En la NBA actual, hablar de identidad es fácil. Mantener coherencia, no tanto. En Boston, sin embargo, la identidad no es un eslogan bonito ni una estrategia de marketing: es cómo se juega, cómo se entrena y cómo se compite día a día.
Esta temporada, con gran parte del equipo fuera y sin Jayson Tatum durante meses, Joe Mazzulla decidió volver al lugar desde el que los Celtics siempre se han reconstruido: al baloncesto como esfuerzo colectivo y al presente como la única verdad posible. Nada de fórmulas mágicas ni soluciones rápidas. Aquí no hay atajos.
Celtics University no es solo un título llamativo, ni un guiño para los medios. Es un manifiesto silencioso, casi orgulloso. Cada decisión táctica tiene un porqué. Cada jugador sabe qué se espera de él. La estructura es firme, sí, pero dentro de ella hay libertad para aprender. Esto es Celtics de siempre. Esto es Red Auerbach. Y, en algún rincón del cielo del baloncesto, seguramente estará sonriendo.
La salida de veteranos dejó un vacío más mental que de talento puro. Boston perdió jugadores que entendían el juego de forma instintiva, que veían ventajas sin necesidad de instrucciones, que sostenían el sistema, aunque todo se torciera. Mazzulla no trató de reemplazar eso con más talento o más libertad ofensiva. No. Hizo lo contrario: redujo las opciones, ralentizó el juego y convirtió cada posesión en un ejercicio de control y paciencia. Hoy, los Celtics lideran la NBA en ritmo más lento. No es casualidad. Es elección consciente. Un equipo joven no necesita correr más, necesita pensar mejor. Se percibe en cada detalle, cada charla, cada corrección.
El balón sube despacio. Brown no corre en busca de ventaja inmediata. White observa, mide, espera. El bloqueo llega tarde, casi con intención, no para separar, sino para forzar la decisión correcta. La ayuda rival aparece medio segunda tarde, y el balón termina en la esquina. No hay tiro inmediato. Solo reorganización. Se invierte el lado, se ataca el closeout… pero no para finalizar, sino para colapsar la defensa que ya reaccionó. El tiro llega al final de la posesión, cuando la defensa está desordenada. No es espectacular. Es efectivo. Boston gana acumulando posesiones bien ejecutadas, una tras otra, hasta que el sistema da resultados.
Jaylen Brown no es un plan de emergencia sino de contingencia. Ya no es el recurso desesperado para salvar una jugada; es la estructura preparada para garantizar que el sistema nunca falle. Su progreso no se mide en puntos, sino en decisiones correctas. No salva jugadas fallidas; mejora las que ya funcionan. Con un ritmo bajo, puede pausar, atacar o castigar desde media distancia sin que el equipo pierda forma. No es el héroe que aparece en los highlights; es el jugador al que recurren naturalmente. Auerbach decía que las estrellas debían potenciar al equipo, no reemplazarlo. Brown cumple con eso al pie de la letra.

Defensivamente, Boston ha recuperado algo muy Celtics: asfixiar sin descomponerse. No hay caos, no hay prisas. Los jugadores rotan juntos, se mueven con sentido y desgastan al rival pose¬sión tras posesión. Los jóvenes aportan energía, piernas y entrega, pero es el sistema el que marca el rumbo. Cada ataque rival es incómodo, físico y mentalmente exigente. No hay héroes defensivos aislados; hay compromiso colectivo. Y eso solo funciona si todos saben exactamente qué defienden y por qué.
Celtics University funciona porque no separa formación y rendimiento. Las sesiones de vídeo no son castigos: son herramientas. Los errores no se ocultan ni se critican, se explican. Cada partido es una clase práctica, cada ajuste táctico una lección compartida, cada tiempo muerto un instante para impartir cátedra. Mazzulla entendió algo fundamental: se aprende compitiendo, no solo antes de jugar. Esa calma, rara en equipos jóvenes, se filtra al ritmo, al juego y a la toma de decisiones. Y creedme, se nota, es evidente.
Red Auerbach estaría orgulloso. No por el récord, ni por sobrevivir sin su estrella, ni por la narrativa que se pueda contar. Lo estaría porque este equipo no ha renunciado a competir un solo día, no ha pedido tiempo, no ha cambiado su identidad por conveniencia que sería lo más cómodo. Juegan lento cuando hace falta, duro siempre y en colectivo, por principio. Equipo. Competir. Mejorar. Superarse. Eso es ADN Celtic. Eso es lo que Mazzulla ha protegido en el momento más incómodo del proyecto. Celtics University no es una transición: es una reafirmación. En una liga obsesionada con lo que viene, Boston sigue ganando haciendo lo único que nunca pasa de moda: entender el juego y honrarlo todos juntos.
Ficha del autor
Apasionado del baloncesto, de la NBA y de los Boston Celtics. Co-fundador y director del videopodcast "Los Orgullosos Verdes", referencia en castellano sobre la franquicia de Boston. Coordinador editorial y redactor en "Fab Five Magazine".
En 'Tiempo de Basket' desde 05.06.2022












