jueves, abril 25, 2024
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Cisma en la Representazija

La Representazija vivió momentos de zozobra en el albor de una de las mejores generaciones de su historia. El singular carácter de los genios balcánicos convirtió la convivencia dentro de la selección yugoslava en un incendio que emanaba del enfrentamiento de dos jugadores tan especiales por su talento como viscerales por su temperamento: Drazen Petrovic y Sasha Djordjevic.

Durante el campeonato del Mundo junior de Bormio (Italia) en 1987, vimos nacer una generación de jugadores especiales. La confirmación del relevo generacional que los directivos yugoslavos llevaban buscando desde principios de la década, un equipo que recogiera el testigo de los Cosic, Dalipagic, Delibasic, Kikanovic o Slavnic.

Divac, Radja y Kukoc fueron los mejores jugadores de Yugoslavia en aquel torneo, pero fue Aleksander Djordjevic quien recogió el trofeo como capitán del equipo. Era el líder espiritual de aquel grupo. Sasha estaba llamado a ser el base de la Representazija durante muchos años, no en vano fue convocado ese mismo año con la selección absoluta para el Eurobasket de Atenas junto a sus compañeros Radja, Divac y Kukoc.

Pero la selección balcánica por entonces estaba liderada por uno de los talentos más grandes de la historia del baloncesto europeo. Drazen Petrovic no iba a permitir que nadie osara amenazar el orden jerárquico. De la nueva hornada, ni Kukoc, ni Divac, ni Radja iban a constituirse en una alternativa a su liderazgo, pero Sasha Djordjevic no era tan dócil. El Djordjevic de finales de los ochenta no era el anotador compulsivo que conocimos en el mejor momento de su carrera y de manera más próxima en España. De joven era un prodigio físico, con un tren inferior inusual a este lado de Atlántico. Esas piernas le convertían en un defensor muy capaz, labor que podía encajar como anillo al dedo para un recién llegado a la selección, lleno de vitalidad y dispuesto a asumir tareas poco vistosas para dejar lustre a Petrovic en ataque.

La primera toma de contacto entre ambos jugadores fue excelente. Durante el partido por el tercer y cuarto puesto del Eurobasket de Atenas, la selección plavi llegó al descanso perdiendo por trece puntos ante la España de Antonio Díaz Miguel. Fue entonces cuando Cosic decidió arriesgar y dar entrada a Djordjevic, que había pasado la mayor parte del campeonato calentando banquillo. La principal misión de Sasha: hacer la vida imposible a Epi… y lo logró. El base yugoslavo sabía que tenía cinco faltas para gastar y no dudó en hacer uso de ellas si conseguía sacar de ritmo al mejor jugador español esa noche. Su energía contagió al resto de sus compañeros que dieron la vuelta al partido. Emergió en esa segunda parte Petrovic que terminó el partido con 31 puntos. Ambos dominaron a la selección española, daba la impresión que solo jugaban ellos dos, ya que monopolizaron el balón en los compases finales del partido para asegurar el bronce. La mirada de Djordjevic era en todo momento de una confianza abismal en sí mismo, como si él y, por extensión, todos los demás, debieran obviar el hecho de que era la primera vez que participaba en un torneo internacional senior y había una medalla en juego.

Djordjevic era ya una realidad. Lo demostró en el Partizan de Belgrado haciendo méritos sobrados para ser llamado por el equipo nacional. Pero su carácter no le permitía ser parte de un grupo del que no fuera el macho alfa. Es el mismo temperamento que le llevó a tener problemas con Danilovic en el Partizan, con quien no se habló durante la temporada 1991-92 en la que ganaron la Euroliga. Petrovic sospechaba lo peligroso que podía resultar tener a alguien dispuesto a saltarse la escala de mandos. Sin embargo el pedernal que hizo saltar la chispa entre ellos no tuvo lugar en una convocatoria de la selección, sino en el último partido de las semifinales entre Cibona y Partizan correspondiente a la liga yugoslava. El equipo de Belgrado asaltó la cancha de la Cibona y se impuso con solvencia por 74-82 en el que sería el último partido de Petrovic en la liga balcánica. El genio croata y Djordjevic mantuvieron un pique dialéctico durante el partido. Las malas maneras de Petrovic en la derrota volvieron a aflorar a la superficie cuando se dirigió al base del Partizan y le dijo: «No volverás a jugar en la selección».

Dicho y hecho, porque aunque Djordjevic era uno de los mejores jugadores del continente, no volvería a enfundarse la camiseta de la Reprezentacija hasta 1991 (año en el que Petrovic renunció a la selección) y posteriormente hasta 1995, cuando la FIBA levantó la sanción a la selección yugosalava por el conflicto de los balcanes. Durante esos años nos vimos privados de la imagen de Djordjevic representando a su país en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988, el Eurobasket de Zagreb 1989 y el Mundial de Argentina 1990.

Pero Drazen Petrovic no era el único que no quería a Djordjevic en la selección yugoslava. Dusan Ivkovic, que sustituyó a Cosic a los mandos del equipo nacional, se encargó de cerrar las puertas a Sasha durante ese periodo. El seleccionador yugoslavo tenía una cuenta pendiente que saldar con el apellido Djordjevic. Cuando Cosic fue cesado, hubo dos candidaturas. La primera, era la del propio Ivkovic, ayudante de Cosic. Drazen no estaba a gusto jugando para él, sin embargo tenía una gran sintonía con Ivkovic cuando estuvo a sus órdenes en la universiada de Edmonton y en la de Zagreb. La otra candidatura era la de Svetislav Pesic, que tuvo un gran papel como aglutinador del talento de aquella nueva generación yugoslava en el mundial junior de Bormio. Pesic venía avalado por Bratislav (más conocido como Bata) Djordjevic, padre de Sasha.

Bata Djordjevic no tardó en criticar la decisión de contratar a Ivkovic, recordando una de las pocas manchas de su historial, el descenso del histórico Radnicki, al que Dusan descendió a su regreso de entrenar por tierras helenas. Tras las repetidas ausencias de Djordjevic en las convocatorias de la selección yugoslava, los cruces dialécticos entre ambos fueron frecuentes. Bata le recriminó públicamente que dirigió contra su hijo las diferencias que había entre ellos, mientras que Dusan se defendía alegando que la convivencia entre Petrovic y Sasha era imposible. Paradójicamente Bata fue el fundador de la asociación de entrenadores yugoslavos, junto a «Piva», el hermano de Ivkovic, a principios de los años 70.

La ausencia de Djordjevic en la Representazija fue un ajuste de cuentas, pero no fue Drazen el único culpable como se quiso dar a entender en su momento.

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