Hay temporadas que se construyen sobre narrativas previsibles, caminos marcados y guiones que ya hemos leído cien veces. Y luego está este inicio de temporada, donde la NBA vuelve a recordarnos que —por mucho análisis, datos o predicciones— el baloncesto es un organismo vivo que siempre encuentra una forma de romper expectativas.
El primer mes nos deja tendencias claras, sensaciones fuertes y, sobre todo, sorpresas. Algunas positivas. Otras… no tanto.
Aquí te traigo los cinco equipos que más están redefiniendo el relato de este arranque de curso.
Detroit Pistons: El despertar
Uno de los fenómenos más fascinantes está ocurriendo en Detroit, un equipo acostumbrado a vivir en silencio mediático, casi en un exilio permanente dentro de la liga. Sin embargo, algo ha cambiado. No es un salto explosivo, ni un milagro repentino. Es la sensación de que todo aquello que llevaban tiempo construyendo —casi sin que nadie quisiera mirar— ha empezado al fin a tomar forma.
Cunningham juega como si hubiera encontrado un interruptor interno que le permite entender cada partido con la calma de un veterano. Duren ha dejado de ser promesa para convertirse en pilar. Y, de pronto, Detroit transmite una madurez que nadie había detectado, un modo de competir que recuerda a esos equipos que no necesitan convencer: solo ganar. No es nostalgia de los Bad Boys ni eco del 2004. Es una nueva identidad, una que empieza a reclamar respeto.
Phoenix Suns: Reconstruyendo su orgullo
Muy lejos de ahí, en Phoenix, se está gestando otro relato inesperado. Lo que parecía una temporada de transición se ha convertido en una demostración de orgullo colectivo. Sin Durant, sin Beal, con Booker señalado como única estrella disponible, los Suns estaban destinados a sobrevivir. Pero han decidido competir.
Booker ha adoptado un liderazgo silencioso pero devastador, ese tipo de liderazgo que no necesita gritar porque domina con gestos, con ritmo, con madurez. A su alrededor, un grupo de jugadores que en otras circunstancias serían secundarios está elevando al equipo más allá de cualquier pronóstico. La defensa funciona, los roles se entienden, el vestuario parece alineado. No hay estridencias, no hay fuegos artificiales. Lo que hay es un bloque serio, disciplinado, que ha entendido que la temporada no espera a nadie.
Los Angeles Clippers: Una caída ¿esperada?
En el otro extremo se encuentran los Clippers, que viven una realidad totalmente distinta. Su temporada no sorprende por lo bueno, sino por lo frágil. Los resultados no acompañan, pero lo verdaderamente alarmante es la sensación de deriva. Harden está cumpliendo, pero su impacto no basta para tapar un problema mayor: falta dirección. Falta físico. Falta identidad.
Da la impresión de que el equipo juega siempre con la mirada puesta en lo que fue o en lo que podría haber sido, pero casi nunca en lo que es ahora mismo. Es un proyecto sin horizonte, atrapado en la incomodidad de saber que ni el Draft podrá darles un respiro. Los Clippers transmiten un aroma peligroso, ese olor a final de ciclo que se instala antes de que nadie se atreva a admitirlo.
Toronto Raptors: Se acerca el invierno
Mientras tanto, en Toronto, el camino parece por fin despejarse. Tras dos temporadas marcadas por el caos táctico, por decisiones discutibles y por un proyecto que había perdido su norte, se respira una sensación nueva: claridad.
Barnes juega como si al fin hubiera encontrado el lugar exacto donde su talento encaja; Ingram aporta sin invadir; Quickley y Barrett se han integrado sin exigir focos innecesarios. Los Raptors ya no entrenan para ganar con urgencia. Juegan para construir, para recuperar ese estilo fluido, alegre y ordenado que los caracterizó durante su mejor época. Y en ese proceso, Toronto está ganando algo más importante que partidos: está recuperando su identidad.
Memphis Grizzlies: Perdida de identidad
No se puede decir lo mismo de Memphis, que vive un inicio de temporada duro, incómodo y desconcertante. No se trata solo de bajas, ni solo de Morant, ni solo de lesiones. Lo que más sorprende —lo que más duele ver— es la falta de alma. Este equipo siempre había sido energía pura, ese grupo joven, agresivo, valiente, que competía incluso cuando las cosas salían mal.
Ahora, todo eso parece apagado. No hay chispa, no hay ritmo, no hay química. Hay talento, sí… pero está desconectado. Lo de Memphis no es un problema táctico. Es un problema emocional. Y esos, en la NBA, son los que requieren más tiempo —y más verdad— para ser resueltos.
Ficha del autor
Amante del CINE, BASKET, COMIC y de mis niñas.
Plutón es un planeta...
En 'Tiempo de Basket' desde 11.05.2020












