La Copa del Valencia, una decepción que solo curará la Euroliga

Para la afición de Valencia Basket la Copa ACB es una competición muy especial. Con la victoria en el año del debut en Valladolid ante el Joventut, empezó el germen de un equipo ambicioso, que hoy cuenta con una de las plantillas más lujosas de Europa, un centro de formación envidiable en el mundo entero y un futuro pabellón de cinco estrellas. Entonces, por qué esta competición se está convirtiendo, en los últimos años, en un dolor de muelas y una decepción por eliminaciones tan tempranas como la reciente ante el Madrid. Ahora tratamos de explicar, paso a paso como se fraguó este capítulo copero taronja que solo se podrá curar con la Euroliga.

El Valencia Basket y la decepción en la Copa ACB

Para llegar a la Copa ACB hay que hacer los deberes en la primera vuelta. Esto es de sobra conocido para cualquier aficionado al basket en España que conozca un poco de que va esta competición. Los valencianos no cumplieron con el expediente. Si bien consiguieron la clasificación, con la lengua fuera, tras un arranque de liga muy flojo, que un equipo del potencial del de Jaume Ponsarnau no sea cabeza de serie puede provocar emparejamientos como el vivido. Duelo de cuartos ante el Real Madrid, un equipo blanco que no estaba en su mejor momento, pero que sigue siendo un transatlántico muy duro contra el que competir. Basta nombrar a Edy Tavares, hoy por hoy, el jugador más determinante de Europa.

Una vez sabido que no has hecho los deberes, o por lo menos no tan bien como se esperaba, tienes que llegar al 100%. Valencia Basket no llegó con algunos de sus efectivos claves al cruce de cuartos. Bojan Dubljevic venía de estar casi un mes apartado por enfermedad y estaba en proceso de recuperar sensaciones, Louis Labeyrie tenía que sacrificarse en la posición de 5, dejando a un lado su capacidad anotadora, vital para desatascar en muchos partidos al equipo, Sam Van Rossom, pese a que fue el mejor, encadenaba varios partidos mostrando el cansancio de la competición, aún así demostró porqué es uno de los capitanes de los taronja. Eso entre los que estuvieron en el parquet. Guillem Vives, Joan Sastre y Fernando San Emeterio no pudieron, unos ni vestirse y otro ni aportar minutos. La defensa de Vives y los minutos de descanso que ofrece a la pareja de bases son capitales para que el engranaje de los de Ponsarnau funcione. Mientras, los intangibles que aportan jugadores como Sastre, el Valencia es mejor cuando está él disponible, o San Emeterio, se tira el equipo a la espalda en momentos de dificultad, se echaron de menos.

Mención a parte requiere el descarte de Derrick Williams. A nadie le sorprende que el norteamericano se quedara fuera del roster para este cuarto. Esto es, cuanto menos preocupante. Más si cabe por su potencial, caché y porque su, a priori, sustituto en el roster era una Vanja Marinkovic que pese a que está rindiendo bien, lleva a penas unas semanas desde que volviera de una grave lesión. La rodilla del californiano no está ayudando a su adaptación, tampoco que desde el banquillo le pidan cosas que, pese a que puede hacer, no son las más optimas para su mejor rendimiento. Williams es un jugador con una buena mano exterior, pero que donde marca las diferencias es con su verticalidad. Cuenta con unos movimientos en la pintura difícilmente comparables con otros jugadores que estén pisando suelo europeo. Aún así, no se le ha sacado provecho a ese catalogo de jugadas que él solo ha podido ofrecer en un puñado de partidos esta temporada.

Por último, está el planteamiento de partido. El trabajo de toda la semana se le cayó a Jaume Ponsarnau en tan solo unos segundos. La falta rápida de Tavares y el movimiento de ajedrecista de Pablo Laso, poniendo a un ‘juvenil’ como Felipe Reyes a pelear e incordiar, rompió todos los esquemas. Desconcentró a los taronja, provocando un efecto dominó que desencadenó en un lamentable porcentaje desde el 6,75 que lastró al equipo en la primera mitad. Tocaba remar contra corriente, como en muchos de los partidos disputados este año. Ponsarnau tocó cosas al descanso y apareció la figura de Sam Van Rossom. Pero, en el mejor momento del belga, tuvo que pasar por el banquillo y los planes volvieron a desmoronarse. Laso derrotó al técnico de Tarrega.

Así, una vez cerrado este capítulo, Valencia Basket debe de lamerse las heridas en la competición más importante para la entidad, la Euroliga. Sin una licencia asegurada para la próxima temporada, los méritos deportivos (clasificarse en el TOP 8 y por delante de Alba de Berlín) deben ser el camino hacía un nuevo año entre los grandes de Europa. Los taronja se han complicado la existencia, tras derrotas contra equipos inferiores como Asvel o Estrella Roja y han empezado un camino a la heroica, venciendo a colosos como CSKA y buscando la victoria, este viernes, contra el mismo Real Madrid que acaba de destrozarte en territorio copero. El Madrid llegará más tocado, Valencia recuperará efectivos y casi todos los indicadores negativos, antes mencionados, desaparecerán de la ecuación. La victoria, ahora, no es un deseo, sino una obligación.

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