lunes, mayo 27, 2024
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Marc Gasol, uno de los nuestros

Tuve la ocasión de conocer Girona de primera mano en el año 2002, segundo de Bachillerato no había sido el mejor año académico de mi vida, así que decidí dejar mi pueblo natal y embarcarme en mi primera aventura en solitario como post-adolescente, de este modo, me matriculé en un instituto situado justo al lado del Onyar, uno de los tres ríos que rodean la ciudad. Al poco de tener contacto con sus calles y sus ciudadanos ya me pude hacer una idea de las idiosincrasias de la zona, por una parte, hay unos habitantes de un poder adquisitivo alto, acostumbrados a la cultura y, en cierto modo, aburguesados, pero con el carácter del que ha sufrido a lo largo de su historia. Fríos, altivos, distantes hasta el punto que pueden parecer desagradables, pero al mismo tiempo orgullosos de su pasado e inteligentes, podrían ser perfectamente las características básicas que definirían el carácter de los gironins. La historia de Girona ha sido la historia del que ha luchado, resistido y perdido y, sus habitantes, lejos de huir o sentirse avergonzados, alzan la cabeza con el puño en alto orgullosos de sus luchas pasadas. No es fácil aceptarse como perdedor y menos aún proclamarlo a los cuatro vientos.

Uno de los elementos que más me gustaba de la ciudad era su equipo de baloncesto, llevaban mucho tiempo compitiendo en la mejor liga de España, la ACB. Siguiendo con el carácter de sus habitantes, el equipo no era el mejor de la competición, ni tan siquiera se acercaba a los play-offs, sin embargo, siempre se construía con gran inteligencia e intuición. El Valvi, el Casademont o el Girona Gavis fueron los distintos nombres que tuvo el equipo, un equipo que luchaba y permanecía pese a las dificultades de tener uno de los peores presupuestos de la competición año tras año. Me acuerdo de ir a Fontajau con mis amigos, el pabellón donde se disputaban los encuentros, y disfrutar de jugadores como Larry Stewart, Terrence Myers, Pablo Laso o el grandísimo Darryl Middleton. Todo esto cambió en el año 2005 cuando la inmobiliaria Akasvayu decidió realizar una inversión sin precedentes en el equipo. Hay que tener en cuenta el contexto en la España de principio de milenio; la construcción dominaba la economía de manera espectacular, se movía mucho dinero, demasiado por lo que pudimos ver en los años posteriores. En tales circunstancias Akasvayu disponía de un capital muy grande para poder proporcionar potencia económica a quien supiera aprovecharla y, en este momento, aparece el equipo de baloncesto de la ciudad de Girona. Esta potencia económica se transformó en la actualización de una plantilla que aspiraba prácticamente a todo en la competición doméstica, el fichaje mediático de Raül López fue la guinda a un proyecto tan ambicioso como erróneo.

En este punto pediría realizar un ejercicio mental y trasladarnos al mismo año 2005 en Barcelona y más concretamente al Palau Blaugrana. Ahí tenemos calentando banquillo a un joven de 20 años sobrado de peso llamado Marc Gasol. Puede que ahora todos nos estemos llenando la boca de elogios hacia su figura deportiva en la que, básicamente y sin miedo a exagerar, podemos considerar a Marc como uno de los mejores jugadores de la historia de España, sin embargo, en ese lejano año 2005 solo se escuchaban críticas hacia su proyección como jugador. Lento, pasado de peso, técnicamente mediocre o vago, fueron algunas de las críticas que no dejaba de escuchar en ese momento, tampoco pasaba desapercibido por el fan de sofá que existía la posibilidad que estuviera en uno de los mejores equipos del país gracias al apellido que llevaba impreso en su espalda. Es posible que el Marc del año 2005 estuviera en el lugar y el momento incorrecto, con una plantilla que aspiraba a todo, parecía que el mediano de los Gasol no tenía cabida en el reparto de minutos, tampoco era un secreto que no era santo de devoción de Ivanovic, el entonces entrenador del Barça. Incluso vio cómo su protagonismo en cancha bajaba respecto al año pasado, paso de jugar 16 minutos por partido la temporada 2004-05 a tan solo 10 en la siguiente. Marc no se sentía cómodo con Ivanovic y el sentimiento era mutuo, así que al terminar la temporada decidieron separar sus caminos.

Es posible que hoy en día cueste de creer, pero por entonces el pívot de Sant Boi tenía un caché muy bajo, no había demostrado prácticamente nada y su físico no le acompañaba, en otras palabras, es muy probable que saliera al mercado sin ser un jugador con ningún tipo de garantías, su fichaje era un riesgo y los equipos lo sabían. En este momento Akasvayu se cruzó en su camino, después de su primera temporada como patrocinador principal y su salvaje inversión económica en el equipo, quisieron hacerse con los servicios de Marc Gasol. Es un movimiento curioso, nada te aseguraba que Marc te rindiera en un equipo ACB, y no solo eso, sino que la sombra de su hermano era muy larga. Apostar por él y hacerlo tu jugador franquicia no parecía tener mucho sentido, y aún más si pensamos que el equipo de Girona era un equipo construido para optar a todo. Sin embargo, alguien dentro de la organización vio algo en él, algo que no vio prácticamente nadie y Marc respondió, vaya si respondió.

En su primera temporada promedió casi 11 puntos y más de 5 rebotes por unos 22 minutos, añadiendo una valoración de 15,9 por partido, a sus 21 años no estaba mal para un equipo que entró a Play Offs. Esto le catapultó automáticamente a ser uno de los mejores jugadores de la competición, parecía que las dudas sobre su rendimiento se habían desvanecido como por arte de magia. Marc dejó de ser el hermano malo para convertirse en el hermano no tan bueno, durante este período había analistas que consideraban al mediano de los Gasol como un agente que dominaría el juego interior europeo durante años, nada más lejos de lo que sucedió en realidad. En la parte más humana el joven pívot se encontró por primera vez en toda su vida, ya no estaba en un Barça que no confiaba en él, ni en un high school en Memphis en medio de ninguna parte, en Girona se estableció por méritos propios y pudo llegar a explotar todo su potencial. La organización por su parte, había conseguido desentrañar una incógnita que no aparecía como tal un año atrás, casi nadie se planteaba que tan bueno podía llegar a ser Marc, si no que las dudas sobre su permanencia en el profesionalismo era lo que predominaba en realidad. Uno tenía la sensación que había habido un pacto detrás de este éxito inesperado “dadme un equipo y veréis de lo que seré capaz” parecía que había dicho Marc.

La conexión con el público fue inmediata, a diferencia de su hermano mayor a Marc no le iban los lujosos elementos que suelen acompañar el deporte profesional, a él no le importaba el dinero, el glamour o el reconocimiento de las distintas celebrities que ocupan la parte más superficial de su profesión. Y el público, que en cierto modo es soberano, se dio cuenta de esto, esa gente acostumbrada a la derrota, fría, prepotente pero orgullosa de los suyos se vio reflejada inmediatamente en las maneras de Marc. Y para llevarlo a otro nivel, la relación no fue unidireccional si no que parecía que era recíproca, el joven de Sant Boi se sentía como en casa en medio de una gente que las sentía como propias.

La temporada 07-08 fue la de su máximo esplendor en la liga ACB, ya había disuadido a los pocos temerarios que quedaban que afirmaban que solo estaba ahí por su hermano y se consolidó como unos de los mejores pívots de Europa. Sus más de 16 puntos, 8 rebotes para un total de casi 28 de valoración por partido, le convirtieron en uno de los jugadores más valorados de la historia de la competición. En esta temporada consiguió 11 MVP de la jornada, cifra solo superada por un tal Arvydas Sabonis, que le valieron para coronarse como el mejor jugador de la campaña 2007-08. Marc se había establecido y había encontrado su identidad con los que tenía a su alrededor, después que fuera denostado por gran parte de los equipos de la máxima categoría, respondió como nadie a la confianza que se le dio en Girona, era una relación perfecta y parecía que tan solo acababa de empezar. Pero en toda historia de amor existen elementos trágicos y aquí se manifestaron en la temporada siguiente, Akasvayu sintió, al igual que gran parte de la sociedad, la crisis del ladrillo y no pudiendo hacer frente a sus deudas, tuvo que cerrar llevándose por delante un equipo que había conseguido establecerse como uno de los clásicos de la ACB. Marc se sintió desolado, se le cerraban las puertas del lugar donde nunca quiso irse, ¿Qué hacer ahora? ¿Volver al Barça? ¿Mirar hacia Europa? O, ¿por qué no dar el salto a la NBA? Sus derechos los tenía Memphis ya que habían sido incluidos en el traspaso que llevó a Pau a los Lakers y Marc, conocía la ciudad, había vivido muchos años durante su etapa de secundaria.

Memphis parecía un buen lugar para vivir, una ciudad sin demasiados lujos, sencilla en su alma y en sus habitantes, era territorio conocido y al mediano de los Gasol le pareció la opción menos mala. No vamos a profundizar en su etapa NBA en este espacio, ya que no es mi intención descubrir sus logros en la liga norteamericana. Podemos pasar de puntillas sobre sus 3 All Stars, su premio al mejor defensor del año, su anillo con los Raptors o, por encima de todo, el enorme respeto que se ganó de todo el mundo. Lo que sí me gustaría resaltar para poder hacernos una idea de su grandeza, es que si no es considerado el mejor jugador de la historia de España es porque existió otro chico llamado Pau con el que comparte apellido. Si hacemos otro salto temporal, nos encontramos con un Marc jugando en los Lakers de Lebron, un escenario a priori soñado para cualquier jugador profesional de baloncesto, pero no para el mediano de los Gasol. Con 36 años y con un haber espectacular, parecía que no le interesaba compartir vestuario con uno de los mejores jugadores de la historia de la liga en uno de los equipos más laureados. Seguramente, al igual que le sucedió en el Barça de Ivanovic, volvió a perderse en las calles llenas de glamour de Los Angeles, puede que se descubriera a si mismo paseando y preguntándose qué hacía allí.

Los vínculos con la ciudad de Girona nunca desaparecieron ya que desde su marcha fundó desde 0 un nuevo club de baloncesto llamado C.B. Girona con la esperanza de volverlo a la categoría donde le correspondía. Existen numerosas declaraciones de los responsables del club contando como Marc, estando en la NBA, les llamabas a altas horas de la madrugada solo para informarse de las novedades de la organización. Uno tiene la sensación que lo que quería en realidad, era devolver lo que la ciudad le dio en el momento más complicado de su carrera y seguramente de su vida, Marc jamás olvidó Girona, y sus habitantes tampoco le olvidaron. Finalmente decidió dejar la máxima competición americana y volvió al lugar donde siempre creyó que pertenecía. A nivel personal viví todo el proceso en directo, la temporada 21-22, la del ascenso del equipo a la ACB fue la cumbre del proyecto de Marc. Llevo más de 25 años vinculado de algún modo al mundo del baloncesto y lo que viví esa temporada lo considero como uno de los hitos más grandes que he presenciado sobre una cancha de baloncesto: La mala primera vuelta del equipo llegando a encadenar hasta 7 derrotas consecutivas, la vuelta de Marc y la victoria sobre el Estudiantes en la Final Four son los elementos tragicómicos de una temporada que no se olvidará en generaciones. Y ya volviendo al presente, como presidente del Club y su recién retirada confirmada, Marc ha vuelto al lugar donde pertenece, al que nunca quiso abandonar ya que, en cierto modo, ha sido, es y será, uno de los nuestros.

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