sábado, diciembre 3, 2022
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¿Por qué eres tan bueno McGrady?

Todo comenzó con Sonny Vaccaro, el nexo de unión de Tracy McGrady con Kobe Bryant y Michael Jordan. Vaccaro había sido un personaje crucial en la apuesta de Nike por Michael Jordan. Su relación con Kobe comenzó en el summer camp ABCD (Academy Betterment and Career Development). Había otros campamentos nacionales de baloncesto de verano. La mayoría de ellos buscaban mejorar los fundamentos de los jugadores más prometedores, pero ninguno tenía el prestigio y la importancia del campamento ABCD. Vaccaro imaginó una plataforma para estos atletas jóvenes y prometedores. Tenían talentos naturales y merecían un escenario en el que mostrar ese atletismo. Vaccaro se lo proporcionó. La marca comercial Nike que patrocinaba y financiaba este proyecto rompió lazos con Vaccaro, que llevó su proyecto a Converse primero y a Adidas posteriormente, en 1994. La NBA iba a sufrir un punto de inflexión con la llegada de jugadores directamente desde High School. Nike que dominaba la escena del patrocinio deportivo, encontró competencia en Adidas y Sonny Vaccaro, cuya estrategia fue la de reclutarles antes de que llegaran a ser conocidos, y qué mejor escenario para descubrir a esos talentos del futuro que el ABCD Camp.

Alvis Smith se encargaría del reclutamiento de muchos de estos muchachos para el campus. Como un estudiante que no pudo obtener una calificación académica para asistir a la universidad, siempre buscaba un perfil de chicos desconocidos, con menos recursos o posibilidad de tener una buena formación académica. Tracy McGrady encajaba en ese prototipo. McGrady vivía en Auburndale, una localidad situada entre Orlando y Tampa. Su madre le dio a luz siendo una adolescente y fue su abuela, Roberta, la que se encargó de criarlo. Mientras sus primos jugaban a baloncesto, él observaba desde fuera del campo. No le gustaba mucho este deporte, prefería el béisbol, pero cuando faltaba un jugador y necesitaban que jugara alguien más, sus primos le obligaban a hacerlo. «Todos mis primos solían darme bofetadas en la cabeza y llamarme de todo tipo de nombres, como, ‘Eres un punk. Eres un marica. Sal a jugar’. Simplemente llegué al punto en el que estaba harto de que hicieran eso y comencé a jugar». McGrady no lo sabía, pero tenía un don especial para el baloncesto, y a medida que iba jugando iba mostrando todo aquel talento que llevaba dentro.

Smith alertado por uno de los chicos de Florida que había asistido al campamento, comenzó a asistir a los partidos de McGrady cuando éste tenía 15 años. Poco a poco se convirtió en una especie de mentor y de asesor. McGrady comenzó a escuchar cada una de las sugerencias. Le pidió que abandonara el béisbol y el football. «Eres delgado y largirucho, te van a romper en un campo de football. Probablemente seas un buen jugador de béisbol, pero quiero que te concentres en el baloncesto porque creo que puedes ganarte la vida con esto».

Smith ya había comenzado a planificar su hoja de ruta. «Sentí que necesitaba ubicarlo en un entorno más estructurado porque sabía que tenía el talento necesario para entrar en el draft y quería que estuviera listo para ir directamente a la NBA».

McGrady aceptó dejar a su familia y amigos en Florida para asistir a la Mt. Zion Christian Academy en Durham, North Carolina. Su entrenador era Joel Hopkins, un amigo de Smith. Una vez allí tuvo que adaptarse a la disciplina casi espartana de Hopkins. Sólo había tiempo para baloncesto y estudios, el tiempo libre se emplearía en el descanso físico y mental del cuerpo.

La verdadera prueba de fuego para McGrady llegó en 1996. Smith le habló a Vaccaro sobre McGrady y le dijo: «Aségurate de llevar a los mejores jugadores del país porque yo te voy a llevar al mejor de todos ellos». Vaccaro parecía escéptico, tenía informes sobre McGrady que hablaban de él como un niño problemático, pero su esposa Pam, que era su voz de la conciencia le convenció para que abandonara esas dudas: «No abriste el campus para dar oportunidades a niños que lo tienen todo». Vaccaro cedió y le invitó a al campus. En ese momento McGrady era un niño fibroso y extremadamente delgado. Al campus asistieron otros grandes proyectos de toda la nación , muchos de ellos estaban físicamente más desarrollados que McGrady, solo sus caras de niño delataban la edad que no aparentaban, jugadores como Elton Brand, Quentin Richardson, Al Harrington. Después del fenómeno de Kevin Garnett y de Kobe Bryant, las franquicias NBA comenzaron a mandar ojeadores a este tipo de campus. Los chicos lo sabían y eran un manojo de nervios.

McGrady portaba el número 175. Un número que estaba acorde a su anonimato. Nadie en aquel edificio había oído hablar de él. No era el mejor punto de partida. Algún jugador como Zach Marbury, el hermano menor de Stephon, se había burlado de él y de sus posibilidades en aquel evento cuando viajaban en el autobús que les llevaba al pabellón. La mayoría de los cazatalentos estaban allí para ver a Lamar Odom, el nuevo Magic Johnson.

Ninguno de los participantes quería enfrentarse a él. Defender a Odom implicaba que su reputación podía quedar dañada. La vergüenza era peor que el anonimato. McGrady se ofreció a defenderle. Su rictus era el de un jugador de póker, engañaba a sus rivales, con esos ojos de aspecto somnoliento y ese andar desganado, pero una vez en la cancha jugó con una soltura impropia de alguien que se puede estar jugando su futuro ene un solo partido. Se deslizaba por el campo mientras que otros corrían atenazados. McGrady no solo defendió a Odom. Era como un yo-yo en sus manos en el otro extremo de la cancha.

Tracy McGrady sobrepasaba a Odom cuando le defendía demasiado cerca, le cosía a suspensiones cuando le dejaba demasiado espacio. Los cazatalentos comenzaban a anotar el número 175 en sus informes. Fueron cuarenta minutos intensos de mates, contraataques y exhibición de recursos técnicos por parte de los jugadore más destacados, y el que más brillaba por encima de todos era aquel número 175. En un momento de la segunda parte McGrady cogió el balón y corrió hacia la canasta. James Felton uno de los hombres grandes más destacados del país, le esperaba para darle un recibimiento. Todo parecía que desembocaría en un tapón o una terrible colisión para el frágil cuerpo de McGrady al chocar con Felton.

«Mi primer pensamiento fue hacer un windmill (molino de viento) dunk porque pensé que no Felton no iba a alcanzarme». Saltaron al mismo tiempo. McGrady bajó la pelota hasta su cintura, luego la agarró con la mano izquierda antes de sumergirla en la canasta. «Nunca lo olvidaré», dijo Vaccaro. «Si me pides que enumere los momentos más impactantes de mi vida, ese fue uno de ellos».

Muy pocas personas podían mostrar ese nivel de capacidad de atlética. Muchos de los que podían hacerlo, ya jugaban en la NBA. «No podía imaginar la repercusión que llegaría aquella acción». Tracy McGrady entró como el dorsal número 175 del país y salió como el mejor proyecto de los que habían asistido al campus. Unos meses después, Isiah Thomas lo drafteó gracias a los informes que recibió de Craig Neal uno de sus ojeadores que después de aquel campamento le estuvo siguiendo durante varios partidos.

«Tomé la decisión de presentarme al draft. Fue una situación difícil para mí, maldición. Podía ser el primero en mi familia en asistir a la universidad. Pero también podía ser el primer jugador de toda la zona de Auburndale en jugar en la NBA. ¿Estaba listo? Tenía muchas dudas sobre si había tomado la decisión correcta».

Nadie sabe cómo habría transcurrido su carrera en un universo paralelo, pero no le fue nada mal con la decisión que tomó.

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