jueves, abril 25, 2024
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La sonrisa de Michael

El salón tenía un color pálido acorde con la decoración, alguien podía pensar que no se había invertido suficiente en el espacio interior, pero era todo lo contrario, hasta el último detalle había sido milimétricamente calculado. Al fondo estaba el hombre afroamericano que pasaba de la cincuentena con un whisky y un puro en la mano, el equipo de grabación lo estaba terminando de maquillar mientras los demás integrantes de producción estaban ajustando algún que otro imprevisto de última hora. De repente todo se quedó en silencio “Bueno, ¿Cómo empezamos hoy?” preguntó el hombre mientras bebía un sorbo de su vaso, “Michael, cuéntanos cómo era Rodman”. Una sonrisa se dibujó en el rostro del entrevistado “¿Dennis?” le costó contener una carcajada “Seguramente sea el jugador más inteligente con el que haya compartido una cancha de baloncesto”.

Cuando se pregunta por Rodman a excompañeros, técnicos o a cualquiera que de algún modo haya trabajado con él, siempre existe la tendencia de sonreír, esta característica común ya es un detalle que nos puede llevar a pensar que estamos ante un personaje fuera de lo que los estándares sociales nos imponen en cualquier rincón de la sociedad. Excéntrico, suele ser uno de los adjetivos más suaves con los que se le define, pero Dennis fue ante todo un pionero de la libertad, una de esas personas que no quieren diferenciarse del resto para ser únicos si no de las que quieren marcar su propio camino pase lo que pase. Polémicas aparte, seguramente estemos delante de uno de los jugadores con más talento defensivo de la historia del baloncesto.

El 14 de junio de 1998, en plenas finales de la NBA, Utah había forzado el sexto partido en su casa para desgracia de unos Bulls que deseaban haber cerrado la eliminatoria en Chicago. Los Jazz eran por entonces un equipo muy sólido, trabajador, defensor y con un talento descomunal sobretodo de la mano de Karl Malone y John Stockton, sus dos estrellas principales. El equipo de los Bulls, conocidísimo por todos, ya ha formado parte de la historia de la liga con un Michael Jordan imponente, Scootie Pippen, Tony Kukoc y, efectivamente, Dennis Rodman. En este punto me gustaría que nos adentráramos en las entrañas de ese sexto partido de la mano de Dennis para poder ver cómo, pese a no disponer de unas estadísticas excelentes, el trabajo que hacía cada noche era único e irrepetible.

Echando un vistazo rápido al box score del partido, podemos ver como Rodman terminó con 7 puntos, 8 rebotes, 1 tapón y 2 robos cuando su par, Karl Malone, llegó a los 31 puntos, 11 rebotes y 7 asistencias, ¿el mejor defensor de la liga? Pues parece que no tuvo su mejor partido o The Mailman era demasiado para él. Nada más lejos de la realidad, mi intención es mostrar cómo, pese a las estadísticas, Rodman ganó la partida y no solo por el resultado final del encuentro. Existen 3 momentos claves en este partido, a mi parecer, que ayudaron de manera decisiva a decantar la balanza y, no solo tuvo como protagonista a Rodman, sino que lo que hizo fue obra de un jugador completamente fuera de lo común, irrepetible de algún modo. El pívot de Chicago era una especie de maestro de la mente, conseguía infiltrarse en el cerebro de sus adversarios para sacar lo peor de ellos y conseguir que su rendimiento bajara, en otras palabras: les desquiciaba por completo.

Karl Malone Dennis Rodman

El primer momento clave nos sitúa a mitad del tercer cuarto cuando los Bulls estaban perdiendo por dos puntos de diferencia. Jordan realizaba una de sus míticas suspensiones de tiro en un ataque de Chicago cuando el balón salió rebotado debido al impacto con el aro, en este momento Rodman consiguió atrapar un rebote casi imposible en las narices de Malone que se había posicionado mejor defensivamente, posteriormente el jugador de los Utah se lanzó al suelo impactando con Rodman provocando que a este se le escapara unos segundos el balón y fuera suficiente para que Byron Russerl se lo robara. En este punto, durante el contrataque de los Jazz, Malone y Rodman se encontraban en el suelo uno al lado del otro dispuestos a levantarse. Es aquí donde empieza lo que mejor sabe hacer Dennis; como si de un combate de lucha libre se tratara, empezaron a enzarzarse en un seguido de golpes y empujones tirándose al suelo una y otra vez, finalmente el árbitro, en una decisión tan discutible como difícil, señaló falta personal a Rodman por la alegría de Malone. Todo terminó con dos tiros libres del jugador de los Jazz, no sin antes producirse un cachete en el culo a Malone con sonrisa picarona incluida. Esta jugada es la semilla donde el jugador de los Bulls sembraría la victoria para su equipo.

El segundo momento se refiere un poco más avanzado partido, en este instante tenemos a unos Bulls un tanto atascados en ataque con Utah cogiendo una diferencia de más de 5 puntos de ventaja. Jordan intentaba liberarse de Russerl pero con las fuerzas al límite no lo conseguía, de repente el balón terminó en manos de Rodman que se encontraba un paso por detrás de la línea de tiros libres. El pívot de los Bulls empezó a buscar a algún compañero ya que, sabido por todos, Rodman no tiraba prácticamente nunca ni de media ni de larga distancia, durante este momento la defensa de los Jazz apretó los dientes para que nadie pueda recibir. Dennis observó la situación y decidió que la mejor opción era lanzar, ya que Karl Malone le dejaba distancia suficiente, como tentando al excéntrico jugador a hacer lo que peor se le daba. Finalmente decidió intentarlo y el balón entró limpio en el aro. El público se quedó completamente en silencio, los jugadores se miraban entre ellos y Dennis bajó a defender encogido de hombros mirando a todo el mundo sonriendo, como pidiendo disculpas. Dennis ya estaba en la cabeza de sus rivales.

El tercer momento ya se ha convertido en un clásico de la historia de la NBA, nos referimos al robo de Jordan para poder encestar uno de los buzzer beaters más bellos que se recuerdan. Con 45 segundos por jugar y unos Jazz ganando por 1 punto de diferencia, John Stockton subía el ataque para cederle el balón de inmediato a Malone, defendido por quien, si no, Dennis. Durante el forcejeo Malone se encontraba tan preocupado pensando en a ver qué artimaña se inventaría su adversario, estaba tan focalizado en Dennis que no vio llegar a Michael desde el lado débil de la cancha para robarle el balón. El siguiente ataque decidió el campeón.

La actuación de Dennis Rodman en las finales del 98 es solo uno de los motivos por los que Jordan sonríe cada vez que le preguntan por su excompañero, es la sonrisa de alguien que conoce perfectamente a uno de los jugadores más listos que han pisado una cancha de baloncesto. Del que es plenamente consciente que parte de su leyenda le pertenece de algún modo ya que, sin él, es muy posible que le faltaran algunos anillos de los que posee actualmente. Lamentablemente el precio que pagó Rodman para ser libre fue el que el personaje eclipsó al enorme jugador de baloncesto que había detrás, ya que no solo era listo como el hambre, sino que también era un trabajador incansable, una rata de gimnasio que se pasaba horas moldeando y preparando su cuerpo para el contacto físico. Puede que los locos sean los que prefieren aceptar las reglas del juego social y temen el rechazo de sus semejantes por encima de cualquier otra cosa, Rodman sin embargo, nunca fue de esa clase de gente.

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