domingo, mayo 19, 2024
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La incomprensión de Victor Wembanyama

El valle de Cachemira está ubicado al norte de la India, más allá de sus conflictos históricos sobre su gobernabilidad y pertenencia, la región es conocida por tener una de las tumbas más famosas de la humanidad. Existe en la Biblia un vacío en la vida de Jesús, durante unos años no se sabe qué fue de él, las teorías al respecto siempre se han contado por centenares, si no por miles, el hijo de Dios simplemente desapareció. Una de mis hipótesis favoritas le ubican precisamente en la región de Cachemira, e incluso sus habitantes presumen de este suceso mostrando con orgullo la tumba donde finalmente fue enterrado, ya que, según ellos, terminó sus días allí. Si uno pasea distraídamente por la zona y torpemente llega a su lápida, podrá leer en su epitafio las siguientes palabras “Aquí yace el mejor de todos los hombres”.

El cristianismo no es la única religión que cree en la figura del salvador, un hombre de extraordinarias destrezas divinas que llegará para cambiar el rumbo de la humanidad, para llevarlo al verdadero camino, al de la verdad y al de la justicia. Bajando un poco la intensidad, podemos encontrar referentes similares en la cultura pop occidental, tenemos a un Luke Skywalker que apareció para traer el equilibrio a la fuerza o a un Neo que, con sus habilidades, podrá doblegar Matrix a su voluntad.

Victor Wembanyama ha nacido para ser especial en el sentido más exacto del término. Normalmente, a este tipo de jugadores se les pone la etiqueta de “unicornios”, esto es, la comparativa con un animal mitológico para señalar que, en realidad, no deberían haber existido nunca. Es decir, reúnen unas características que deberían ser incompatibles entre sí, no podemos esperar que un jugador muy alto sea demasiado coordinado, o tenga una técnica muy definida o una lectura de juego brillante. Unas características son contradictorias desde un punto de vista cultural o de costumbres y las otras desde un punto de vista físico. Existen jugadores que rozan este límite de lo imposible, el caso más conocido es el de Kristaps Porziņģis, un jugador de 2,20 con una mano exquisita y una movilidad y coordinación impropia de un hombre de su tamaño. También tenemos otros casos menores como el de Ched Holdrem, Bol Bol o echando la vista atrás el mismo Pau Gasol o Kevin Garnet fueron unos pioneros en la redefinición de los hombres altos en el baloncesto.

Wembanyama escapa a estas comparativas. No estamos hablando de un jugador muy grande que pueda ocupar posiciones exteriores sino que su naturaleza está en ellas. Ha adquirido unas habilidades nunca vistas para alguien de su tamaño, tanto físicas como técnicas. No es raro ver a Wembanyama realizando un “step back”, pero no lo hace porque puede hacerlo sino porque esa es precisamente su manera de jugar, la integración del estilo de juego de un base es algo inherente en él, no es nada forzado, simplemente fluye por su juego. Sus 2,26 metros de altura y 2,44 metros de envergadura le convierten en el “unicornio” por excelencia, en la paradoja hecha jugador, en la excepción dentro de la lógica de la física Newtoniana.

Rudy Gobert Victor Wembanyama

Hace no demasiado, Draymond Green, el ala pívot de los Warriors realizaba unas declaraciones en un podcast donde afirmaba que la peor versión de Wembanyama se asemejaría a una especie de Rudy Gobert 2.0. Green es famoso por ser un tipo sin pelos en la legua, pero también es conocido como uno de los jugadores más inteligentes de la liga, en este caso, el jugador de los Warriors se refería a que, con el tamaño y la movilidad del jugador francés, si todos los proyectos anteriores fracasaran, siempre lo podrías incorporar dentro de la zona para que se convirtiera en el mejor defensor interior de la NBA.

Las palabras de Green resuenan en la cabeza de todos nosotros porque tienen el sentido de la tentación. ¿Cómo no voy a poner a un jugador a defender dentro de la zona si prácticamente me asegura que va a convertirse en el mejor defensor de la NBA? La alternativa debería generar unas expectativas hercúleas. Otras declaraciones dignas de análisis las tenemos de la boca de Gerard Soler, un famoso periodista deportivo español y hasta no hace mucho uno de los narradores de la euroliga en DAZN. Hablando sobre las posibilidades de Wembanyama para convertirse en un mejor jugador exterior que interior, nos decía con gran acierto que debíamos “abrir la mente”, es decir, estamos ante un escenario nunca visto hasta el momento, ya que, al tener un jugador único, se requieren recursos únicos para poder desarrollar al máximo su potencial. Gerard nos decía que sería un error medir a Wembanyama con el mismo instrumento con el que medimos los demás y que, si lo hiciéramos, podríamos ahogar a uno de los potencialmente más grandes jugadores de la historia del baloncesto.

Uno de los mejores escenarios para su desarrollo, a mi entender, ya lo tiene el jugador francés. El destino ha querido que haya recalado en Sant Antonio Spurs, cuyo entrenador es uno de los que, como diría Gerard, tiene la mente abierta. Popovic no es solo uno de los mejores entrenadores de la nba, también es una de esas personas sin miedo al cambio y, lo más difícil de todo, sin miedo a reconocer sus propias equivocaciones en favor de la franquicia o del propio jugador (otro día contaremos su historia con Manu Ginóbili). Si Popovic y su equipo es capaz de entender a Wembanyama en su totalidad y pueden desarrollar todo su potencial, puede que estemos ante un Neo del deporte, un Skywalker de la canasta, alguien que, al igual que hizo en su momento Wilt Chamberlaint, Michael Jordan o Stephen Curry, ha llegado para doblegar el deporte a su voluntad y cambiarlo para siempre, sin embargo, el único requisito que debe ocurrir para que esto suceda es que lo comprendan.

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