 puntos y dando la victoria a su equipo. Los Knicks eliminaron a los Nets y a pesar de lo abultado del marcador 4-0, presentaron mucha batalla ante los intratables Sixers de 1983. Había razones para el optimismo. La afición del Garden tenía su nuevo ídolo, un chico de Brooklyn.

Su segunda temporada en New York siguió una línea ascendente. Perfectamente acoplado al técnico y a sus compañeros, King dio muestras de su potencial ofensivo noche tras noche convirtiéndose en el primer jugador de la franquicia en lograr anotar 50 puntos en dos partidos consecutivos. Aquella gesta colocó a King en un peldaño superior, muy cerca de la súper elite de la liga, y la afición del Garden a partir de entonces estableció ese estándar de exigencia. Bernard King estaba tan concienciado de su papel que a finales de marzo se dislocó en el periodo de una semana el dedo corazón… de ambas manos. Hubbie Brown quería apartarle del equipo pero King decidió quería ayudar al equipo a conseguir el mejor récord posible para playoffs. Los médicos del equipo prepararon unos moldes de yeso especiales para inmovilizarle ambos dedos. Tuvo que jugar con dolor durante el resto de la regular season y los playoffs. Aquel dolor le acompañó durante mucho tiempo, sus dedos tardaron en sanar completamente más de un año, pero King pudo continuar jugando y gracias a ello pudimos presenciar una de las mayores exhibiciones individuales de la historia durante unos playoffs. En primera ronda contra Detroit anotó la friolera de 213 puntos en cinco partidos, una media de 42,6 pts. Hay una curiosa anécdota en el quinto y definitivo partido disputado en el Joe Louis Arena de Detroit, los Knicks vencían por 111-112 y Hubbie Brown diseñó una jugada para Bill Cartwright. Bernard King que había anotado la fríolera de 169 puntos en los cuatro partidos anteriores, y que en aquel partido iba por el mismo camino,se dirigió al entrenador y le dijo:

«¿Coach,me he ganado el derecho a jugarme la última bola?»

Hubbie Brown hizo caso omiso y siguió explicando la jugada, entonces Bernard King repitió la pregunta en un tono más alto:

«¿Coach, me he ganado el derecho a jugarme la última bola?»

Brown no se pudo hacer más el despistado, le miró y le dijo:»Si»

Bernard King anotó en el siguiente ataque, y a pesar de que Isiah Thomas empatara el partido con un triple, los Knicks se llevaron el partido en la prórroga gracias a los 44 puntos de Bernard King. Por cierto en esta eliminatoria, King recibió unas cuantas caricias de Bill Laimbeer, hecho que no coartó en absoluto su determinación para atacar el aro de los Pistons. Otra anécdota que habla de la voracidad de este jugador es que en la previa del quinto partido contra los Pistons, King tenía los dedos bastante inflamados. No participó en ninguna de las prácticas de tiro, pero le dijo a Hubbie Brown que estaría preparado para el partido, que no se preocupe. Tras ganar a Detroit se tienen que enfrentar a Boston, los Knicks fuerzan a los Celtics hasta el séptimo partido, pero el factor cancha tiene una importancia vital, porque aquellos Celtics eran intratables en el Boston Garden. New York no tuvo opciones en ninguno de los cuatro partidos disputados allí. Cedric Maxwell realizó un gran marcaje sobre Bernard King negándole el balón. El alero de los Knicks se quejaba de que Rory Sparrow no se atrevía a enviarle el balón cuando Maxwell estaba cerca. En los dos primeros partidos King promedió 17 tiros a canasta frente a los 28 por partido que lanzó frente a los Pistons. Preocupado por esta situación pidió consejo a Pete Newell, considerado uno de los gurús del baloncesto americano. Le explicó como hacer para burlar la vigilancia de Maxwell y coordinarse con su compañero para recibir el balón en el momento exacto. En los cinco partidos restantes King se fue a los 33 puntos de media lanzando por encima del 57% de acierto, incluyendo dos actuaciones de 43 y 44 puntos en sendas victorias de los Knicks. Solo la actuación de un inconmensurable Larry Bird en el séptimo partido pudo ensombrecer la actuación de King.

Se encontraba en el mejor momento de su carrera. Solo el mejor Michael Jordan de finales de los 80 estuvo a su altura ofensivamente hablando durante esa década. Hubo grandes anotadores como English que se vieron beneficiados por el estilo de juego de los Nuggets con una pace brutal, otros como Dantley, cuyas cifras anotadoras no se veían reflejadas en las victorias de su equipo y otros como Wilkins, cuyos porcentajes estaban muy lejos de acercarse siquiera de los de Bernard King. En ese tramo de su carrera era el anotador más eficiente de la liga, por su trascendencia en los resultados del equipo, por su efectividad y por realizar esto en un equipo que tenía uno de los ritmos de juego más bajos de la liga. El pace más bajo en 1983, el 18º en 1984, y el 19º en 1985. Era un digno aspirante a la consideración de MVP, o por lo menos jugaba como tal. El propio Hubbie Brown reconocía su admiración por Bernard King y sus logros ya que los obtuvo sin ser un elemento disruptivo en el desarrollo del juego colectivo de su equipo. Su obsesión por mejorar en varias facetas de su juego le llevó a intentar emular algunos movimientos de jugadores tan diferentes como Gus Williams, el base de los Sonics, Moses Malone en el poste bajo, y James Worthy y además no tuvo reparos en reconocerlo públicamente. Su ambición parecía no tener límites cuando declaró en la prestigiosa publicación Basketball Diggest que quería evolucionar en su juego hasta ser capaz de jugar en la posición de base, o por lo menos en eso estaba trabajando de cara a un futuro. Su intención era reciclarse y evitar a su cuerpo el castigo diario que suponían los impactos que sufría en las zonas más cercanas al aro.

Había grandes esperanzas de reverdecer viejos laureles por parte de los aficionados de los Knicks, pero Bernard King se quedó como Gary Cooper en Solo frente al peligro. En la pretemporada siguiente, Bill Cartwright se lesionó de gravedad, Marvin Webster su pívot reserva y su bastión defensivo, se vio obligado a retirarse a causa de una hepatitis crónica, y tras dos partidos de la temporada, Truck Robinson, su ala pívot titular se fracturó un hueso del pie y se perdió toda la temporada. Los Knicks tuvieron que alinear a Pat Cummings, Ken Bannister y James Bailey, un juego interior de circunstancias. La única manera de que los Knicks tuvieran opciones de ganar partidos era fiarlo casi todo a la inspiración ofensiva de Bernard King, pero era insuficiente. Las exhibiciones del alero neoyorquino terminaban casi siempre en derrota de su equipo. Aún así nos dejó para el recuerdo algunos partidos asombrosos como aquellos 60 puntos el día de Navidad frente a los Nets. La mayor anotación de un jugador en este día tan señalado. Con King batallando casi en solitario llegó el fatídico día de su grave lesión. Apenas quedaba un mes de competición. Los Knicks jugaban en Kansas City contra los Kings. Quedaban pocos minutos para finalizar un partido y la ventaja del equipo local era lo suficientemente holgada para tener la victoria asegurada.

A pesar de la diferencia en el marcador, Bernard King todavía está sobre la cancha. Hubbie Brown no había considerado necesario retirarle del campo, tampoco King lo hubiera aceptado de buen grado. Era parte del carácter de su entrenador y del jugador. No iban a reconocer la derrota hasta no dar el último aliento. Entonces tuvo lugar la fatídica jugada, Reggie Theus robó un balón y salió raudo hacia el aro contrario, Bernard King inició la persecución, objetivamente era innecesario aquel esfuerzo debido a las circunstancias del partido, que estaba totalmente encarrilado para los Kings. Nadie le habría reprochado que no hubiera intentado molestar a Theus o intentar rechazar su lanzamiento. No hubiera cambiado el curso del partido, ni aquella derrota hubiera alterado la trayectoria de los Knicks en la competición. King saltó para intentar dificultar la canasta de Theus, pero al aterrizar sintió un crujido, como si un francotirador hubiera fijado como objetivo su rodilla y hubiera hecho diana sobre ella. El silencio reinó por un momento en el pabellón. King no había podido eludir las lesiones en su carrera, había lidiado con varias de ellas, pero esta vez era diferente. Lo sintió al momento y desgraciadamente sus temores se hicieron realidad. En aquel momento sabía que su carrera se había acabado, o por lo menos su carrera tal y como la había planeado. Los peores temores se hicieron realidad, King se rompió el ligamento cruzado anterior y se había desgarrado el cartílago del menisco lateral. Era una lesión de la que por aquel entonces nadie había regresado para volver a jugar a baloncesto. Para colmo de males King se hallaba en medio de una extensión de contrato. Los Knicks le ofrecieron 8 millones por cinco años más de contrato. King quería aceptar la oferta, pero su agente Bill Pullak le aconsejó que alargaran la negociación para sacar un trato mejor. La culminación de esa sucesión de hechos desafortunados se dio cuando los Knicks lograron la primera elección del draft de 1985 y seleccionaron a Patrick Ewing. Por unos meses se frustró la posibilidad de juntar a uno de los rookies más prometedores de la historia con la mejor versión de Bernard King. En un universo paralelo, con muchas probabilidades, el futuro de los Knicks, el de Bernard King y el de Patrick Ewing habrían cambiado drásticamente.

Al regresar a New York, King consultó a varios especialistas. De todos ellos, sólo uno, el doctor Norman Scott, jefe del servicio médico de los Knicks, le concedió alguna posibilidad de llegar a jugar de nuevo, y no solo jugar, sino de hacerlo a un buen nivel de juego. El resto de médicos ni siquiera le concedieron posibilidades de volver a jugar a baloncesto. El doctor Scott estaba convencido de que además del éxito de la cirugía, podría recuperarse con rigurosas y exhaustivas sesiones de fisioterapia. La operación resultó un éxito. Pero faltaba lo más difícil… el proceso de rehabilitación. Se puso en manos de Dania Sweitzer, una de las mejores fisioterapeutas del país. La primera vez que se encontraron King le preguntó:

-Dania, ¿sabes en lo que te estás metiendo?. No quiero jugar a baloncesto simplemente, quiero volver a jugar al nivel de un all star. Te lo preguntaré otra vez, ¿sabes en lo que te estás metiendo?

Dania contestó afirmativamente sin ninguna señal de duda en su rictus. King aceptó todas y cada una de sus pautas sin cuestionarla jamás. Seis días a la semana, cinco horas al día King estuvo trabajando con la fisioterapeuta. Quizás el momento más duro de la rehabilitación fue el proceso de meter en la piscina a Bernard King, que tenía un pánico atroz al agua. No sabía nadar. Le imponía respeto el simple hecho de tumbarse a unos pocos centímetros del fondo. Superar aquel miedo fue tan importante como todos aquellos ejercicios de rehabilitación. A pesar del éxito de la rehabilitación, había ciertos movimientos, los más explosivos, que ya no podría realizar. King estuvo trabajando y desarrollando un mayor rango de tiro y trabajando en nuevos movimientos para el poste. El día que tanto ansiaba Bernard King llegó más de dos años después, a falta de menos de dos semanas para terminar la regular season. Desde la última vez que vistió el uniforme de los Knicks, sólo quedaba un superviviente de aquella plantilla, Rory Sparrow. King jugó los últimos 6 partidos de la temporada con un promedio de 22,7 pts por partido. El exitoso regreso quedó eclipsado con la llegada de las fechas de la agencia libre. Los Knicks habían cambiado de entrenador y de general manager. Gordon Stirling, el nuevo GM ni siquiera se había puesto en contacto con Bernard King durante toda su rehabilitación. En el draft del 86 los Knicks eligieron a un alero, Kenny Walker, era una demostración más de que no confiaban que King pudiera mantener su buen nivel de juego durante una temporada completa y decidieron no renovar su contrato. King se convirtió en agente libre y recibió varias ofertas, una de ellas, la de los Celtics, pero a última hora los Bullets pusieron sobre la mesa un buen trato para sus aspiraciones personales. El entrenador de Washington, Kevin Loughery, ya había tenido a King a sus órdenes en los Nets, y confió en su recuperación.

En su primera temporada completa en Washington, las rodillas de Bernard King aguantaron. Los Bullets acababan de recibir a Moses Malone. El y el otro Malone, Jeff, eran sus principales referencias ofensivas, pero King había cumplido con las expectativas. Durante las dos temporadas siguientes superó los 20 puntos por partido, elevando cada año su producción hasta llegar a la temporada 90-91 en la que disparó su promedio a 28 puntos por noche. Quedó tercera en la lista de anotadores, solo por detrás de Michael Jordan y Karl Malone. Fue llamado de nuevo al All Star por cuarta vez en su carrera a la edad de 35 años. Demostró una capacidad de superación y una constancia solo al alcance de unos pocos. Desgraciadamente antes de comenzar la temporada a finales de 1991, King se quejó de bastantes dolores en su rodilla. El doctor Scott le atendió y vieron que el poco cartílago que quedaba tras dos operaciones presentaba artritis y tenía que ser extraído. King se perdió el toda la temporada y ya no volvería a jugar con los Bullets. Un año después intentó regresar sin fortuna con los Nets, pero sus articulaciones ya no le permitirían volver como antes. Tras 32 partidos con el equipo de New Jersey, se retiró de la práctica del baloncesto. Aquella situación derivó en una depresión que llevó a una recaída de su alcoholismo.

Bernard King ha sido presentado a la opinión pública como un hombre con cicatrices permanentes, victimizado por sus padres, la policía, el alcoholismo y las drogas. Un hombre que había interiorizado su dolor en lugar de arremeter contra los demás, pero la violencia que sufrió King cuando era un niño y un estudiante universitario no excusa su violencia contra las mujeres, aunque encuentre en ella su explicación.

En 1994 fue arrestado por presuntamente asfixiar a una mujer mientras estaba drogado. Diez años después, fue arrestado por cuatro cargos de abuso conyugal. Según fotografías de AP y el NY Daily News, en el momento del arresto, mostraban a su esposa ensangrentada y magullada. El comprensible dolor y las lesiones autodirigidas de Bernard King mientras ignoraba a sus otras víctimas, simplificó lo que resultaba ser una historia ambigua e incluso más trágica de lo que parecía a primera vista. Ocultó el lado oscuro del deportista. Un lado oscuro que todos tenemos latente, y que intentamos que nunca salga a la superficie.

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