I’M BACK

Faltaban unas horas para saltar a la cancha del Market Square Arena en Indianapolis. Dentro de un jet privado con 9 asientos, Michael Jordan pidió a los miembros de su seguridad privada y a Ahmad Rashad, periodista y amigo personal del jugador que le dejaran un momento a solas.

Michael Jordan, I’M BACK

«Me llevó tiempo encontrar el coraje para bajar del avión» confesaría más tarde entre lágrimas Michael Jordan. Se encontraba nervioso, ansioso, inseguro de sus sentimientos. En ese tipo de situaciones Jordan siempre había acudido a su padre,

«Siempre que tenía que afrontar una nueva etapa en mi vida, era mi confidente y consejero. Ahora tendría que hacerlo sin él».

No viajó acompañado por sus hijos. Se quedarían en casa viendo su programa favorito, Power Rangers. Ese era otra de las razones (menos importantes) para su regreso. Quería que sus hijos lo vieran jugar con sus propios ojos, que no supieran de él por lo que terceras personas les contaran. Para eso había estado entrenando durante todo el invierno, jugando en muchas ocasiones unos contra unos contra Jerry Stackhouse, al que muchos consideraban el próximo ‘Michael Jordan’.

En los eternos minutos que Michael estuvo reflexionando a solas a bordo de aquel jet privado, recordaba los momentos cruciales de su carrera en las que su padre calmaba sus nervios, le escuchaba y aconsejaba, en los enfrentamientos en playoffs contra los Pistons, en sus primeras finales, en el séptimo partido frente a los Knicks en en 92…

En cierto modo Jordan había vivido esa sensación antes, cuando decidió dejar el baloncesto para iniciar su aventura en el mundo del béisbol. Conocía ese sentimiento de angustia de no tener a la persona más importante de su vida junto a él. Pero esta vez era distinto, se trataba de regresar a la que había sido la disciplina que le había dado la fama y la gloria.

«En ese punto de mi vida, tenía que seguir adelante por mis propios medios. Me sentía derrotado mentalmente. Me sentía como si no fuera de ninguna utilidad, sentía que estaba cometiendo un gran error».

Era curioso y sorprendente a la vez como el ídolo de millones de adolescentes en todo el mundo, el modelo a seguir, nunca había tenido un referente tan importante a imitar como su propio padre, a la vez su mejor amigo. Sabía en cierto modo que la figura que proyectaba al mundo no dejaba de ser una falsa imagen de alguien que no era. En cierta medida tenía la necesidad de gritar al mundo «creed e imitad a vuestros padres, no a figuras deportivas».

Jordan estuvo cerca de una hora llorando y recordando los consejos y lecciones de su padre. Examinaba los pros y los contras de su regreso. Había decidido regresar porque echaba de menos el juego y la competición. Desde que había abandonado el baloncesto, estaba enfadado y frustrado. Se encontraba resentido por todas las historias de conspiraciones que salían a la luz sobre su figura y los juicios paralelos en los medios.

Hasta entonces el ritual antes de los partidos era el mismo. Untaba sus manos en resina, se las sacudía encima de la cabeza de Johnny Kerr, y dirigía su mirada a la grada en la que se encontraban su familia o amigos. En esta ocasión no estarían sus hijos ni su mujer. No estaría su padre, aplaudiendo de pie orgulloso de su hijo. Se acercaba la hora de regresar y no habría nadie en las gradas. Después de una hora consiguió reunir fuerzas para salir del avión.

«La parte más dura de todo el proceso fue bajar del avión, una vez que logré salir sabía que había vuelto… I’M BACK»

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