sábado, octubre 1, 2022
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Ernie DiGregorio, un ‘what if’ de manual

The What if situation es un término inglés para definir una situación hipotética que podría haber ocurrido si se hubiesen dado ciertas premisas. En lo que al ámbito del baloncesto concierne lo utilizamos para referirnos a aquellos jugadores que por una u otra circunstancia no pudieron desarrollar todo su potencial como jugador. Ernie ‘D’ fue uno de esos jugadores a los que una lesión sesgó y condicionó el resto de su carrera cuando había apuntado detalles muy interesantes.

Ernie Digregorio nació el 15 de enero de 1951 en Narragansett, una de las localidades que albergaba las carreras de caballos de las que se hablaba en la mítica película dirigida por George Roy Hill, ‘El Golpe’ protagonizada por Paul Newman y Robert Redford y ambientada en la década de los 30. Creció en Providence, Rhode Island, en el lado norte, en un barrio habitado mayoritariamente por emigrantes y descendientes de italianos. Llevó una vida acomodada en su infancia bajo el techo de una casa colonial de dos plantas.

Era una rata de gimnasio que tuvo muy claro desde el principio que nunca tendría que elegir entre una cancha de baloncesto o la cola del paro. No había plan B, todo lo que quería en la vida era convertirse en un jugador profesional de baloncesto. Como relataría Rick Telander en su libro «Heaven is a playground» :

«Nadie se levantaba a las seis de la mañana para jugar a baloncesto. Yo lo hacía a los doce años. A esa temprana edad mi mente ya estaba enfocada en jugar con los profesionales. Estaba condicionado por las imágenes que veía por televisión, me encantaba el ambiente con los fans volviéndose locos tras una gran jugada. Empecé a entrenar 9-10 horas diarias por mi cuenta»

Telander le preguntó sobre cuándo tuvo esa noción de ver como algo factible ver sus sueños hechos realidad. Di Gregorio no dudó en contestar:

«Recuerdo el último día de clase en mi año sophomore en high school, el termómetro marcaba 35° de temperatura. Todos mis compañeros de clase se reunieron y quedaron para ir a la playa después de las clases. Me dijeron ‘vamos Ernie, deja el baloncesto por un día y ven con nosotros’. Yo cogí mi pelota y me dirigí a la pista que había en Smith Street como de costumbre. De camino a la cancha sonreí “con todo el alma y la dedicación que estoy poniendo, no puede haber nadie mejor que yo”.

Aquel verano Digregorio estuvo practicando en una cancha de New England en mitad de la nada para poder cumplir algún día el objetivo que se había fijado: “Mi madre me solía decir que dejara el balón y me fuera a trabajar con mi padre, y yo le contesté que algún día ganaría mucho dinero”.

Ernie DiGregorio Boston Celtics

Como nativo del estado de Rhode Island, creció idolatrando a Jimmy Walker, padre de Jalen Rose, que era una estrella universitaria de la universidad de Providence. Digregorio acudió a North Providence High School. Desde muy temprano destacó entre los jugadores de su edad llegando a ser considerado por muchos medios locales como el mejor jugador de Rhode Island desde Ernie Calverley. En 1968 fue considerado el mejor jugador del estado tras liderar a North Providence al título estatal al derrotar a Cranston West por 64-42. Los más de 3.000 aficionados del Providence College’s Alumni Hall fueron testigos de la exhibición de Digregorio que anotó 35 de los 64 puntos de su equipo. Previamente ya había abusado de De Lasalle endosándoles otros 37 puntos. Hubo quien advirtió ciertas similitudes entre Calvin Murphy y Digregorio por su capacidad anotadora a pesar de su corta estatura, pero eran perfiles muy distintos.

Digregorio tuvo que asistir a la escuela preparatoria con el fin de obtener los créditos y notas requeridas para asistir a la universidad. Para ello tuvo que abandonar North Providence, pero la adaptación fue dura para él y barajó la idea de abandonar St. Thomas More Prep School (Connecticut). La madre de Ernie llamó a Joe Mullaney, por entonces entrenador de los Lakers, y que había entrenado a Providence para que tuviera una conversación con su hijo y le asesorara. Mullaney convenció a Digregorio de que no abandonara la preparatoria si quería perseguir su sueño de jugar profesionalmente al baloncesto. El destino quiso unir las vidas de Mullaney y Digregorio tres años más tarde cuando los Kentucky Colonels escogieron a Digregorio en uno de aquellos drafts clandestinos de la ABA.

Digregorio compitió con St. Thomas More, liderando a este pequeño centro católico, dirigidos por la leyenda local Nick Macarchuk, a un récord de 19-1 y a otro de sus muchos títulos estatales. Después de asombrar en varios torneos formando parte de combinados con los mejores jugadores del estado de Connecticut, recibió multitud de ofertas de varias universidades. Ni siquiera abrió muchas de aquellas cartas, ya tenía su decisión tomada, se quedaría en casa y jugaría en Providence College a las órdenes de Dave Gavitt.

En su primer año con los Friars, el equipo mejoró de un récord de 14-11, a uno de 20-8. Desafortunadamente no les bastó para clasificarse para el torneo de la NCAA. En aquel primer año, tuvo algunas actuaciones memorables, como la que protagonizó en la victoria de su equipo sobre la universidad de Massachussets liderada por un tal Julius Erving, que dejaba unos registros de 26,9 pts y 19,5 reb por noche. Digregorio (33 pts) dio una masterclass de dribling aguantando el balón los últimos 45 segundos de posesión y certificar así la victoria de su equipo. Sus 18,6 pts 4,0 reb y 6,5 ast por noche dejaron constancia de su gran rendimiento en su primer año con los Friars. Fue elegido por la Asociación de prensa de New England como uno de los integrantes del primer equipo del All New England Team.

Providence fue uno de los equipos invitados al prestigioso NIT (National Invitational Tournament) con su jugador sophomore como mayor reclamo. En el primer partido del torneo, dieron la sorpresa apeando a Louisville (64-58), con 20 puntos de Digregorio que le ganó el duelo individual a Jim Price, considerado uno de los mejores bases puros de la nación. La andadura de los Friars no fue más allá de los cuartos de final cayendo con North Carolina a la postre campeones. Digregorio hizo un gran esfuerzo anotando 18 de sus 23 puntos en la segunda mitad, aunque resultaron estériles ante la decisiva actuación de Bill Chamberlain (no confundir con Wilt) para los Tar Heels. No pasó desapercibido su paso por el torneo, siendo elegido en el mejor quinteto junto a Bill Chamberlain (North Carolina), Randy Denton (Duke), Greg Gary (St. Bonaventure) y Bob Nash (Hawaii).

En 1971 los Friars reclutaron a Marvin Barnes. Junto a Digregorio formarían un dúo que llevaría Providence a cotas nunca alcanzadas hasta entonces. Una pareja atípica, ambos de Rhode Island. Uno de raza negra y otro de raza blanca. Barnes procedía de los barrios marginales del sur de Providence, Digregorio vivía en la zona norte, en una zona más próspera de la ciudad.

El paisaje del baloncesto universitario del noreste de la nación era el de un páramo desolado donde incluso los mejores equipos tenían que luchar entre sí para alcanzar una cierta relevancia. Una gran razón para este desinterés residía en que los jugadores locales acababan emigrando a grandes programas de otras regiones y por lo tanto de otras conferencias. El mejor ejemplo era el de Lew Alcindor que salió de Power Memorial High School en Manhattan rumbo a California para jugar a las órdenes de John Wooden en UCLA.

Era muy importante para el baloncesto de aquella región que el talento autóctono, como Marvin Barnes o Ernie DiGregorio, se quedaran y ayudaran a prosperar al baloncesto de aquella zona. Afortunadamente Dave Gavitt, entrenador de Providence, no necesitó mucho para que DiGregorio permaneciera en Providence. Dos años después Gavitt logró reunir a Marvin Barnes junto con Ernie DiGregorio. Le habían encomendado un tarea nada fácil: encontrar un punto de encuentro entre dos nativos del lado norte y sur de la ciudad y formar un equipo que pudiera competir con las mejores universidades del país.

“La gente no podía entender, con la agitación racial en los años 70, cómo un tipo grande, negro de 7 pies de altura y uno pequeño, italiano de raza blanca podían ser amigos. Y la razón por la que éramos buenos amigos es que teníamos el mismo objetivo, ganar” declaraba Digregorio. Barnes era acogido en casa de los Digregorio como un miembro más de la familia, y Ernie solía frecuentar las canchas del barrio de Marvin en Bucklin Street. La primera vez que los chicos del barrio vieron allí al pequeño ‘chico blanco’ de aspecto desgarbado y piernas rechonchas, se burlaron de él. “Reiros todo lo que queráis, ninguno de vosotros puede defenderle” les advirtió Barnes. Lo siguiente que escuchó de sus amigos fue el cariñoso apelativo de ‘tonto del culo’ (dumb ass).Tras diez minutos jugando, nadie se reía: Digregorio les enseñó una pequeña muestra de sus pases por la espalda, sus dribblings pasando el balón entre las piernas de sus rivales y sus amagos. Nadie quería defender al pequeño chico blanco que les hacía parecer como alguien que jugaba a baloncesto por primera vez.

La sociedad que formaron ambos jugadores no tardó en dar réditos a su equipo. Liderados por su dúo dinámico se convirtieron en el mejor equipo de New England. Los 21,6 pts y 15,7 reb de Barnes y los 17,7 pts y 7,9 ast de Digregorio mantuvieron a los Friars entre los mejores equipos del país durante todo el curso, que terminaron con un balance de 21-5. Su rendimiento le valió para recibir el galardón del Athlete Of The Year Award del estado de Rhode Island.

Providence se clasificó para el torneo de la NCAA por primera vez desde 1966. Quedaron emparejados en primera ronda con la universidad de Pennsylvania, dirigida por Chuck Daly. Los hombres de Dave Gavitt no supieron atacar la zona diseñada por Daly. Pennsylvania desactivó la sociedad formada por Barnes y Digregorio dejando a éste último en 7 puntos y 3/10 en el tiro. El base de Providence acabó con 17 puntos pero no encontró la manera de superar la maraña defensiva tejida por Chuck Daly. Aquella no sería la última decepción de Digregorio durante aquel año. Digregorio no fue llamado a participar en los trials para la selección de los jugadores que representarían a Estados Unidos en los JJOO de Munich, Digregorio fue cortado y no ocultó su malestar: “Por supuesto que estoy contrariado. No creo que haya 50 jugadores mejores que yo en todo el país”.

Providence reunió un buen equipo, pero una rotación muy corta de tan sólo 6 jugadores. A la calidad que atesoraban Barnes y Digregorio se unía también el buen hacer de Kevin Stacom, que luego jugaría en los Celtics durante casi cinco temporadas. Cualquier lesión o percance físico podría echar por la borda todo el trabajo desarrollado por el equipo durante un año. Gavitt fue inteligente y viendo los jugadores que tenía bajo sus órdenes, soltó las riendas y le dio total libertad a Digregorio para desarrollar un estilo de juego vertiginoso con Marvin Barnes como ejecutor y el propio Digregorio como generador. Muchos entrenadores querrían tener hasta el más mínimo detalle bajo control, pero Gavitt supo delegar en su pequeño base. Los esfuerzos de Gavitt se centraban en lograr que su equipo defendiera, reboteara y corriera, y a partir de ahí poner el balón en las manos de Digregorio para que se encargara de dirigir el contraataque.

DiGregorio se encontraba muy cómodo en este escenario, su creatividad y visión de juego se veían potenciados y elevados al máximo exponente. El estilo de juego de los Friars liderados por ‘Ernie D’ recordaba mucho al de los Celtics entrenados por Red Auerbach y dirigidos por Bob Cousy. Los habitantes de Providence, la capital de Rhode Island, ubicada a menos de una hora de la ciudad de Boston, veían bastantes similitudes en su juego. Digregorio era el Bob Cousy de Dave Gavitt, y Marvin Barnes, su Bill Russell particular. De hecho fue el propio Bob Cousy quien declaró cuando vio jugar a Ernie Digregorio que «es el único jugador que me recuerda a mí cuando le veo jugar». Fue uno de los mayores elogios que le podían haber hecho.

Providence llegó en buena forma al gran baile del torneo de la NCAA. En primera ronda dio buena cuenta de la universidad de Saint’s Joseph (89-76) con una gran actuación de Digregorio que anotó 31 puntos (25 de ellos en la segunda mitad) en una serie de tiro de 14 canastas en 21 intentos y repartió 6 asistencias. En el Sweet Sixteen se verían de nuevo las caras con una de las mejores defensas de la nación, los Penn Quackers. Providence, dirigida magistralmente, no sólo atacó bien y superó la correosa defensa de Pennsylvania, también ahogó y colapsó el ataque de sus rivales, a los que dejó en un pobre 33% de lanzamiento. Providence por contra registró un extraordinario acierto del 66% (40/61) destacando el 10/10 de Marvin Barnes perfectamente asistido por Digregorio, que acabó el partido con 18 puntos y 10 asistencias. De esta manera los Friars se resarcían de su derrota del año anterior ante el mismo rival.

El último escollo para llegar a la Final Four era la universidad de Maryland, de John Lucas, Tom McMillen y Len Elmore. Roy Danforth, entrenador de Syracuse, la última víctima de los Terrapins, pronosticó que Maryland tendría problemas para sujetar a Digregorio. «Se mueve muy bien con y sin balón. Será muy difícil de sujetar si plantean una defensa hombre a hombre durante todo el partido».

Maryland estaba entrenado por otro entrenador histórico, Lefty Driesell, el cual no sabía ni pronunciar el nombre de su rival en el próximo partido. «Le llamo el jugador número 15 para abreviar». Aquella noche del 17 de marzo en el Charlotte Coliseum tendría ocasión para aprenderse su nombre de memoria. Durante la previa del partido se conocía la inclusión de Digregorio en el quinteto All American.

El partido entre Maryland y Providence fue jugado de poder a poder durante la primera parte. En la segunda parte, el equipo de Digregorio adquirió una renta cercana a los 10 puntos, gracias a un parcial de 12-2 en menos de cuatro minutos, pero la reticencia de Gavitt a realizar cambios estuvo a punto de costarle el partido. Digregorio estaba realizando un soberbio encuentro( llevaba 30 puntos con 14/21) cuando fue eliminado por faltas personales a falta de 11 minutos. Fue un alivio para Bob Bodell que había sufrido la rapidez de ‘Ernie D’ durante esa noche. Por suerte para los Terrapins, Kevin Stacom y Marvin Barnes tomaron el relevo de su compañero y certificaron el triunfo de su equipo por 103-89.

Lefty Driesell había padecido tanto a Digregorio que reconoció después del partido que «cuando salió expulsado, pensé que íbamos a ganar». Era una de las sensaciones del momento y el jugador al que todos los equipos rivales intentaban anular. «Me gusta sentir la presión de intentar ser anulado por otros jugadores». Quizás el exceso de confianza en superar los continuos dos contra uno a los que era sometido le jugó una mala pasada, al cometer cuatro de sus cinco faltas personales en ataque una vez que ya estaba encarando el camino al aro. Más que su velocidad, eran sus explosivos cambios de ritmo los que desactivaban los entramados defensivos diseñados para él.

A pesar de todos los elogios que estaba recibiendo, siempre tenía buenas palabras para sus compañeros como principales responsables de su buen juego como ratificaban los 24,6 pts y 8,6 ast que había firmado por noche durante la temporada con un más que meritorio 49%. Y es que cederle espacio para el lanzamiento exterior no era tampoco la mejor de las soluciones si querían evitar sus penetraciones.

Ahora las miras de Digregorio estaban puestas en el Saint Louis Arena, sede de la Final Four. En el fuero interno del equipo de Providence estaban convencidos que podían destronar a UCLA, serían el primer equipo desde 1966 que ostentara tal honor. Los hombres de John Wooden fueron uno de los dos equipos que derrotaron a los Friars durante la temporada (el otro fue Santa Clara). Llegaban con ganas de revancha. Pero antes debían derrotar a Memphis, dirigidos por Gene Bartow y liderados por Larry Kenon.

El guión del partido durante la primera parte estaba siguiendo el mismo camino que el del resto de encuentros de Providence durante el torneo con Digregorio dominando el tempo del mismo. Pero hubo una circunstancia que varió por completo el rumbo de la semifinal. Marvin Barnes, la otra estrella de Providence, se lesionó cuando todavía restaban doce minutos de la primera parte por jugarse. Los 17 puntos de Digregorio al descanso permitieron llegar a su equipo con ventaja (49-40). Había anotado o asistido en 31 de los 49 puntos de su equipo. Pero el cansancio pasó factura en el pequeño base de los Friars, las posibilidades de Providence duraron lo que el físico de Digregorio les permitió. Además de la ausencia de Barnes, Kevin Stacom y Fran Costello fueron eliminados por faltas, por lo que tuvo que asumir más responsabilidades ofensivas que de costumbre y a pesar de que anotó 32 puntos, sus porcentajes distaron mucho de los habituales en él: 15/36. En un intento a la desesperada, Barnes saltó a la cancha para intentar ayudar a su equipo, pero su cojera era más que evidente, no había nada que hacer. La ausencia de Barnes en la zona fue aprovechada por Larry Kenon y Ronnie Robinson (52 pts y 38 reb entre ambos). Allí acabó el sueño de Digregorio de proclamarse campeón con Providence.

De la actuación de Digregorio durante todo el torneo se recogieron opiniones como las de Tom Hawkins o Hot Rod Hundley que afirmaban que era el mejor “jugador pequeño” de la historia del baloncesto universitario. Ya nadie dudaba de que su sitio estaba entre los mejores jugadores, jugando en la NBA. “He hablado con Red Auerbach, me ha dicho que puedo ser elegido entre los 4 primeros jugadores del draft. Todo dependerá del equipo que necesite un manejador de balón y un pasador”.

DiGregorio fue escogido por Buffalo Braves con el número 3, por detrás de Doug Collins (Sixers) y Jim Brewer (Cavs). El pick número 2 de Cleveland fue traspasado esa misma noche procedente de Portland a cambio de John Johnson y Rick Roberson. Paradójicamente los Blazers estaban buscando un base, pero decidieron traspasar su primera ronda del draft una vez que Doug Collins fue elegido por Philadelphia. El motivo de que no apostaran por Digregorio era que éste había sido drafteado paralelamente en el draft de la ABA por Kentucky Colonels (pick #2), lo que abrió una guerra de pujas, a la que los Blazers no estaban dispuestos a sumarse. Las negociaciones duraron poco menos de un mes, el tiempo que tardó en filtrarse a la prensa que los Colonels estaban buscando un comprador para su franquicia. “Puse en perspectiva el asunto. ¿Dónde quiero jugar en el Madison Square Garden o en San Antonio? Iba a ganar mucho dinero de todas maneras”. Ante esta tesitura, Digregorio no dudó en aceptar la oferta de Buffalo y unirse a un proyecto ilusionante con un equipo muy joven y cuyo quinteto titular hacía albergar esperanzas a sus aficionados que podrían hacer algo importante: Ernie Di Gregorio, Randy Smith, Jim McMillian, Gar Heard y Bob McAdoo.

Digregorio fue elegido junto a otros grandes jugadores colegiales, entre los que se encontraban Tom Henderson, Doug Collins, Bobby Jones, George Karl, Ron Behagen, Greg Lee, Bill Walton, o Swen Nater para disputar una serie de 6 encuentros en una gira que la selección de la URSS realizó por suelo norteamericano. El público del Madison todavía recuerda con piel de gallina la jugada en la que permaneció driblando alrededor del centro de la cancha mientras un defensor soviético le perseguía frustrado, en una jugada que terminó en una asistencia, como no, a su compañero en Providence, Marvin Barnes. “Aquel dribling me reportó un millón de euros”. Sports Illustrated se hizo eco de la gran presión que existía alrededor del combinado americano tras la derrota el año anterior en los JJOO de Munich. Ver a Digregorio desenvolverse con tanta espontaneidad en ese contexto era un soplo de aire fresco. “Sabíamos que Digregorio haría un buen papel frente a los rusos. Es agresivo y tiene una gran confianza en sus habilidades” declaró Pete Newell, uno de los entrenadores del comité de selección norteamericano. Digregorio se convirtió en el favorito del público allá donde tenían lugar estos enfrentamientos: Los Angeles (83-65), San Diego (76-78), Alburquerque (83-67), Indianapolis (83-75), New York (89-80) y Baltimore (64-72). Los norteamericanos ganaron la serie de enfrentamientos por 4 a 2 y Digregorio fue el máximo anotador en todos y cada uno de los encuentros forzando la prórroga en el partido disputado en el Madison con dos canastas en los últimos instantes.

La actuación de Digregorio contra el combinado soviético aumentó su cotización, y a Paul Snyder, el propietario de los Braves y rey de las galletas (como se le conocía por ser el dueño de la empresa que fabrica las galletas Oreo) no le tembló el pulso para firmar un cheque de $2,3M y convencerle al igual que había hecho anteriormente con Elmore Smith ($2M) y Bob McAdoo ($1M). ”Siempre soñé con jugar en la NBA. He estado jugando a este deporte toda mi vida sin ganar un céntimo porque me divierte, y ahora además lo hago ganando mucho dinero. Jimmy Walker era lo mejor de Providence. Firmó un contrato profesional por $350.000 y pensé que era el tipo más afortunado del mundo. ¡Ahora puedo jugar profesionalmente y disfrutar, no solo de una buena vida, sino de una gran vida!». No escatimaría en gastos a la hora de comprar su primera vivienda y adquirir un Lincoln Continental Mark IV descapotable mientras le daba vueltas a la idea de comprarle un restaurante a su padre. Sin embargo, firmar un buen contrato añadía una dosis de presión extra a las expectativas ya creadas en torno a él. “Sé que no puedo vivir de las rentas de mi salario, ahora tengo que demostrar que valgo el dinero que han pagado por mí. Tengo confianza en poder desarrollar mi juego entre los profesionales… a pesar de mi estatura”.

En su primer partido de pretemporada, el excéntrico dueño de los Braves se encargó de publicitar el choque entre su equipo y el de los Sixers como un duelo entre Doug Collins y Ernie Digregorio, del que salió vencedor este último con 27 pts y 12/18 en el tiro, pero más que por sus canastas los 10.280 aficionados disfrutaron de sus deslumbrantes asistencias haciendo del ‘behind-the-back-pass’ una suerte de pase habitual en los partidos de los Braves. Incluso uno de los más reticentes con la forma de desenvolverse en los entrenamientos, como era el veterano John Hummer, se rindió a las virtudes de Digregorio cuando le vio en su primer partido “este chico sabe jugar”.

Paul Snyder como empresario de éxito que era, jugó la baza de los orígenes italianos de Digregorio. En el condado de Erie, donde está ubicada la ciudad de Buffalo, había una población de 150.000 italoamericanos, y en Toronto, ciudad en la que los Braves disputarían 10 partidos de la regular season, residían 350.000 italoamericanos. La medida tuvo éxito al principio, pero el efecto efervescente fue desapareciendo. La asistencia al campo siempre fue uno de los problemas de aquella franquicia que con suerte lograban ocupar 12.000 de los 17.000 asientos de los que disponía el pabellón para la práctica del baloncesto.

Tanto Eddie Donovan, el general manager, como su entrenador, Jack Ramsey, esperaban una buena adaptación del jugador a la liga, pero ninguno de ellos creía que en su año rookie iba a tener un impacto demasiado grande en el equipo. Esperaban un crecimiento progresivo. Digregorio tenía claro que no se esperaba de él que fuera el jugador resolutivo que había demostrado en Providence. “Me han contratado para hacer correr a este equipo y pasar el balón. Si tengo que asumir algún tiro, lo haré, pero esa no es mi función principal”.

El día de su debut dibujó el camino que trazaría durante toda la temporada: 17 puntos, 14 asistencias y victoria ante Houston Rockets (107-105). Sin embargo, Digregorio exhibió unas debilidades defensivas de las que todos los equipos tratarían de aprovecharse. En su quinto partido, Dean Meminger, base reserva de los Knicks, anotó la máxima anotación de su carrera con 27 puntos. La mayoría de sus canastas vinieron a través de bandejas. “Es ridículo que un hombre que promedia seis puntos por partido, anote tantas bandejas sencillas” declaraba Jim McMillian, compañero de Digregorio, tras el partido. Otra de las críticas que recibió era que acaparaba demasiado el balón, amasándolo como si fuera un yo-yo. Muchos equipos intentaban atraparle en traps y que el propio jugador se emborrachara de balón en su afán por protegerlo. Ramsay tuvo que llamarlo al orden, y explicarle que debía soltar la pelota cuanto antes en esos casos. “Todavía soy alguien nuevo en la liga, tengo muchas cosas que aprender, y margen de mejora. Ahora solo quiero salir y probar que soy uno de los mejores bases del país. Quizás no lo logre este año, pero seré uno de los mejores”. Declaraba confiado un sereno y orgulloso Digregorio.

Pero sus virtudes pesaban más que sus debilidades. Los Braves habían mejorado respecto al año anterior, mucho más de lo que las previsiones de los analistas auguraban. Buffalo era un equipo muy alegre, cuya máxima era correr el contraataque siempre que fuera posible, y un alto ritmo de juego en ataque posicional, buscando al mejor hombre hombre colocado sobre la pista. Su estilo era un fiel reflejo de las características de su director de orquesta, el joven rookie de Providence. Eran el segundo ‘pace’ (ritmo de juego) más alto de la liga, el equipo más anotador y también el que más puntos recibía. El descaro con el que Digregorio se desenvolvía sobre la cancha, era impropio de un rookie, incluso hacía gala de esa tremenda fé en sus propias posibilidades cuando tenía una mala noche. En un partido contra los Hawks en el que Lou Hudson le estaba haciendo pasar una mal trago, Digregorio sacó lo mejor de sí mismo en el tiempo extra anotando 8 de los 15 puntos de su equipo para sacar una victoria en Atlanta. Para entonces era casi unánime su virtual proclamación como rookie del año. Solo unas pocas voces como las de Bill Fitch se oponían a esta corriente en favor de su jugador Jim Brewer, un buen defensor, pero cuyos números distaban mucho de ser un candidato para el galardón al mejor novato: “La narrativa de Ernie Digregorio como rookie del año está viniéndose abajo, la gente se está empezando a dar cuenta de lo que aporta realmente Jim Brewer. Cuando miras las estadísticas, solo ves que anota dos o tres canastas por partido, pero no te dicen lo buena que es su defensa ni lo que ayuda en el rebote”.

Dos días después de esas palabras Digregorio jugó el que probablemente fue el mejor partido de su carrera. Era el primer día del año (1974), y los Braves venían de registrar dos meses con récord negativo (noviembre 4-10 y diciembre 6-7). Digregorio ayudó a su equipo a romper la mala racha de resultados con una actuación antológica: 20 puntos y 25 asistencias, estableciendo la mejor marca de pases para un novato, un registro que hoy en día aún sigue vigente y que sólo Nate McMillan (Seattle Supersonics) pudo igualar en 1987. “Probablemente sea el mejor pasador que he visto, con la excepción de Bob Cousy” llegó a decir de él su entrenador Jack Ramsay. El buen momento de forma de Digregorio se prolongó la siguiente noche anotando 16 puntos en el último cuarto para vencer en Seattle y unos días después firmando 24 puntos y 14 asistencias ante los Bullets incluidos cuatro tiros libres decisivos en los últimos 30 segundos. Buffalo entró en una dinámica positiva y encadenó 7 triunfos consecutivos en los primeros 7 partidos del año, colocándose por primera vez en su historia por encima del 50% de victorias más allá del mes de noviembre. En ese punto de su carrera ya nadie dudaba del impacto positivo de Digregorio en el récord de su equipo, algo que sirve para calibrar mejor la influencia de un jugador más allá de sus estadísticas, y más aún, cuando hablamos de un base. Atrás quedaban los abucheos del público cuando muchos de sus pases acababan en la grada, las críticas a su defensa, por las que recibió el sobrenombre de ‘Ernie No D’, y los reproches de algunos de sus compañeros por no atreverse a lanzar cuando estaba totalmente abierto. También había dejado de lado el intento de cumplir las expectativas creadas por un contrato millonario. “No recuerdo a ningún base rookie, a excepción de Oscar Robertson, del que se esperara que liderase a su equipo desde el primer año” afirmaba su compañero Jim McMillian. El legendario reportero del New York Times, Ira Berkow, le dedicaba un amplio artículo hablando de la evolución de su año rookie y cuando Berkow escribía sobre algún jugador, era síntoma de que estaba haciendo algo importante.

La llegada de Digregorio ayudó a derribar otra barrera más en la franquicia de los Braves. Después de 22 partidos, Buffalo derrotaba por primera vez en su historia a los Boston Celtics. La mayoría de sus 15 asistencias encontraron como receptor a Bob McAdoo que terminó con 37 puntos. La victoria tuvo un valor doble, ya que los Celtics tenían bastantes probabilidades de confirmarse como sus rivales en primera ronda de playoffs, e infundió tanta confianza a los jugadores de Jack Ramsay que tres días después volvieron a derrotar a los de Massachusetts por 110-94. ”Creo que podemos derrotarles” afirmaba Bob McAdoo, que formó una sociedad con Digregorio que hacía las delicias de los aficionados del Buffalo Memorial Auditorium. Fue una simbiosis perfecta, McAdoo se proclamó máximo anotador y además lo hizo liderando la clasificación de porcentaje de tiros de campo. Los pases de Digregorio tuvieron mucha de culpa de ello, de la misma manera que los puntos conseguidos por McAdoo ayudaron al base a convertirse en el máximo asistente de la competición en su año rookie, hazaña que hasta la fecha sólo Oscar Robertson había logrado, y tras ellos dos, ningún otro jugador ha podido repetir: ni Magic Johnson, ni Isiah Thomas, ni John Stockton, ni Jason Kidd, ni Chris Paul.

Digregorio fue indirectamente protagonista de un escándalo cuando se acusó al encargado del apartado estadístico del pabellón de los Braves, de atribuir algunas asistencias al base local incluso cuando estaba sentado en el banquillo como relataba Charley Rosen en su libro ‘Scouts Honor: A Novel?’. Finalmente no se pudo probar ninguna irregularidad pero la sombra de la sospecha planeó sobre su victoria en la clasificación de asistencias. Digregorio fue nombrado rookie del año con bastante superioridad sobre sus inmediatos competidores: Ron Behagen (Kings) y Slick Watts (Sonics). “Mis compañeros han tenido un papel importante en la consecución de este premio” se mostraba agradecido el recién galardonado que consiguió 110 de los 115 votos de la prensa. También se alzó con el liderato en la clasificación de porcentaje de tiros libres, en la que superó a Rick Barry. A los logros individuales se unieron los éxitos colectivos. Los Braves se clasificaron a playoffs por primera vez en su historia. Allí, en primera ronda, les esperarían los Celtics, un equipo que en muy poco tiempo se había regenerado tras haber dejado atrás el ciclo más glorioso de su historia.

En Buffalo confiaban plenamente en sus posibilidades de derrotar al equipo de Tom Heinsohn, y así lo hicieron saber desde el primer partido. El Boston Garden enmudeció ante la salida de los Braves en el primer cuarto (20-31) cuando todos esperaban un paseo militar. Di Gregorio templaba y McAdoo ejecutaba, así llegaban con ventaja al último cuarto (69-81), pero un parcial desfavorable de 38-16 en el último periodo dio al traste con el buen hacer de Buffalo en los tres primeros cuartos. Cowens, con 18 puntos en el cuarto periodo, fue el verdugo de los Braves. Digregorio anotó 17 puntos y repartió 8 asistencias a pesar de jugar tocado por un esguince producido ante los Warriors unos días antes. El segundo partido, disputado en Buffalo, comenzó igual que el primero, con los jugadores de los Braves dominando el partido (31-19). El buen hacer de Don Nelson y Paul Westphal redujo las diferencias al descanso (51-49). Boston apretó durante la segunda parte, pero en los minutos finales, las actuaciones de Digregorio y el reserva Jack Marin fueron decisivas para el triunfo local (115-105). Digregorio sumó 18 puntos y 12 asistencias completando un gran partido. No mostró el mismo acierto en el siguiente partido, muy desdibujado en la dirección de juego y errático en el tiro. Fue uno de los peores de su equipo en la derrota 120-107. Tres días después, se quitó la espina y los aficionados de los Braves vieron prolongado su sueño de eliminar a Boston tras ganar el cuarto partido con un palmeo de Jim McMillian sobre la bocina. Los Celtics, a la postre campeones, demostraron una mayor templanza ganando el quinto y el sexto partido en dos finales apretados (100-97 y 106-104).

Digregorio y los Braves fueron víctimas de su inexperiencia, en ambos partidos disfrutaron de ventajas que no supieron gestionar, pero a pesar de la derrota las sensaciones de cara al futuro eran inmejorables. Tan sólo serían necesarios un par de retoques para afrontar la temporada y fijarse metas más ambiciosas. Digregorio y Randy Smith precisaban de recambios de garantías para no verse sobrecargados, una de las claves de la derrota ante los Celtics. Los aficionados de los Braves esperaban mucho de su equipo para la siguiente temporada con un Digregorio más maduro. Incluso Jack Ramsay no dudaba a la hora de etiquetarle como el líder del equipo por delante del propio McAdoo: “Le dimos la responsabilidad de liderar a nuestro equipo, y nos demostró que podía hacerlo”.

Para entonces su popularidad había alcanzado tales cotas que recibió una invitación de ‘La Casa Blanca’ para asistir a la cena en honor al presidente italiano Giovanni Leone en su condición de miembro de la comunidad italoamericana. En la noche de apertura de la temporada 74/75, las cosas no pudieron comenzar mejor para él, victoria ante los vigentes campeones en su cancha, el Boston Garden (119-126) y una actuación estratosférica 33 puntos y 9 asistencias (14/18 en tiros de campo). Tras una semana de competición, los Braves habían dejado muy buenas sensaciones ganando 4 de sus 5 partidos, con Digregorio ejerciendo de Von Karajan. Sus números hablaban por sí solos: 20.6 pts, 8.2 ast y 54% en tiros de campo. Los Braves iniciaban su primer viaje por el oeste. Un 29 de octubre Buffalo jugaba en Oakland contra Golden State. En un partido que estaba casi decidido a favor de los locales, Digregorio sufrió un desgarro de los ligamentos de su rodilla izquierda. Tras una primera exploración, la lesión no pareció revestir importancia, pero cuando los Braves regresaron a Buffalo se confirmaron los peores presagios. “Intentaba sortear a un jugador cuando vi a Gar (Heard), alargué la zancada, giré mi cuerpo y le lancé la pelota a Gar. Entonces sentí un chasquido. Pensé que no había sido nada y seguí jugando. Cuando volvimos a Buffalo y me examinaron me dijeron que si no se eliminaba el cartílago, corría el riesgo de perder movilidad en la rodilla”. Pero la situación era peor de lo que se imaginaban los cirujanos del hospital Millard Fillmore de Buffalo. El cartílago de sus rodillas estaba completamente deteriorado por las incontables horas que había estado jugando sobre el asfalto desde muy joven. Visto con perspectiva fue un error que Digregorio siguiera viajando con la expedición de los Braves durante la gira. Portland, Los Angeles y New Orleans… los Braves regresaron a Buffalo ocho días después de su lesión. Fue recibiendo atención médica sobre la marcha, un médico en Portland le dijo que no tenía nada, otro en Seattle apoyó este diagnóstico, e incluso desde el propio equipo le instaron a que se ejercitara para no perder la forma física.

Digregorio fue operado, le retiraron el cartílago desgarrado y reapareció 3 meses más tarde en un partido contra los Knicks, pero nunca volvió a ser el mismo jugador. Perdió movilidad en su rodilla, se le veía cojear durante los partidos. Apenas podía realizar movimientos defensivos, y lo más grave, perdió la capacidad de realizar esos cambios de ritmo con los que solía dejar sentados a sus defensores. Con un hándicap tan grande como su estatura, se vio privado de sus principales recursos para sobrevivir en una liga que se estaba tornando más física. Los bases pequeños y habilidosos estaban dejando paso a un perfil de mayor estatura y capacidad física.

Con las bajas de Ernie Digregorio y Jim McMillian, Ramsay hizo los ajustes pertinentes y enfocó al equipo en la parcela defensiva. Hizo un gran trabajo en este sentido y los Braves no notaron sus ausencias tal como se preveía. Esto hizo más difícil aún la vuelta de Digregorio que tendría que luchar por recuperar sus sensaciones en una cancha de baloncesto y por recuperar su puesto en el equipo. No ayudó en nada a su recuperación los casi 13 kilos de peso que ganó durante el tiempo que estuvo inactivo. “He sido descuidado con mi dieta. Puedo correr con el balón sin sentir dolor, pero en cuanto empiezo a andar comienzan los dolores. No tengo plena confianza en mi rodilla, vivo con miedo a recaer de la lesión”.

Después de 11 partidos tras la reaparición de Digregorio, los Braves tomaron la determinación de apartarle del equipo para el resto de la temporada. La rodilla no había respondido como esperaban. Desde entonces tuvo que sobrevivir al estigma de jugador sobrepagado, como si el hecho de estar lesionado fuera algo buscado por el propio Digregorio. Siempre mantuvo la esperanza de volver al mismo nivel que antes de la lesión pero la realidad tenía otro dictado. En el verano de 1975 se escucharon varios rumores sobre el hecho de que los Braves aceptarían la oferta de cualquier franquicia que estuviera dispuesta a pagar su contrato, pero Jack Ramsay no perdía la esperanza de recuperar a su base a un buen nivel de juego.

El propio jugador afirmaba estar más o menos recuperado al comienzo de la temporada 75-76. Durante muchos partidos fue dejando destellos del talento que atesoraba dentro, pero esos fogonazos carecían de consistencia o regularidad. Durante el primer mes de competición se parecía bastante al jugador rookie que deslumbró a propios y extraños (13 pts y 7 ast de promedio en los 15 primeros partidos). No pasó mucho tiempo hasta que Ramsay tuvo que aceptar que Digregorio ya no podía llevar el peso del juego de los Braves. Ya no era aquel jugador determinante en ataque y en defensa era más vulnerable que nunca, provocando desequilibrios en el sistema defensivo de los Braves. El técnico le relegó a la suplencia en favor de Ken Charles, un escolta, y volvió a entregar las riendas del equipo a Randy Smith como base improvisado. Sus minutos se vieron drásticamente recortados a causa de sus problemas físicos, su floja defensa y su facilidad para cargarse de faltas. El récord de los Braves estaba por debajo del 50% de victorias tras haber rozado las 50 victorias la temporada anterior. Comenzó a ser silbado en algunos de los partidos por sus propios aficionados. Estaba tocando fondo, sin confianza, casi depresivo. Durante los partidos se sentaba al fondo del banquillo y era el primero en dirigirse al vestuario cuando finalizaba el encuentro. Se convirtió en una persona extremadamente reservada en el vestuario. “No había nada que pudiera decir. Era una decisión del entrenador y tenía que respetarla. Hablar de mi situación no hubiera ayudado en nada al equipo”. Incluso el veterano Bob Weiss amenazaba con superarle en la rotación de bases. “Cuando fue relegado a la suplencia no estaba acostumbrado a ver los partidos desde el banquillo. No cambió el chip y eso le impidió rendir acorde a su calidad cuando salía a jugar” recordaba su compañero Ken Charles.

Toda esta situación empezó a generar daños colaterales en los Braves. McAdoo, la estrella del equipo, comenzó a reclamar una mejora en sus condiciones contractuales. Era una paradoja que el jugador que estaba a punto de ser máximo anotador de la liga por tercer año consecutivo, y MVP de la temporada anterior, cobrara menos que un jugador que se sentaba al fondo del banquillo. La sombra del traspaso planeaba sobre la cabeza de Digregorio. Se rumoreaba que los New York Knicks cuyo general manager, Eddie Donovan, drafteó a Digregorio cuando trabajaba para los Braves, podría ser uno de sus destinos. Sin embargo, no hubo un interés real de ninguna franquicia.

La situación de Digregorio no mejoró en la primera ronda de playoffs. Se vio relegado a un papel muy secundario con Randy Smith y Ken Charles jugando 40 minutos por partido en el backcourt de Buffalo. Parecía haber tocado fondo: 13 minutos, 1 punto y 3 asistencias fueron sus promedios contra los Sixers en una serie al mejor de tres partidos. El siguiente rival en la lucha por el título eran los Celtics, no parecía ser el rival más propicio para poder salir de la crisis en la que se encontraba sumido. Los dos primeros partidos disputados en Boston siguieron la misma tónica que los anteriores: dos actuaciones discretas en las dos derrotas de su equipo. El tercer partido no parecía ir mejor para los Braves que perdían 12-24 al final del primer cuarto. Ramsay puso en cancha al pequeño base de Providence, y sin saber muy bien el motivo, se produjo una catarsis. Digregorio se encontró con su juego, su rodilla no le molestó, y comenzó a surtir de balones a Bob McAdoo y Randy Smith (53 puntos entre ambos). Aunque fue eliminado a falta de 2 minutos, dejó a su equipo vivo en el partido. Buffalo ganó por 98-93. Digregorio anotó 8 puntos y repartió 10 asistencias. “Al principio del partido estaba sobremarcado y mis tiros estaban muy bien defendidos. Ernie supo encontrarnos a Randy y a mi. Cuando juega así, somos un rival muy difícil de batir” manifestó Bob McAdoo después del partido. Digregorio puso orden y criterio en el ataque de los Braves, muy atascado hasta ese momento.

Ramsay tomó buena nota de su buen desempeño y de la fluidez ofensiva de su equipo cuando estaba en cancha y decidió darle la titularidad en el cuarto partido. Los Braves, guiados de nuevo por Digregorio derrotaron nuevamente a unos Celtics sin John Havlicek (124-122). El base anotó 19 de sus 21 puntos en la segunda mitad con una muy buena serie de 10 canastas en 16 lanzamientos, Estuvo también acertado en la dirección de juego encontrando a sus compañeros: McAdoo (30), Smith (28), Shumate (20) y McMillian (18) agradecieron sus pases. Al final del tercer cuarto sufrió un golpe de JoJo White, Le dejó un corte que supuso 4 puntos de sutura en su ojo derecho. Tras volver a cancha en el último cuarto anotó 13 puntos vitales para su equipo. Tommy Heinsohn aprendió la lección de los dos partidos jugados en Buffalo y dedicó especial vigilancia a Digregorio y Randy Smith, el resto lo hizo la superioridad reboteadora de Dave Cowens y Paul Silas. Boston derrotó a Buffalo por 99-88 y Digregorio, otra vez en el quinteto titular, terminó con 12 puntos y 6 asistencias. Los Braves necesitarían mejorar en el sexto partido si querían regresar a Boston para disputar un séptimo y último encuentro. Y mejoraron, pero desgraciadamente para ellos no lo suficiente. Los Celtics sobrevivieron gracias a un magistral partido de Charlie Scott (31 pts y 8 ast) y se impusieron por 100-104. El base de los Braves despidió la temporada con un buen encuentro (16 pts y 8 ast) y la esperanza de un nuevo horizonte para su carrera.

La incógnita a despejar era si su carrera se prolongaría en Buffalo o en otro destino diferente, sobre todo a raíz de la marcha de Jack Ramsay. El propietario de los Braves, Paul Snyder, no quisó renovar el contrato de Ramsay, que firmaría con Portland Trail Blazers, a la postre campeones esa misma temporada. El motivo del cese del técnico fue la suplencia a la que relegó a Digregorio. Snyder dejó claro al nuevo inquilino de los Braves, Tates Locke, que el base italoamericano era un activo de la franquicia que había que recuperar habida cuenta de que su salario era un obstáculo demasiado grande para incluirlo en una operación. El nuevo entrenador acató las directrices impuestas y le cedió la manija del equipo desde el principio de la temporada. Con un nuevo talento como Adrian Dantley se antojaba más necesario que nunca alguien que fuera capaz de contentar a todos los jugadores ofensivos de los que disponían los Braves (McAdoo, Smith, Shumate…).

El día del estreno de la campaña 76/77, Digregorio se fue hasta los 22 puntos en una victoria sobre Milwaukee paliando la baja temporal de McAdoo por unas molestias en la espalda. Era encomiable su esfuerzo por intentar demostrar que podía seguir jugando a pesar de que sus desventajas físicas y puntos débiles se habían multiplicado tras su lesión. Él fue la persona que más creyó en sí mismo y casi el único culpable de que volviera a jugar. Quizás por eso fue el último en reconocer hasta qué punto sus facultades habían mermado y en descubrir a qué nivel le permitiría jugar su rodilla. Ese espíritu irreductible le permitió mostrar el fulgor del jugador que una vez llegó a ser, por ejemplo, en un partido ante Phoenix a mediados del mes de diciembre en el que consiguió su tope de carrera en anotación: 36 puntos. Digregorio fue clave en la victoria de su equipo con seis puntos seguidos en el desenlace del partido. Aunque ofensivamente Digregorio era un jugador capaz, era difícil obviar su cada vez más deficiente capacidad defensiva. El apelativo ‘Ernie No D’ volvía a ponerse de moda. Era frecuente ver al base rival irse a guarismos anotadores superiores a su media habitual.

Los Braves no empezaron bien la temporada. La relación de Tates Locke con el vestuario fue pésima. Entre sus muchos encontronazos, tuvo una fuerte discusión con Digregorio. Con varios frentes abiertos, el entrenador fue destituido después de que los Braves presentaran un pobre balance (16-30). Bob McKinnon, el general manager, hizo de puente durante 7 partidos como entrenador eventual antes de la llegada de Joe Mullaney. Todos estos cambios afectaron a la estabilidad del equipo a nivel general y a la de Digregorio como director de juego en particular. “Fue una época con demasiados cambios en la franquicia, diferentes jugadores, diferentes entrenadores, diferentes sistemas y diferentes filosofías. No tuvimos tiempo para ajustarnos a todos esos cambios” recordaba Digregorio años después. La temporada terminó sin pena ni gloria tanto para el jugador como para su equipo. Lo único que el base de los Braves salvó de aquella temporada fue el galardón como líder de la clasificación de porcentaje de tiros libres por segunda vez en su historia. Digregorio convirtió 138 de los 146 tiros libres que intentó. Su 94,5% de acierto era un nuevo récord en esta modalidad. Sus diez puntos y cinco asistencias de media eran números no susceptibles de mucha mejora.

Cada vez era más manifiesta la degradación del estado de su rodilla y de su condición física. Steve Hershey, escritor del diario ‘The Washington Star’ elaboró una serie de quintetos en varias y peculiares categorías. En el quinteto de los jugadores menos atléticos de la liga incluyó a Digregorio junto a Bill Bradley, Don Adams, John Lucas y Wes Unseld. El futuro de Digregorio estaba en el aire más que nunca. Paul Snyder vendió la mitad de la franquicia a John Y. Brown, un exitoso hombre de negocios, quien ya había sido propietario anteriormente de los Kentucky Colonels. El nuevo socio de Snyder no estaba dispuesto a mantener al base de Providence a cualquier precio y buscó una salida de la franquicia para él. Se sondearon varios destinos uno de ellos era New York (Nets) a cambio de Tiny Archibald. “John Y. Brown se acercó a mí al finalizar la temporada y dijo que me iría mejor en cualquier otra franquicia”.

Tras un verano esperando su destino, éste por fin se dio a conocer, Buffalo Braves vendía a Digregorio a Los Angeles Lakers por futuras consideraciones y el compromiso del propietario de los Braves de pagar el 35% de su salario. Estaba exultante al enterarse de la noticia. El equipo californiano a pesar de tener en su plantilla a Kareem Abdul Jabbar no tenían el jugador idóneo que pudiera surtirle de balones. Según Bill Sharman, el general manager de los Lakers, Digregorio era “uno de los bases con más talento de la liga”.

“Si me dejan manejar el balón y buscar al hombre libre, estoy seguro de que los Lakers estarán bastante contentos con el resultado”. Estas palabras del propio Digregorio reflejaban las esperanzas que tenía puestas en esta nueva etapa. Los Lakers acababan de traspasar a los Kings a su base titular, Lucius Allen, y su competencia directa sería un rookie procedente de la universidad de Duquesne, Norm Nixon. Sin embargo el gran rendimiento mostrado por Nixon y la fragilidad defensiva del pequeño base de Rhode Island, le condenaron al ostracismo. Jerry West no estaba por la labor de perdonar su inconsistencia en defensa. Incluso en los primeros compases de la temporada perdió su puesto en la rotación en favor del también rookie Brad Davis.

La baja durante casi dos meses de Abdul Jabbar al inicio de la temporada tampoco fue un factor que ayudó mucho en su estancia en los Lakers. Uno de los motivos por los que se le contrató fue la supuesta capacidad que aportaría para alimentar a Kareem en el poste bajo. Los californianos empezaron mal la temporada y Digregorio fue uno de los jugadores señalados. Ni Jack Kent Cooke, propietario de los Lakers, ni el propio Digregorio vieron cumplidas unas expectativas poco realistas. Jerry West fue consecuente con sus ideas y no dio demasiadas oportunidades a un jugador que él no había pedido. A finales del mes de diciembre fue inscrito en la lista de lesionados por un caso de bronquitis coincidiendo con la vuelta a la actividad de Brad Davis (tras recuperarse de una fractura en su mano izquierda). Tres días antes los Lakers se hicieron con los servicios de Charlie Scott, un escolta que también podía jugar como base. Definitivamente las puertas para seguir jugando en en el conjunto angelino se cerraron para Digregorio. Mientras estuvo inactivo se refugió en su casa de Providence y ya no regresaría a la ciudad de Los Angeles. Había vestido la camiseta púrpura y oro por última vez. Un mes despuès los Lakers le cortaban y se quedaba sin equipo.

Los Celtics veían con agrado la idea de incorporarle, pero no querían hacerlo desde la lista de jugadores cortados (waivers) porque en ese caso tendrían que hacer frente al salario de su último año de contrato. Finalmente los Lakers le eliminaron de la lista de waivers, y los Celtics tuvieron vía libre para contratarle como agente libre. Boston le ofreció un contrato de diez días para suplir la baja momentánea de JoJo White. ‘¿Merecía la pena el riego?’ se preguntaban los aficionados de los Celtics sumidos en una temporada para el olvido. “La gente está preocupada por el nivel defensivo de Digregorio, pero este año nadie en este equipo ha demostrado saber que significa ese concepto. Por lo menos mientras juguemos en ataque tendremos a alguien capaz de entregar el balón en buenas condiciones a nuestros mejores jugadores. Además es de Providence”. Red Auerbach callaba así los rumores acerca de su fichaje. Demostró el por qué de sus éxitos como entrenador y dirigente. Durante los dos primeros partidos de Digregorio con los Celtics, el Boston Garden registró un aumento de 5.000 localidades vendidas por encima de su media habitual. La cercanía de Boston con su localidad natal fue un gran reclamo.

Tras firmar un segundo contrato de 10 días, los Celtics le ofrecieron un contrato hasta final del curso 77/78. “Espero poder ayudar al equipo hasta final de temporada” afirmaba un resignado Digregorio que contestaba a las preguntas de los periodistas de todo lo acontecido aquel fatídico año desde que fuera traspasado por los Braves. Su paso por los Celtics no mejoró en mucho lo visto de él en los Lakers, aunque pudo despedirse de los aficionados de Boston con un partido acorde a su talento: 24 puntos y 7 asistencias en 23 minutos a los Washington Bullets. Fue uno de sus últimos partidos como profesional. Boston no le ofreció la renovación. Había adquirido a Tiny Archibald y no había cabida para él en la plantilla. A pesar de ello, se llevó un gran recuerdo de la afición del Garden, que le trató con mucho cariño.

Durante el siguiente año no tuvo ninguna oferta para seguir jugando profesionalmente, y se retiró a Providence. Tenía 27 años y no se resignaba a aceptar que su carrera había terminado. Hubo varios intentos de regresar otra vez a las canchas. Los Celtics que mostraron cierto interés en recuperarle en 1979, un año después lo intentó en el training camp de los San Diego Clippers alentado por Paul Silas, su nuevo entrenador. Todavía pudo lucirse en uno de los choques amistosos que el equipo olímpico estadounidense disputaba en su preparación para los JJOO de Moscú (a los que finalmente no acudieron a causa del boicot). Un combinado de jugadores de Providence se enfrentó a los universitarios cayendo por 89-104. Digregorio fue el máximo anotador del partido con 27 puntos. Los mejores del equipo olímpico fueron Sam Bowie y Isiah Thomas.

Digregorio siguió intentándolo en 1981, cuando se presentó otra vez al campus de los Celtics (vigentes campeones). Bill Fitch le ofreció una oportunidad de probar en el training camp, y realizó la pretemporada con Boston, pero fue cortado a dos días comenzar la temporada. Aquel fue su último intento. A partir de entonces alternó un trabajo de comentarista con varias actividades profesionales. incluso tuvo una disputa judicial con la revista Sports Illustrated a causa de un artículo de Rick Telander. Su nombre se fue apagando eclipsado por la llegada de una nueva generación de estrellas que pusieron los cimientos del próspero negocio en el que se ha convertido la NBA en la actualidad. Su caso es un ‘what if’ de manual, pero nadie lo recuerda como tal porque tuvo lugar antes del estallido de popularidad que la liga experimentó a partir de mediados de los 80. Cuando hablamos del fenómeno de what if, son repetidos hasta la saciedad los nombres de Grant Hill, Penny Hardaway, Tracy McGrady, Derrick Rose, Brandon Roy, etc, etc. En alguna ocasión he apuntado a Digregorio como un exponente claro de esta figura y siempre recibo la misma respuesta ¿ERNIE WHO?.

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