jueves, abril 25, 2024
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Un católico en Salt Lake City

Tras ser cortado en los trials para formar parte del equipo olímpico que representaría a Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de Los Angeles, Stockton tenía delante de sí un camino difícil. Jugar en Gonzaga no favorecía sus intereses de alcanzar la NBA, era un escaparate poco propicio para lograr su objetivo.

A pesar de que Bobby Knight no le seleccionó entre los 12 jugadores que integrarían el equipo olímpico, John Stockton no le guardaba rencor. Había llegado casi hasta el final del camino superando varios cortes. Aquellas pruebas fueron una oportunidad de oro para que fuera seguido por muchos ojeadores de las distintas franquicias.

Stockton participó en todos los campus y torneos pre-draft en los pudo tomar parte para aumentar las probabilidades de ser captado por algún ojeador. En uno de estos torneos, el Far West Classic, fue nombrado MVP. Esto le sirvió para adquirir gran confianza. La fortuna quiso rendir visita al base de Spokane, cuando fue invitado como sustituto a un torneo en Seattle. Allí tuvo la oportunidad de ser captado por Jack Gardner, ojeador de los Jazz de Utah, quién pasó un informe a Frank Layden por entonces entrenador y general manager de la franquicia de Salt Lake City.

La gira de Stockton por todos los torneos a los que tuvo oportunidad de asistir siguió durante las semanas previas a la ceremonia del draft, pagando de su propio bolsillo el coste de los viajes y el alojamiento. Tras un par de semanas, de vuelta en Spokane, Dave Fitzgerald, su entrenador en Gonzaga y mentor, utilizó todos sus contactos para enviar solicitudes a todas las oficinas de los diferentes equipos de la NBA para que siguieran sus evoluciones.

En aquellas primeras semanas sólo George Karl, entrenador de Cleveland Cavaliers había mostrado verdadero interés en draftear a John Stockton, algo con lo que bromearían ambos protagonistas cada vez que se encontraban

«Recuerda, yo fui el primero» – diría George Karl.

Más tarde se sumaría a este interés Jack Ramsay de Portland Trail Blazers, quién cursó una invitación a Stockton para unos workouts. Stockton convenció tanto en los entrenamientos como en la entrevista personal a Ramsay. Los Blazers habían decidido escogerle en su segunda elección del draft (pick 26), a principios de la segunda ronda. Entre torneo y torneo, Stockton entrenaba bajo las directrices de Fitzgerald, que ayudado por algunos exjugadores de la universidad de Gonzaga sometieron a durísimas sesiones intentando prepararle en las mejores condiciones.

A pesar de todos sus esfuerzos, Stockton no fue invitado al campus pre-draft de Hawaii, el más importante y al que asistían solo los mejores jugadores del país. En su lugar asistió al torneo pre-draft de Chicago, con menor repercusión que el de Hawaii. El campus de Chicago estaba muy bien organizado. Los jugadores eran pesados, tallados y registrados. Además contaban con la ventaja de que entrenarían durante una semana con los mismos jugadores que formarían equipo. Serían dirigidos por Fred Carter, un exjugador NBA. En Chicago compartiría equipo con Jerome Kersey y Kevin Willis, dos jugadores duros, atléticos y con una muy buena ética de trabajo. Los egos por tener una buena actuación individual se hicieron a un lado y los tres jugadores mostraron una gran disposición y entendimiento que dejó muy buen sabor de boca entre los ojeadores. Sin duda, la falta de egoísmo provocó que se ayudaran unos a otros en su objetivo por lograr plaza en un equipo de la NBA.

Próximos a la fecha del draft, Dave Fitzgerald confirmó a John Stockton el interés de los Blazers en elegirle en la segunda ronda del draft. También le notificó que representantes de los Jazz, llamaron una vez para hacer un par de preguntas acerca de él. Stockton ni siquiera le dio importancia, incluso desconocía la posición del draft que le correspondía a la franquicia de Utah. Así que cuando llegó el día, Stockton no estaba demasiado ansioso, pero si expectante porque se cumplieran las previsiones de los Blazers. Al fin y al cabo Portland no era un destino tan lejano a su natal Spokane (un hora y pico en avión).

La sorpresa saltó cuando David Stern anunció:

«Con el número 16, Utah Jazz elige a… John Stockton de la universidad de Gonzaga».

La sorpresa de Stockton fue mayúscula. En el campus pre-draft de Chicago, tras uno de los partidos, estaba tan agotado, que no reparó en la figura de un hombre de grandes dimensiones que se encontraba detrás de él en el ascensor del hotel en el que se hospedaba. Aquel hombre se quedó callado detrás de Stockton, no le dirigió la palabra, mientras tanto le escaneó de arriba a abajo. Se fijo en su complexión, en su estatura, en sus brazos. Había estado siguiendo el torneo de Chicago. Se trataba de Frank Layden.

John Stockton Jazz Gonzaga

Stockton había gustado a Layden. Fitzgerald conocía las intenciones de los Jazz, pero no quiso decir una sola palabra a Stockton. Después de la rueda de prensa destinada a los jugadores, Fitzgerald le regaló a Stockton una camiseta con la frase «Forever a Bulldog» (apelativo de la universidad de Gonzaga) y dos logos de los Bulldogs y de los Jazz. Esa camiseta se encuentra hoy en día en el museo del Hall of Fame.

En la rueda de prensa de Frank Layden, preguntado a cerca del chico desconocido de Spokane, contestó con su acento típico de Brooklyn:

«Es irlandés, es católico y además su padre tiene un bar, ¿Qué más se puede pedir?»

Stockton pensó que aquellas declaraciones podían ponerle en contra de los aficionados de Salt Lake City, en un estado con una gran comunidad mormona, pero todavía no conocía la flema de Frank Layden.

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