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El MVP de la NBA corre un riesgo

Durante décadas, el MVP de la NBA se decidió en la pista. Impacto real, liderazgo, números y contexto competitivo. Hoy, sin embargo, la carrera por el premio individual más importante de la liga amenaza con resolverse en otro terreno: el del calendario y una norma que cada vez pesa más, la de los 65 partidos disputados.

Introducida en la temporada 2023-24, esta regla nació con una intención clara: frenar el descanso masivo de estrellas cuando los equipos ya tenían asegurados los playoffs y proteger el valor del espectáculo. La idea era lógica. La aplicación, no tanto. Dos años después, el debate es inevitable: el MVP empieza a depender más de la disponibilidad que de la excelencia.

Antes del All-Star 2026, el consenso era bastante claro. Los favoritos al premio, en este orden, eran Shai Gilgeous-Alexander, Nikola Jokic, Luka Doncic, Cade Cunningham y Victor Wembanyama. Todos ellos estaban firmando temporadas de nivel MVP. Hoy, la conversación ya no gira solo alrededor de su rendimiento, sino de cuántos partidos pueden permitirse perder.

Una carrera marcada por la calculadora

La norma permite ausentarse en un máximo de 17 partidos. En la NBA actual, con calendarios comprimidos, lesiones musculares y descansos médicos, ese margen se consume rápido. La situación es reveladora: Jokic apenas puede perder un partido más, Wembanyama tres, Doncic y Shai cinco, mientras que Cunningham tiene todavía un colchón amplio.

El resultado es inquietante. Existe la posibilidad real de que el MVP acabe en manos de quien simplemente llegue a 65 partidos, no necesariamente del jugador que haya dominado la temporada. Y eso desvirtúa el premio.

Un galardón que define legados

El MVP no es solo un trofeo. Condiciona contratos, define carreras y construye relatos históricos. En este contexto, el caso de Shai Gilgeous-Alexander es paradigmático. Si el líder de Oklahoma City logra repetir back-to-back MVP y además culmina la temporada con un campeonato, entraría en una dimensión reservada a muy pocos: Bill Russell, Michael Jordan y LeBron James. Nombres que no solo ganaron premios, sino que marcaron una era.

Que una norma administrativa pueda poner en riesgo una narrativa de ese calibre debería encender todas las alarmas en la liga.

La NBA debe corregir el rumbo

La intención inicial de la regla era proteger el producto. Pero el efecto colateral está siendo el contrario: carreras al MVP desdibujadas, debates artificiales y quintetos que no siempre reflejan la percepción real del aficionado. No se trata de volver al pasado ni de permitir descansos sin control, sino de introducir matices, excepciones médicas reales o un sistema más flexible.

Porque si el MVP deja de premiar al mejor jugador de la temporada para convertirse en un premio al más resistente al calendario, pierde su esencia. Esta debería ser la última temporada en la que la norma de los 65 partidos condicione de forma tan decisiva el MVP. La NBA todavía está a tiempo de salvar su galardón más simbólico. Hacerlo no es mirar atrás: es proteger el futuro del relato de la liga.

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Ficha del autor

Chema Cubero

Periodismo (Eusa Sevilla)

En 'Tiempo D3 Basket' desde el 02.11.2023